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7.IX.2012. Moisés y el becerro de oro

Temporada de ópera. Teatro Real. 7-IX-2012.  Arnold Schönberg: Moisés y Aarón.   Madrid. Teatro Real. 7.IX.2012.   FRANZ GRUNDHEBER, ANDREAS CONRAD, FRIEDEMANN RÖHLING, JOHANNA WINKEL, ELVIRA BILL. SWR SINFONIEORCHESTER BADEN-BADEN – FREIBURG.  EUROPA CHOR AKADEMIE. SYLVAIN CAMBRELING, director.   Arnold Schönberg: Moisés y Aarón.   Aforo: 1.854 Asistencia: 99%   Si algo no esperábamos ver en una inauguración de temporada en el Real, esto era una entusiasta recepción de una obra como Moisés y Aarón (1938), testamento dodecafónico de Arnold Schönberg que llegaba así, por vez primera y en versión de concierto, al público madrileño. Con este hito histórico, Mortier se apuntaba otro…

1 MADRID Moises

Temporada de ópera. Teatro Real. 7-IX-2012. 

Arnold Schönberg: Moisés y Aarón.

 

1 MADRID Moises

Madrid. Teatro Real.

7.IX.2012.

 

FRANZ GRUNDHEBER, ANDREAS CONRAD, FRIEDEMANN RÖHLING, JOHANNA WINKEL, ELVIRA BILL. SWR SINFONIEORCHESTER BADEN-BADEN – FREIBURG.  EUROPA CHOR AKADEMIE. SYLVAIN CAMBRELING, director.

 

Arnold Schönberg: Moisés y Aarón.

 

Aforo: 1.854 Asistencia: 99%

 

Si algo no esperábamos ver en una inauguración de temporada en el Real, esto era una entusiasta recepción de una obra como Moisés y Aarón (1938), testamento dodecafónico de Arnold Schönberg que llegaba así, por vez primera y en versión de concierto, al público madrileño. Con este hito histórico, Mortier se apuntaba otro tanto artístico comparable al del San Francisco de Asís de hace dos temporadas, eso sí “robando” la idea a la dirección anterior (que ya había programado la obra para hace dos años, siendo retirada de forma brusca por el gerente belga), e incurriendo de nuevo en el derroche consistente en importar dos gigantescas agrupaciones europeas (coro y orquesta), en lugar de recurrir a las formaciones titulares, hechos de difícil justificación en tiempos como los que corren y que coinciden además con una ronda veraniega de despidos en el teatro, oportunamente aireados por manifestantes en el exterior y el interior del recinto.

En términos puramente artísticos, la velada fue globalmente satisfactoria. Moisés y Aarón alzaron el vuelo lo suficiente para permitirnos admirar la obstinada fuerza de esta obra, su alma telúrica oculta bajo el manto del intelectualismo dodecafónico, así como la singular inspiración del libreto y la potencia de su escritura coral y orquestal. Brillaron por méritos propios, en definitiva, la obra y el compositor, con suficiente fulgor como para atrapar a un público escasamente sensible con las vanguardias musicales de los últimos cien años, aunque dicho esto cabe aclarar que el rendimiento orquestal no exhibió la superioridad que cabría esperar de una operación tan onerosa como la realizada para la ocasión, y que consideramos habría resuelto con dignidad comparable la orquesta titular, eso sí, quizá con otro director al frente. Decimos esto no porque Cambreling haya realizado una mala labor, pues ciertamente consiguió que Moisés alcanzara la tierra prometida y, como hemos dicho, dignamente, y ello sin olvidar la enorme complejidad de la obra. Sin embargo el director francés volvió a dar la impresión de ejercer de poco más que de concienzudo concertador, en este caso al límite de sus capacidades. Y que si en la suite de danzas y piezas que acompañan la adoración del becerro de oro alcanzó un empaque suficiente, en otras ocasiones (arranque el Acto I) resultó llamativamente indeciso. La cuestión es que seguramente habría resultado más conveniente -y barato- traer un director mejor preparado para dirigir este Moses a la orquesta titular que traer una orquesta mejor preparada para ponerle las cosas más fáciles a Cambreling.

La parte vocal fue resuelta con autoridad y magisterio por el lado del Moses de Franz Grundheber -quizá un poco desconcentrado- y por teutónica profesionalidad por parte del Aron de Andreas Conrad, de expresión algo monocorde pero de grata materia prima. El coro desempeñó bien su parte sin lograr despegarse del todo de la partitura, mientras que los roles secundarios estuvieron muy bien servidos, especialmente los femeninos.

 

Rafael Fernández de Larrinoa

 

Pie de foto: Vista general del escenario.

Crédito: Javier del Real.