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3.II.2013. Disney, Warhol, Glass

Temporada 2012-13. Teatro Real. 3-II-2013.  Philip Glass: The perfect american Aforo: 1.854 Asistencia: 99%   Madrid. Teatro Real. 3.II.2013. CHRISTOPHER PURVES, DAVID PITTSINGER, DONALD KAASCH, MARIE McLAUGHLIN, ZACHARY JAMES. ORQUESTA TITULAR DEL TEATRO REAL. DENNIS RUSSELL DAVIES, director. Philip Glass: The perfect american Aforo: 1.854 Asistencia: 99%   A tenor del número de óperas que ha estrenado y el impacto mediático que alcanzan cada uno de sus estrenos, Philip Glass podría ser considerado el Verdi -o el Donizetti- de los siglos XX-XXI. En las circunstancias de su éxito se reflejan, sin embargo, los profundísimos cambios que ha atravesado durante el último siglo…

1 Madrid Glass

Temporada 2012-13. Teatro Real. 3-II-2013. 

Philip Glass: The perfect american

Aforo: 1.854 Asistencia: 99%

 

1 Madrid Glass

Madrid. Teatro Real.

3.II.2013.

CHRISTOPHER PURVES, DAVID PITTSINGER, DONALD KAASCH, MARIE McLAUGHLIN, ZACHARY JAMES. ORQUESTA TITULAR DEL TEATRO REAL. DENNIS RUSSELL DAVIES, director.

Philip Glass: The perfect american

Aforo: 1.854 Asistencia: 99%

 

A tenor del número de óperas que ha estrenado y el impacto mediático que alcanzan cada uno de sus estrenos, Philip Glass podría ser considerado el Verdi -o el Donizetti- de los siglos XX-XXI. En las circunstancias de su éxito se reflejan, sin embargo, los profundísimos cambios que ha atravesado durante el último siglo y medio no solo los parámetros por los cuales se rige la ópera, sino también la sociedad que la hace posible. Y podríamos añadir que el compositor de Baltimore resulta mucho más compleja de explicar.

Lo que sí es evidente es que, si la gloria de un Donizetti se apoyaba, entre otras dotes, a su sabiduría en la escritura vocal, la de Glass se apoya en buena medida en su capacidad para articular esfuerzos en torno a sus proyectos. The perfect american no se entiende como un logro musical o músico-dramático como podría entenderse casi cualquier título perteneciente al repertorio, sino que adquiere pleno significado gracias a la concurrencia de una temática significativa en términos de actualidad -al menos, tal como la conciben los mass media-, en este caso firmada por Rudy Wurlitzer como autor del libreto, y una puesta en escena -firmada por Phelim McDermott- que se ajusta como un guante a la obra y la realza en grado sumo.

En cuanto a la partitura, Glass disfruta del privilegio de poder componer sus partituras con la modestia funcional de un compositor para medios audiovisuales y a la vez ocupar la posición de compositor tal como la hemos heredado de la tradición decimonónica, lo cual le ha permitido cultivar y mimar un estilo propio (otros dirían, una marca), disponer de enormes recursos para poner en pie sus creaciones y capitalizar la autoría de los proyectos en los que participa. Me explico: La tradición dicta que cuando una obra teatral es cantada, el compositor pasa de ser meramente el autor de una música incidental prescindible o sustituible a ser considerado el responsable artístico (autor) de la obra, mientras que el autor (escritor, en este caso) de la misma pasa a ocupar el rol secundario de libretista. Ahora bien, el enfoque que Glass da a la música en sus partituras no está demasiado lejos de la función incidental o extradiegética. Y paradójicamente, mientras efectivamente en sus primeras incursiones operísticas la música era el centro alrededor del cual pivotaban todos los demás elementos -que debían amoldarse al repetitivismo esencial de la partitura-, la mayor flexibilidad y sutileza con la que ahora adapta su más diversificada paleta musical al devenir del libreto -que le aproxima ligeramente a Janáček como diseñador de fondos musicales minimalistas- sitúa a la música en un plano más modesto (rozando la subordinación) en relación con el libreto o la tramoya. Con todo, Glass sigue siendo un buen gestor de la duración, y concentra los momentos de mayor efecto en un Acto II que pasa como un suspiro tras un Acto I más expositivo pero que se cierra con la impactante escena del robot Abraham Lincoln.

Aparte del componente musical -inexcusable al escribir la crónica de un estreno operístico-, el otro pilar del Americano Perfecto fue sin duda la brillante dirección escénica de Phelim McDermott, apoyada en una espectacular tramoya elevada giratoria y un juego de proyecciones circulares, quien se enfrentaba al reto de evocar el universo de la animación Disney sin infringir las leyes del copyright. El reparto cumplió su cometido sin problemas y Dennis Russell Davies -experto en materia glassiana- recreó la partitura con un perfecto dominio del lenguaje en una velada que cosechó calurosos aplausos para la obra y para sus intérpretes.

 

 

Rafael Fernández de Larrinoa

 

Pie de foto: Tres escenas de The perfect american en el Real.

Crédito fotográfico: Javier del Real.