Audioclasica

29.XI.2012. Un Otello hundido en símbolos

1_Venecia_11-29-2013

Venecia. Teatro la Fenice. Temporada 2012/2013 GREGORY KUNDE, LUCIO GALLO, LEAH CROCETTO, FRANCESCO MARSIGLIA. ORQUESTA Y CORO DEL TEATRO LA FENICE. FRANCESCO MICHELI, dirección escénica. MYUNG-WHUN CHUNG, director musical. Verdi: Otello Aforo: 1.000 Asistencia: 99%   Otello es un drama de soledades. Soledad del personaje principal que se refugia en el amor con una joven para olvidar las batallas, el color de su piel y el encontrarse al final de su gloriosa carrera; soledad de una joven adolescente imposibilitada para tener relaciones con otras persona sin pasar por el muro de un marido celoso y posesivo, y finalmente la soledad de…

1_Venecia_11-29-2013Venecia. Teatro la Fenice. Temporada 2012/2013

GREGORY KUNDE, LUCIO GALLO, LEAH CROCETTO, FRANCESCO MARSIGLIA. ORQUESTA Y CORO DEL TEATRO LA FENICE. FRANCESCO MICHELI, dirección escénica. MYUNG-WHUN CHUNG, director musical.
Verdi: Otello
Aforo: 1.000 Asistencia: 99%


 

Otello es un drama de soledades. Soledad del personaje principal que se refugia en el amor con una joven para olvidar las batallas, el color de su piel y el encontrarse al final de su gloriosa carrera; soledad de una joven adolescente imposibilitada para tener relaciones con otras persona sin pasar por el muro de un marido celoso y posesivo, y finalmente la soledad de un alférez obsesionado por ser siempre subalterno de cualquiera.

En Otello todos hablan entre sí pero no se comunican, siendo siempre distantes los planos de la comunicación. Sólo Jago, el subalterno, personificación del mal en estado puro, destructor y autodestructivo, parece capaz de embastar el hilo de la trama, provocando las acciones de los otros personajes aunque resultando también él víctima de su propio juego perverso.

Es el personaje más interesante de la obra y sobre el que tiene que defender una puesta en escena que querría ser eficaz y reveladora. Es lo que intentó Francesco Micheli en la nueva producción pensada para el estreno de la temporada actual de la Fenice de Venecia. Sin demasiado éxito, realmente. La presencia constante de Jago en escena, de por sí interesante y eficaz, no fue suficiente para salvar una escenificación francamente molesta por su constante falta de atención a las indicaciones musicales presentes en la partitura (Verdi indica siempre cada acción con un pertinente e ineludible “gesto” sonoro), y por intentar dirigir continuamente el drama demasiado hacia lo simbólico y alusivo. El planteamiento no funciona, ya que Otello es una obra dramatúrgicamente esencial, que funciona por sí sola sin la necesidad de excesivas reinterpretaciones. El final, con la resurrección de los personajes que se alejan hacia un cielo estrellado, fue casi lo de menos dentro de un sin fin de invenciones escénicas redundantes e inútiles: mimos que persiguen a Otello como si fueran la personificación del pecado, una estatua gigantesca de la Vírgen asociada al personaje  de Desdemona, y por último, aunque no menos clamoroso, los barquitos llevados en las manos por el coro en todas la escenas de masas. Tampoco el decorado de Edoardo Sanchi funcionó bien; un mapa celeste en el que se reconocían constelaciones vinculadas con el carácter da cada personaje y un cubo en continuo y excesivo movimiento que, girando sobre su eje, revelaba una capilla, el cuarto nupcial del Moro o los aposentos de Jago.

La parte musical resultó superior. Myung-Whun Chung realizó una lectura tensa y nerviosa de la partitura, siendo al mismo tiempo capaz de revelar el refinado entramado de la orquestación verdiana. La tensión dramática y sonido penetrantes no sobrepasaron de hecho nunca el abandono lírico y la suavidad del empaste sonoro. Todo gracias a una orquesta perfectamente ajustada a los deseos del director y de una calidad que hacía años que no escuchábamos. Igualmente convincente fue casi todo el reparto vocal. La evolución de Gregory Kunde en los últimos años ha sido prodigiosa. El paso del repertorio mozartiano y bel cantista con que inició su carrera al de tenor dramático le ha permitido conservar un fraseo y una elegancia necesarios a la hora de realizar un Otello heroico pero al mismo tiempo  lírico y frágil. En crescendo, la actuación de Leha Crocetta, cantante dotada de una voz cálida y muy bien afinada. Su interpretación de Desdemona, algo monótona en principio, mejoró a lo largo de la velada, alcanzando su cima en la plegaria del último acto. Contrariamente, el Jago de Lucio Gallo estuvo menos logrado. Su capacidad vocal estuvo sin duda a la altura, mucho menos su interpretación demasiado estentórea y sobre todo ausente de todas la sutilezas y ambigüedades requeridas por el personaje. Acertado el resto del reparto, y éxito contundente al final de la velada, principalmente para Kunde y Chung, con abucheos y protestas dirigidas únicamente a la puesta en escena.

Gian Giacomo Stiffoni

Pie de foto: Gregory Kunde en el “Esultate” del primer acto de Otello.

Crédito: Michele Crosera.