Audioclasica

16.XI.2012. Expresión y relleno

Las Noches del Real. Teatro Real. 18-X-2012.  Gustav Mahler: Des Knaben Wunderhorn, Sinfonía nº1 “Titán” Aforo: 1.854 Asistencia: 80%   Madrid. Teatro Real. 16.XI.2012. MATHIAS GOERNE. ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL. TEODOR CURRENTZIS, director. Gustav Mahler: Des Knaben Wunderhorn, Sinfonía nº1 “Titán” Aforo: 1.854 Asistencia: 80%   Segundo concierto de  “Las Noches del Real”, un ciclo paralelo/complementario  a la temporada de ópera con el que su director propone una serie de veladas con artistas de categoría internacional, en noches “exclusivas”, según se explica en la web del teatro. Sin entender plenamente el término “exclusivo” en este contexto, lo que queda…

Madrid NochesReal Currentzis

Las Noches del Real. Teatro Real. 18-X-2012. 

Gustav Mahler: Des Knaben Wunderhorn, Sinfonía nº1 “Titán”

Aforo: 1.854 Asistencia: 80%

 

Madrid NochesReal Currentzis

Madrid. Teatro Real.

16.XI.2012.

MATHIAS GOERNE. ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL. TEODOR CURRENTZIS, director.

Gustav Mahler: Des Knaben Wunderhorn, Sinfonía nº1 “Titán”

Aforo: 1.854 Asistencia: 80%

 

Segundo concierto de  “Las Noches del Real”, un ciclo paralelo/complementario  a la temporada de ópera con el que su director propone una serie de veladas con artistas de categoría internacional, en noches “exclusivas”, según se explica en la web del teatro. Sin entender plenamente el término “exclusivo” en este contexto, lo que queda fuera de duda es la autoridad de Mathias Goerne en la canción alemana, como bien puede certificar el aficionado madrileño que asiste al Ciclo de Lied en el Teatro de la Zarzuela, dónde el barítono es ya un invitado habitual.

El programa de esta velada en el Real, problemático, por ser quizá más propio de una sala de conciertos al uso que de un teatro de ópera,  se dedicó íntegramente a Mahler, con una selección de lieder de  Des Knaben Wunderhorn en la primera mitad, y la Sinfonía nº1, “Titán” en la segunda. Teniendo en cuenta que el público del Teatro Real está familiarizado con la orquesta residente, y conoce bien sus posibilidades y sus limitaciones, se puede comprender que tras el intermedio se produjeran deserciones de quienes compraron su entrada para disfrutar, sobre todo, del arte y la entrega de Goerne.

El barítono no nos defraudó. Es cierto que su instrumento vocal no demuestra plenitud, sus agudos son huecos, sus graves no son homogéneos ni potentes, y su esfuerzo en los pasajes más exigentes es demasiado evidente. Pero su interiorización de la cada historia, el modo de decir y construir la narrativa de cada lied, es tan natural y tan profundamente humano, que el espectador no tiene más remedio que rendirse, sin casi darse cuenta, ante semejante torrente de verdad y de emoción.

Comenzó con Der Schildwage Nachtlied, una canción adecuadísima para que el barítono mostrara ya desde el principio su capacidad para matizar y contrastar los diversos climas expresivos por los que transcurre el texto, desde el heroísmo hasta la nana . En Rheinlegendchen pudimos disfrutar del lirismo de buena ley, y del humor germano en el Fischpredigt de San Antonio de Padua.

En Revelge, la intensidad emocional, cercana a la alucinación, acercó este lied al expresionismo más descarnado, marcando uno de los clímax de la noche. Los otros surgieron del recogimiento divino del Urlich o del implacable ritmo fúnebre y de la oscurísima interpretación de Goerne de Der Tamboursg´sell, cuyo último Gute Nacht! dejó al público petrificado.

Teodor Currentzis supo arropar y cuidar al cantante,  y optó por arrimarse a las fronteras que la música de Mahler tiene con el mundo rústico y rural del que nacen estas canciones. Fue una lástima que las frecuentes inseguridades de los metales deslucieran el trabajo del conjunto.

En la segunda parte, Currentzis nos ofreció una “Titán” extraña, una mezcla entre vulgaridad y éxtasis que, a pesar de ser muy bien recibida por el público, nos dejó con la sensación de discurso altisonante sin ningún mensaje que transmitir. Lo más disfrutable, los dos movimientos centrales. El comienzo marcó una senda de misticismo que ya no se volvió a transitar, mientras que el Finale, absolutamente efectista, sin peso, ruidoso y desaliñado, evidenció la falta de ensayos y de ajuste que requiere una obra de esta importancia.

 

Roberto González

 

Pie de foto: Matthias Goerne y Teodor Currentzis a la batuta.

Crédito: Javier del Real.