Audioclasica

DONIZETTI

ANNA BOLENA Orquesta de la Ópera de Viena. Evelino Pidò, director. Netrebko, Garanča, D’Arcangelo, Meli DEUTSCHE GRAMMOPHON 073 4725 2DVD 193+4 MIN 2011 Subtítulos en italiano, inglés, alemán, francés, español NTSC 16:9 PCM Stereo / Dolby Digital 5.0 Sonido: **** / Valoración: **** Distribución: Universal   Anna Bolena está en el centro de la Donizetti Renaissance desde que María Callas la rescatara en la Scala en 1958. Desde entonces no ha dejado de atraer a insignes belcantistas, de Gencer a Caballé pasando por Sutherland y Sills, voces muy dispares que no siempre respondían a la tipología de Giuditta Pasta, la…

D Donizetti AnnaBolenaANNA BOLENA

Orquesta de la Ópera de Viena. Evelino Pidò, director. Netrebko, Garanča, D’Arcangelo, Meli

DEUTSCHE GRAMMOPHON 073 4725 2DVD 193+4 MIN 2011

Subtítulos en italiano, inglés, alemán, francés, español

NTSC 16:9 PCM Stereo / Dolby Digital 5.0

Sonido: **** / Valoración: ****

Distribución: Universal

 

Anna Bolena está en el centro de la Donizetti Renaissance desde que María Callas la rescatara en la Scala en 1958. Desde entonces no ha dejado de atraer a insignes belcantistas, de Gencer a Caballé pasando por Sutherland y Sills, voces muy dispares que no siempre respondían a la tipología de Giuditta Pasta, la primera intérprete, al margen de gustos. En los últimos años las principales valedoras han sido Edita Gruberova primero y Mariella Devia después. Ambas sacaban un gran partido al papel llevándolo a su terreno de ligeras con cuerpo. Con todo, y a pesar del reclamo del título, sólo hay otra opción en DVD con la australiana en su debut en el papel (VAI/1984), cuando ya había pasado su mejor momento, pero que cuenta con la ventaja de la integralidad, pues en Viena, inexplicablemente, abundan los cortes en los da capo de cabalette y strette, salvo al final.

