Audioclasica

22.XII.2012. Anatomía de una ondina

  Temporada 2012/2013. Gran Teatre del Liceu   22-XII-2012   CAMILLA NYLUND, GÜNTHER GROISSBÖCK, KLAUS FLORIAN VOGT, ILDIKÓ KOMLÓSI, EMILY MAGEE. ORQUESTRA SIMFÒNICA I COR DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. SIR ANDREW DAVIS, director musical. STEFAN HERHEIM, director escénico. HEIKE SCHEELE, escenografía   Antonín Dvořák: Rusalka Aforo: 2.286 Asistencia: 70%   Tras su polémico paso por Bruselas y Graz, pisaba el escenario del Liceu la Rusalka de Dvořák/Herheim. Y si sugerimos esta doble autoría es porque la labor del director de escena noruego va mucho más allá de una simple puesta en escena: supone una reinterpretación completa de la ópera…

 

Temporada 2012/2013. Gran Teatre del Liceu

 

22-XII-2012

 

CAMILLA NYLUND, GÜNTHER GROISSBÖCK, KLAUS FLORIAN VOGT, ILDIKÓ KOMLÓSI, EMILY MAGEE. ORQUESTRA SIMFÒNICA I COR DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. SIR ANDREW DAVIS, director musical. STEFAN HERHEIM, director escénico. HEIKE SCHEELE, escenografía

 

Antonín Dvořák: Rusalka

Aforo: 2.286 Asistencia: 70%

 

Tras su polémico paso por Bruselas y Graz, pisaba el escenario del Liceu la Rusalka de Dvořák/Herheim. Y si sugerimos esta doble autoría es porque la labor del director de escena noruego va mucho más allá de una simple puesta en escena: supone una reinterpretación completa de la ópera del bohemio, acentuando hasta el exceso la dimensión grotesca frente al universo de fantasía original, insinuado apenas en la conclusión ‘acuática’ de la obra, introduciendo elementos carnales desaforados –como el coro que acompaña la escena del sortilegio o el final del acto primero– e incorporando derivaciones argumentales, de la dominación masculina al incesto, que acaban por desfigurar una trama necesitada, en todo caso, de simplificación.

Ya desde la repetición inicial de acciones que inaugura la versión –¿alusión a la circularidad del mito?–, Herheim nos sitúa en un espacio único para los tres actos, imagen de un deprimido barrio londinense vagamente contemporáneo en que la prostitución, la mendicidad y la violencia dominan las relaciones sociales, solo iluminadas en una diurna vitalidad urbana, al comienzo del segundo acto, que pronto se desliza hacia lo carnavalesco. No asombra la transmutación del escaparate de un sex-shop en carnicería ni la conversión de Rusalka en muñeca de tamaño natural para subrayar su condición de mujer-objeto (también será lolita, ridícula sirena y reina lunar de corazones…), pero el juego de desdoblamientos y acciones paralelas que recorre todo el acto conclusivo deprime la temperatura dramática hasta límites difícilmente aceptables –como en el dúo entre Rusalka y Ježibaba del acto III– y la sobrepresencia del personaje del Genio de las Aguas, perpetuamente en escena, desorienta al espectador hasta hacerle agradecer, casi, que Herheim le depare la detención por parricida a manos de un equipo policial de guardarropía…

¿Qué queda, pues, de Rusalka, si tenemos en cuenta la ovación considerable a sus partícipes musicales y el previsible, y tememos que justo, atronador abucheo de la parte teatral? Con dirección musical acertada, que se sobrepuso a una prestación orquestal mejorable –destaquemos, no obstante, los atriles de maderas–, un elenco sobresaliente: una ondina lírica, sobrada de medios –sobre todo al final del segundo acto– y de registro homogéneo (Camilla Nylund), un fantástico Vogt como Príncipe, de timbre y proyección impecables, y la madura y cálida Ježibaba de Ildikó Komlósi, bien acompañada por Emily Magee como Princesa extranjera; por encima, en todo caso, del Vodník de Groissböck, falto de robustez y de graves débiles, a quien la propuesta escénica resta toda su herida dignidad y capacidad de intimidación.

 
Germán Gan Quesada

Crédito: A. Bofill.

Pie de foto: Inicio del Acto II