Audioclasica

15.IV.2013. Bartók no ha muerto

  1er. Ciclo de Conciertos de Cámara y Solistas. Temporada 2012/2013. Teatro Caja Duero 15-IV-2013 CUARTETO QUIROGA. AITOR HEVIA Y CIBRÁN SIERRA, violines. JOSEP PUCHADES viola. HELENA POGGIO, violonchelo.   Obras de Bartók   Aforo: 370 Asistencia: 75%   El octavo concierto del Primer Ciclo de Cámara y Solistas de Salamanca estuvo protagonizado por uno de los cuartetos más activos y singulares de la nueva generación europea. Centrado en los tres primeros cuartetos de Bartók (1881-1945), el Cuarteto Quiroga, que desde 2011-2012 es grupo residente en el Auditorio Miguel Delibes de Valladolid y tiene su residencia habitual en la Fundación…

 

1er. Ciclo de Conciertos de Cámara y Solistas. Temporada 2012/2013. Teatro Caja Duero

15-IV-2013

CUARTETO QUIROGA. AITOR HEVIA Y CIBRÁN SIERRA, violines. JOSEP PUCHADES viola. HELENA POGGIO, violonchelo.

 

Obras de Bartók



 

Aforo: 370 Asistencia: 75%

 

El octavo concierto del Primer Ciclo de Cámara y Solistas de Salamanca estuvo protagonizado por uno de los cuartetos más activos y singulares de la nueva generación europea. Centrado en los tres primeros cuartetos de Bartók (1881-1945), el Cuarteto Quiroga, que desde 2011-2012 es grupo residente en el Auditorio Miguel Delibes de Valladolid y tiene su residencia habitual en la Fundación Museo Cerralbo de Madrid, lució una audaz y renovada interpretación de las primeras músicas para cuerdas del maestro húngaro, avalando sus reconocimientos internacionales entre los que destacamos su último disco “Statements” grabado para la discográfica holandesa Cobra (Diverdi).

Del todo implicados con la enseñanza de la música de cámara y galardonados múltiplemente en los concursos para cuarteto más sobresalientes del panorama internacional, el cuarteto Quiroga desmigó la orfebrería contemporánea de estas piezas con excepcional calidad sonora, demostrando que Bartók no ha muerto y que es posible acercar desde el lenguaje camerístico música contemporánea con un toque (neo)clásico. Así, estos tres primeros cuartetos de cuerda, escritos entre 1908 y 1927, y similares en color y forma a los cuartetos de Jánacek, ratifican el conjunto de cuartetos bartókianos (1908-1939) como una de las colecciones más importantes para el género del cuarteto de cuerdas del siglo XX.

La primera parte del concierto estuvo centrada en el Cuarteto nº 1 en La menor op. 7, Sz. 40 (1908-1909). De diatonismo sencillo y estilo postromántico así como debussyano, este primer cuarteto, basado en un motivo de cuatro notas similar al cuarteto op. 131 de Beethoven, presenta una concepción unitaria clara heredera del cuarteto del maestro de Bonn. El cuarteto Quiroga interpretó con audaz facilidad esta primera obra, destacando sus disonancias inusuales, su bitonalidad, así como los ostinatos rítmicos y melódicos, que juntamente con el pizzicato del violonchelo insinuaban la presencia del estilo bartokiano, matizado por grandes dosis de cambios de intensidad y texturas (polifónicas y homorrítmicas).

La segunda parte del concierto se inició con el Cuarteto nº 2 en La menor op. 17, Sz. 67 (1915-1918) de gusto expresionista y deudor de Schoenberg. El Cuarteto Quiroga destacó claramente el tritono inicial del primer violín, así como el motivo interválico de la 4ª justa y 2ª menor otorgando unidad temática al Moderato inicial. El segundo tempo (Allegro molto capriccioso) puso de relieve el gusto por las sonoridades “barbáricas” propias del folklore húngaro tan estilizado por Bartók. Una gran variedad de glissandos, pizzicatos, cuerdas al aire y cuerdas pisadas fueron interpretados por el conjunto, que finalizó este segundo cuarteto con gélidas sonoridades en el Lento final.

El estancamiento del Lento estuvo sucedido por el Cuarteto nº 3 op.7, Sz. 85 (1927). De lenguaje mucho más avanzado que los dos anteriores cuartetos, la escritura expresionista de este tercer cuarteto reveló una fuerte presencia de estructuras armónicas disonantes (no triádicas), creando una tímbrica de acordes claramente contemporánea. Si bien el Cuarteto Quiroga supo mantener una concepción formal rigurosa en la simetría de sus cuatro movimientos (dos a dos), los cromatismos dodecafónicos revelaron una escritura mucho más flexible y ecléctica que la puramente neoclásica; especialmente por el libre desarrollo de las transformaciones motívicas sustentadas en una original forma en arco o forma puente de estructura tripartita, siendo la tercera y última parte una variación algo más breve de la primera parte.

El manejo firme de la forma, la expansión de posibilidades tímbricas, el uso de armónicos, los diferentes efectos texturales y rítmico-percutivos, así como algunos cuartos de tono en la afinación por parte del Cuarteto Quiroga hicieron las delicias de un público que una vez más se mostró generosamente agradecido ante la alta calidad virtuosística de sus intérpretes. Esperamos contar muy pronto con la presencia de este sorprendente cuarteto entre nosotros. ¡Bravo Cuarteto Quiroga!

Montserrat Font Batallé

Crédito: Josep Molina

Pie de foto: El cuarteto Quiroga