Audioclasica

13 y 14.I.2013. Brillante pero falto de profundidad

    Las Palmas de Gran Canaria. Auditorio Alfredo Kraus. Festival de Música de Canarias 2013 13 y 14-I-2013 LONDON PHILHARMONIC ORCHESTRA. PATRICIA KOPATCHINSKAJA, violín. IVÁN MARTÍN, piano. VLADIMIR JUROWSKI, director   Obras de Brahms, Prokofiev, Tchaikovsky, Schumann y Mahler Aforo: 1.600 Asistencia: 99%   Arranca una nueva edición del Festival de Música de Canarias en formato reducido (9 conciertos en Tenerife y Las Palmas frente a los 17 de 2011 y 2012) con dos citas protagonizadas por la Filarmónica de Londres bajo las órdenes de su director titular Vladimir Jurowsky. A pesar de que el interés de la programación…


 

 

Las Palmas de Gran Canaria. Auditorio Alfredo Kraus. Festival de Música de Canarias 2013


13 y 14-I-2013

LONDON PHILHARMONIC ORCHESTRA. PATRICIA KOPATCHINSKAJA, violín. IVÁN MARTÍN, piano. VLADIMIR JUROWSKI, director

 

Obras de Brahms, Prokofiev, Tchaikovsky, Schumann y Mahler


Aforo: 1.600 Asistencia: 99%

 

Arranca una nueva edición del Festival de Música de Canarias en formato reducido (9 conciertos en Tenerife y Las Palmas frente a los 17 de 2011 y 2012) con dos citas protagonizadas por la Filarmónica de Londres bajo las órdenes de su director titular Vladimir Jurowsky. A pesar de que el interés de la programación ha descendido considerablemente respecto a años anteriores, el festival sigue constituyendo un auténtico lujo: poder disfrutar de música de gran nivel en un clima subtropical en pleno invierno.

Jurowsky visitó el festival con la misma formación en 2010. Desde entonces ha ganado en confianza y desenvoltura a la hora de trabajar con sus músicos, pero mantiene su intrínseca timidez. Los profesores de la agrupación parecen muy satisfechos con su trabajo, como pudimos saber. Ciertamente, el binomio director ruso – orquesta británica se acopla como un engranaje perfecto. El maestro realiza un trabajo muy técnico con el conjunto: tremendamente atento al detalle, pero también cuidadoso a la hora de cimentar y resaltar los puntos clave de la obra. Obtiene grandes resultados, consigue que la agrupación funcione como un batallón militar perfectamente uniformado, y logra un sonido nítido, poderoso, así como gran claridad de planos sonoros.

No obstante, algo falta en su manera de dirigir que no conmueve: sus interpretaciones adolecen de falta de profundidad, como ya apuntamos en nuestra reseña de la edición 2010. Dirige con cierta desafección y falta de pasión. Pone demasiada distancia entre sí mismo y las obras que interpreta. Eso se traduce en un rango sonoro considerablemente limitado con dinámicas muy moderadas hacia el piano, en donde los pianissimi son muy a menudo mezzopiano o mezzoforte, y la gama de intensidad hacia el decrescendo se diluye. Además, tiende a usar tempos ágiles, raciona enormemente los ritardandi y cuando aparecen son muy moderados. Dicho esto, los conciertos gozaron por igual de momentos anodinos y de puntos de gran interés, como veremos a continuación.

Lo más destacable de la primera jornada, sin duda, fue la actuación de la joven violinista Patricia Kopatchinskaja. Una música nacida en 1977 que acostumbra a tocar música barroca con cuerdas de tripa y técnica antigua al tiempo que se siente muy cómoda con el repertorio contemporáneo. De hecho, además de violín, estudió composición en la Universität für Musik und darstellende Kunst Wien. Kopatchinskaja (un vídeo promocional de la artista puede verse aquí http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=l4FhsIeu1Po) es una intérprete muy sólida técnicamente, pero que posee al mismo tiempo el desparpajo, el apasionamiento y la profundidad que le faltan a Jurowsky en sus interpretaciones, así como una gran expresividad gestual. A pesar de su pequeña estatura, impresiona su gran presencia y su seguridad en el escenario que acompaña con el excéntrico hábito de tocar descalza. En Madrid pudimos verla no hace mucho en la interpretación de Lienzo sobre luz de Mauricio Sotelo en los Teatros del Canal (http://www.youtube.com/watch?v=PDaDMrbs2QE). En el encuentro canario ofreció el Concierto nº 2 de Prokofiev estrenado, por cierto, en Madrid en 1935 bajo la dirección de Enrique Fernández Arbós. Su lectura fue apasionada, vívida y conmovedora, especialmente en el bellísimo segundo movimiento donde comenzó con una enorme delicadeza en unos pianissimi casi imperceptibles, acariciadores, soñadores.

Del resto de las obras interpretadas en esta primera cita, La obertura Trágica de Brahms y la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky, lo que más brilló fue la sinfonía del gran autor de ballets: una obra que parece encajar a la perfección con la manera de entender la música por parte Jurowsky. Así, el maestro ruso ofreció una lectura impecable técnicamente, brillante, con tempos enérgicos y que puso de relieve la espectacularidad de la partitura. El público en un auditorio en donde no cabía ni un alfiler reaccionó con grandes aplausos tras el apoteósico Finale de esta sinfonía de 1888, que puso término al concierto.

Más atractivo se presentaba el programa del segundo de los conciertos: la Quinta de Mahler y el Concierto de piano de Schumann a cargo de un héroe local: el pianista Iván Martín, que recibió una calurosa acogida por parte de su público nada más aparecer en el escenario. Su actuación dejó constancia de que es un músico de los pies a la cabeza,con una preparación técnica formidable y que concede mucha importancia al acercamiento intelectual de las piezas que interpreta. Lo más llamativo es su pulsación: tremendamente clara y extraordinariamente articulada. No obstante, resulta casi más propia de un repertorio clásico que de una obra de 1845. En opinión de quien esto escribe esa claridad se convirtió por momentos en cierta sequedad por un excesivo comedimiento en el uso del pedal derecho. Los diseños de acompañamiento de Schumann, con constantes cromatismos producidos por notas de adorno, ganan con un poco más de fusión y mezcla del sonido. Al margen del este hecho, Martín planteó una interpretación muy equilibrada, controlada, sin excesos, pero intensa y de gran nitidez.

Tras él le tocó el turno a Mahler en un programa, por cierto, en exceso largo y denso que duró más de dos horas y media. Mahler sonó explosivo, con instantes sobrecogedores, aunque más que por emoción, por potencia sonora. Jurowsky no parece conectar con el brutal contenido que plantea esta música. Se puso en evidencia en el Adagietto o en momentos de especial intensidad como en los pizzicatos en ritmo ternario que se repiten en el Scherzo. Tal pasaje, bien interpretado, produce fácilmente escalofríos. El compositor de Kaliste llena sus partituras de indicaciones (muchas veces extramusicales) con las que pretende guiar al intérprete en su complejo mundo espiritual. Así, de nuevo en el Scherzo escribe “Wild” (“salvaje”) en una de las reapariciones del tema en corcheas y movimiento perpetuo de las cuerdas; y en el Adagietto encontramos “mit Wärme” (“con calidez”) la primera vez que se retoma el tema principal. Se trata por supuesto de elementos subjetivos, pero que en las manos de Jurowsky pasaron totalmente desapercibidos. En todo caso, el público, que es quien manda, terminó de pie en un auditorio a rebosar. Brillante apertura para el festival canario.

 

Miguel Morate Benito