Audioclasica

14.III.2013. Por Mozart, con él y en él

  L’AUDItori   14-III-2013   MITSUKO UCHIDA, piano. MAHLER CHAMBER ORCHESTRA.   Obras de W.A. Mozart y B. Bartók   Aforo: 2.203 Asistencia: 65%   El aspecto del patio de butacas y, todavía más, el de palcos y sobrepalcos del Auditori en modo alguno hubiera inducido a pensar que sobre el escenario iba a aparecer una de las intérpretes más reputadas de nuestros días. Acostumbrada como está a agotar las localidades allí adonde vaya, Mitsuko Uchida debió de pensar al hacer su saludo inicial que había habido algún error en la publicidad del concierto o que nuestra crisis es aún…

 

L’AUDItori

 

14-III-2013

 

MITSUKO UCHIDA, piano. MAHLER CHAMBER ORCHESTRA.

 

Obras de W.A. Mozart y B. Bartók

 

Aforo: 2.203 Asistencia: 65%

 

El aspecto del patio de butacas y, todavía más, el de palcos y sobrepalcos del Auditori en modo alguno hubiera inducido a pensar que sobre el escenario iba a aparecer una de las intérpretes más reputadas de nuestros días. Acostumbrada como está a agotar las localidades allí adonde vaya, Mitsuko Uchida debió de pensar al hacer su saludo inicial que había habido algún error en la publicidad del concierto o que nuestra crisis es aún más devastadora de lo mucho que ya de por sí es. Por suerte, ello no supuso un obstáculo para que nos ofreciese uno de los mejores espectáculos pianísticos de que hemos podido disfrutar en los últimos años por estos lares.

El Divertimento para orquesta y cuerdas, SZ 113 de Béla Bartók fue servido con elocuencia y expresividad. No es una obra sencilla, porque su arquitectura está edificada con elementos muy diversos –desde el tradicional folclorismo del autor a una suerte de pre-atonalismo– y, sobre todo, porque oscila entre la inquietante tensión del Molto adagio que constituye su segundo movimiento hasta el desenfado del Allegro assai que lo cierra. La Mahler Chamber Orchestra es una buena formación, notablemente equilibrada en todas sus secciones –aunque tardó en ajustar sus vientos– y dio cumplida réplica a la intensa interpretación de la pianista nipona.

Pero el verdadero protagonista del programa era Mozart y el Mozart de Uchida es, sencillamente, prodigioso. Desborda luminosidad. Irradia frescura. Centellea gracia. El Mozart de Uchida es el mismísimo desparpajo mozartiano redivivo. ¡Qué pulcritud de fraseo! ¡Qué sabiduría en el juego con los silencios! ¡Qué generosidad melódica! De los dos conciertos que abrían y cerraban el programa, el 17 en Sol mayor K 453 y el 25 en Do mayor K 503, Uchida supo extraer cada matiz, cada intención, cada guiño y los expuso límpidamente ante el auditorio. En el primero jugueteó con el Allegro para hurgar luego en la melancolía de un Andante de tempo muy ralentizado y delicadísima exposición, hasta cerrarlo con un Allegretto de pinceladas irónicas. Del segundo, de excelsa ejecución también, sobresalió el último movimiento, también un Allegretto de brillantez inusitada. Con buen criterio lo bisó la artista antes de echar mano como propina de despedida a una página de Bach que, por cierto, sonó también exquisita. Pero hasta Bach pareció pequeño –y discúlpese la blasfemia– en aquella noche hecha para sólo Mozart, para el memorable Mozart de Misuko Uchida.

Javier Velaza

Crédito: May Zircus