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20.IV.2013. El fantasma del mítico navegante regresó a Múnich

    Bayerische Staatsoper. Temporada 2012/2013 20-IV-2013 JOHAN REUTER, ANJA KAMPE, KLAUS FLORIAN VOGT. ORQUESTA Y CORO DE LA BAYERISCHE STAATSOPER. PETER KONWITSCHNY, dirección escénica. ASHER FISCH, dirección musical.   Wagner: Der fliegende Holländer (El holandés errante) Aforo: 2.100 Asistencia: 99% Tras más de dos años de frustración y miseria en París, Wagner recibió con auténtica alegría la noticia de que el Teatro de la Corte de Dresde había aceptado Rienzi. A punto de cumplir los veintinueve años, el compositor alemán iniciaba una nueva etapa. Alentado por el éxito de Rienzi, Wagner logró terminar Der fliegende Holländer(El holandés errante o…


 

 

Bayerische Staatsoper. Temporada 2012/2013


20-IV-2013

JOHAN REUTER, ANJA KAMPE, KLAUS FLORIAN VOGT. ORQUESTA Y CORO DE LA BAYERISCHE STAATSOPER. PETER KONWITSCHNY, dirección escénica. ASHER FISCH, dirección musical.

 

Wagner: Der fliegende Holländer (El holandés errante)



Aforo: 2.100 Asistencia: 99%

Tras más de dos años de frustración y miseria en París, Wagner recibió con auténtica alegría la noticia de que el Teatro de la Corte de Dresde había aceptado Rienzi. A punto de cumplir los veintinueve años, el compositor alemán iniciaba una nueva etapa. Alentado por el éxito de Rienzi, Wagner logró terminar Der fliegende Holländer(El holandés errante o El buque fantasma), que había comenzado en París y cuya leyenda –de resonancias fáusticas– había recogido su compatriota exiliado en la capital francesa, Heinrich Heine, en Memorias del Señor de Schnabelewopski. La leyenda, muy conocida entre los marineros del mar del Norte, contaba la historia de un marinero holandés condenado a navegar errante en alta mar por toda la eternidad. Sólo cada siete años los dioses le dejaban poner los pies en la tierra. Su única esperanza era ser redimido un día de esa maldición, por el amor de una mujer.

Finalmente, tras vencer numerosos obstáculos, Wagner dirigió el estreno de El holandés errante, en enero de 1843. El público y la crítica se mostraron perplejos. A algunos llegó a parecerles “una mezcla de mal gusto y brutalidad”. Otros, llegaron a decir que Wagner era un “turco” dando a entender que era un “bárbaro”. A pesar de su extensión (más de seis horas), Rienzi dejaba sentir la influencia de Spontini y Meyerbeer, y había triunfado en una sociedad musical poco dispuesta a alterar sus hábitos, porque no transgredía los esquemas clásicos del género. El Holandés, en cambio, sí, y de ahí su fracaso. Der fliegende Holländer, es la primera ópera auténticamente wagneriana. Contiene ya muchos elementos temáticos (la naturaleza hostil, el hombre enfrentado a la soledad de su destino, el anhelo espiritual, la redención por el amor, la abnegación heroica de la mujer…), que nos permiten intuir el Wagner del futuro, y su nueva visión de la ópera. Por primera vez, Wagner acude al recurso artístico del Leitmotiv, hilo conductor en el simbolismo dramático de la obra que le permitirá establecer fecundos vínculos entre lo musical y lo teatral, y dar continuidad a la acción dramática.

En el bicentenario de su nacimiento, Múnich continúa con su homenaje a Wagner, el compositor favorito del joven rey Luis de Baviera. El pasado mes de abril programaba, de nuevo, la Coproducción de la Ópera Estatal de Baviera y el TeatroBolshói de Moscú de Der fliegende Holländerde la temporada 2005-2006. Era la tercera vez que Peter Konwitschny dirigía una producción para la Bayerische Staatsoper. Aunque las producciones wagnerianas del director alemán a menudo resultan provocadoras, Konwitschny firma, en esta ocasión, una puesta en escena poco novedosa, poco sorprendente, y poco relevante; exageradamente tradicional en el primer acto, incluso con telón de fondo pintado. Sitúa el espectral mundo del buque fantasma en el siglo XVII, tal y como lo imaginó Wagner. Pero, en el segundo acto, nos traslada a la actualidad, al mundo real y frívolo en el que vive Senta, que intenta mantenerse en forma en las clases de spinning de un colorido y moderno gimnasio. Dos mundos opuestos y un final sorpresa; la actualidad del mensaje se pierde en un propósito anecdótico, que frena la tensión dramática. Konwitschny entiende el Holandés como una parodia no exenta de ironía, y no como una ópera romántica, mítica, que desarrolla un tema legendario, como la definiría el propio Wagner.

Por fortuna, el buen oficio de Asher Fisch en el foso de una ópera wagneriana siempre es una buena garantía, y no decepcionó. Desde la expresiva obertura, que arranca con un violento tema donde predomina el metal sobre el trémolo de la cuerda, su lectura fue vivaz, llena de energía y de gran intensidad dramática; la orquesta de la Bayerische Staatsoper respondió muy bien, y estuvo espléndida en esta ocasión. Sobresaliente también para la actuación del coro masculino.

La soprano ítalo-germana Anja Kampe es una Senta entregada vocal y dramáticamente, de voz bella y cálida, que cantó muy bien su famosa balada; lamentablemente, los agudos, en ocasiones, estridentes y demasiado abiertos, empañaron su rendimiento. El tenor Klaus Florian Vogt, voz potente y lírica, de innegable belleza e impecable dicción, encaja perfectamente en el rol de Erik. Particularmente memorable la actuación del británico Peter Rose, que estuvo magnífico como Daland. El bajo-barítono danés Johan Reuter fue un fantasmal holandés, de gran expresividad y profundo timbre varonil, pero de voz pequeña, que tuvo que forzar para sobreponerse a la orquesta. Muy correctos, los secundarios Norbert Ernst y Okka von der Damerau.

Lorena Jiménez

Crédito: © Wilfried Hösl

Pie de foto: Anja Kampe-Senta