El anuncio de la asunción de la reina inglesa por parte de Anna Netrebko levantó expectativas indudables. Los resultados muy notables como Giulietta y Elvira de Capuleti y Puritani de Bellini, como Norina (Don Pasquale), Adina (L’eslisir d’amore) y Lucia di Lammermoor (la más floja de sus encarnaciones belcantistas) de Donizetti avalaban la apuesta. Quienes prefieren un despliegue de coloratura y sobreagudos la despacharán como “insuficiente”: después del primer embarazo la voz ha ensanchado, se ha oscurecido y, aunque nunca fue una lírica de coloratura nata, es indudable que ha perdido algo de la agilidad de los primeros años de estrellato. Sin embargo, son precisamente la mayor densidad vocal y las tonalidades más sombrías las que la acercan mejor a lo que el papel requiere en términos de espesor y colores, en la línea (salvando las distancias) de una Souliotis. De hecho, diría que es su encarnación belcantista más conseguida hasta la fecha.
A diferencia de Sills, Devia y Gruberova, Netrebko no busca la expresividad en el despliegue de una coloratura –discretamente variada– que no es su mejor arma, sino en un lirismo intenso, aunque sin alcanzar los estallidos dramáticos de Callas, Gencer o Souliotis. Así, logra momentos realmente buenos en la cavatina, “Come innocente giovane”, liderando el quinteto que cierra el primer acto (“Io sentiì sulla mia mano”, conmovedor) y sobre todo en la gran escena final, desde el aria “Al dolce guidami” hasta la plegaria “Dio che mi vedi in core”, donde se recrea en los ribetes aterciopelados de su voz y luce bellísimas medias voces. Apenas se nota un fiato acortado en la necesidad de tomar aire para sostener alguna de las larguísimas arcadas previstas, aunque el legato es muy notable. Los agudos son absolutamente sólidos, coronando con un Re5 el final del primer acto, aunque no interpola sobreagudos a cada ocasión. Las agilidades son correctas, pero no espectaculares, a pesar de lo cual “Coppia iniqua” logra ser efectivo, trinos incluidos. El personaje es el de una mujer hecha y derecha, más humana que regia, como revela la famosa frase “Giudici, ad Anna!”, en la que logra una propuesta original que mezcla ambas facetas. En definitiva, una encarnación completa.
En un duelo de divas genuino, a su lado como Giovanna Seymour figura Elina Garanča, que ya había cantado el papel con Gruberova. Frente a la expresividad de Netrebko la letona resulta mucho más contenida y reservada, inexpresiva incluso, aunque siempre elegante. Su instrumento tiene poco que ver con el recuerdo de Horne, Verrett u Obratzsova (con centros y graves más poderosos) y más con el de la joven Susanne Mentzer. Consumada belcantista, vocalmente está perfecta, impecable: las agilidades corren precisas y fluidas, los agudos son fáciles, y el registro grave, menos solicitado y abordado con más prudencia, no le traiciona. El dúo con la reina al comienzo del segundo acto es uno de los platos fuertes de la grabación. Al final resulta el retrato más acabado y sobresaliente de los cuatro protagonistas.
Ildebrando D’Arcangelo también debutaba como Enrico. Su instrumento y su acercamiento no recuerdan tanto a la figura imponente de Nicolai Ghiaurov, ni las maneras genuinamente belcantistas de Samuel Ramey (él sí heredero indiscutible del mítico Filippo Galli), sino a la encarnación de Cesare Siepi, modelo evidente en sus Mozarts, de los que ha tomado el testigo de la gran escuela italiana. El canto es siempre atractivo, algo más prudente en el grave que en el agudo, con agilidades suficientes, destacando en todas sus intervenciones a pesar del inconveniente de no tener aria propia. Compone un soberano más rudo y caprichoso que genuinamente apasionado, transmitiendo muy bien el odio profundo que le inspira la reina.
Francesco Meli es una grata sorpresa. Lírico puro, sus incursiones en el terreno lírico-ligero no siempre se han saldado con resultados llamativos, ni en Rossini (Conte Almaviva, Contareno), ni en Bellini, cuyo Elvino (grabado en Emi con Pidò y Dessay), también destinado a Giovanni Battista Rubini, le resultaba demasiado agudo. Sin embargo, a pesar de que las recientes incursiones verdianas han revelado un ensanchamiento del instrumento, afronta con solvencia la parte de Percy (apenas algún extremo agudo algo estrangulado), incluyendo la segunda aria y cabaletta, “Vivi tu… Nel veder la tua costanza” tantas veces cortada por su dificultad. Y aunque no es un belcantista nato (Rockwell Blake sigue imbatible en la parte) y recurre al falsete para apianar, logra estar a la altura de sus compañeros y reivindicar su parte, como revelan el dúo con Anna y el trío con ella y Enrico. Las partes secundarias están bien servidas: el Smeaton sensible de Elisabeth Kulmann, de aspecto adolescente y canto adecuado y el convincente Rochefort de Dan Paul Dumitrescu.
Evelino Pidò se ha hecho un nombre como director de obras belcantistas, pero a pesar de haber rodado Anna Bolena desde hace años por los escenarios europeos no le veo más que un buen oficio, pues no siempre remata dramáticamente la partitura, como ocurre con la sinfonía, aunque indudablemente se beneficia de guiar a una de las mejores orquestas del mundo. El coro no parece particularmente inspirado por la obra, con algunos desajustes evidentes al inicio del primer acto. En cuanto a la puesta en escena, alterna un escenario moderno, frío, de un blanco minimalista, con pocos elementos ambientales, con un vestuario suntuoso y rigurosamente histórico (D’Arcangelo parece directamente sacado del retrato de Holbein de Enrique VIII). La dirección de actores sobre el escenario es eficaz, con disposiciones clásicas para las escenas corales y un movimiento adecuado, como en el dúo Anna-Giovanna. La toma visual, dirigida por el mítico Brian Large, saca el mejor partido del espectáculo.

Raúl González Arévalo