Audioclasica

29.IX.2012. De Viena al cielo

.. Barcelona. Palau de la Música Catalana. Palau 100. 2012-2013     29-IX-2012. Johannes Brahms: Sinfonías 2 y 4. Propina: Richard Wagner, Die Meistersinger von Nürnberg, Preludio del Acto III.   WIENER PHILHARMONIKER. DANIELE GATTI, DIRECTOR.       Aforo: 2.000. Asistencia: 99%   A lo grande: solo así cabe definir el inicio del ciclo de grandes orquestas en el Palau, acogiendo a la Filarmónica vienesa en su gira europea, en una tarde lluviosa, antesala del otoño, que no arredró a un público entusiasta que llenaba la sala por completo. Era Daniele Gatti quien nos ofrecía dos versiones brahmsianas, disponiendo el…

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Barcelona. Palau de la Música Catalana. Palau 100. 2012-2013

 

 

29-IX-2012.

Johannes Brahms: Sinfonías 2 y 4.

Propina: Richard Wagner, Die Meistersinger von Nürnberg, Preludio del Acto III.

 

WIENER PHILHARMONIKER. DANIELE GATTI, DIRECTOR. 

 

 

 Aforo: 2.000. Asistencia: 99%

 

A lo grande: solo así cabe definir el inicio del ciclo de grandes orquestas en el Palau, acogiendo a la Filarmónica vienesa en su gira europea, en una tarde lluviosa, antesala del otoño, que no arredró a un público entusiasta que llenaba la sala por completo.

Era Daniele Gatti quien nos ofrecía dos versiones brahmsianas, disponiendo el conjunto austríaco a la manera histórica –violonchelos centrales– y moderando razonablemente el tamaño de la sección de cuerda, lo que restó cierta profundidad a los ataques pizzicati en el registro grave. La expresividad de su mano izquierda y el perpetuo elogio de la cantabilità que transmite a sus versiones compensaron con creces la ocasional falta de tensión –ese impulso de los contratiempos, tan esencial en Brahms–, la elección de tempi muy distendidos y algunas flaquezas individuales de la orquesta (así, las trompas en la primera parte del programa).

Ya el perfil dinámico inicial de timbales en el primer movimiento de la Sinfonía n. 2 anunciaba una versión contenida –quizás en exceso en su desarrollo–, atenta a la ductilidad del fraseo y a la diferenciación de planos sonoros en beneficio de las voces intermedias, característica que descolló en el “Adagio non troppo”; y si del “Allegretto grazioso, quasi andante” quedó cierto regusto confuso, la amplitud del segundo tema del movimiento final y la justa búsqueda de inquietud y contraste hacia la rutilante coda permiten considerar la visión de Gatti, si no redonda, al menos convincente.

Muy superior, en todo caso, fue la interpretación de la Cuarta sinfonía: podremos disentir de los ritenuti finales del “Allegro energico e passionato” –e incluso de toda la concepción temporal de la última tanda de variaciones–, pero no pueden minusvalorarse la emoción y calidez que trasmitió la orquesta en la coda del primer movimiento, la profundidad del cierre del “Andante moderato” (mágica la repetición de su primer tema en la cuerda), la socarronería del scherzo y la brillantez sin aspereza del planteamiento sonoro. Si existe un Brahms “auténtico”, Gatti y la Wiener Philharmoniker se le acercan muchísimo…

Germán Gan Quesada

 

Crédito: © A. Bofill