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07.VI.2013. Final del viaje

    Temporada de ópera 2012/2013. Teatro alla Scala 07-VI-2013 LANCE RYAN, MIKHAIL PETRENKO, GERD GROCHOWSKI, IRÉNE THEORIN, ANNA SAMUIL, WALTRAUD MEIER, JOHANNES MARTIN KRÄNZLE. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. GUY CASSIER, Dirección de escena. DANIEL BARENBOIM, Dirección Musical   Wagner: Götterdämmerung Aforo: 2.222 Asistencia: 85%   Con la presentación del Götterdämmerung llega a su fin el proyecto de la Scala de una nueva Tetralogía coproducida con la Ópera de Berlín. Logro significativo para este teatro si pensamos que proyectos similares en las dos ocasiones anteriores (años setenta y más tarde en la época de Muti), tuvieron no…


 

 

Temporada de ópera 2012/2013. Teatro alla Scala

07-VI-2013

LANCE RYAN, MIKHAIL PETRENKO, GERD GROCHOWSKI, IRÉNE THEORIN, ANNA SAMUIL, WALTRAUD MEIER, JOHANNES MARTIN KRÄNZLE. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. GUY CASSIER, Dirección de escena. DANIEL BARENBOIM, Dirección Musical

 

Wagner: Götterdämmerung


Aforo: 2.222 Asistencia: 85%

 

Con la presentación del Götterdämmerung llega a su fin el proyecto de la Scala de una nueva Tetralogía coproducida con la Ópera de Berlín. Logro significativo para este teatro si pensamos que proyectos similares en las dos ocasiones anteriores (años setenta y más tarde en la época de Muti), tuvieron no pocos problemas. Esta vez todo ha funcionado bien y a lo largo del mes de junio el público que llegue a Milán podrá asistir en dos ocasiones a la representación continuada del prólogo y las tres jornadas ideadas por Wagner.

El Götterdämmerung, como se sabe, es una obra compleja donde hechos dramáticos, relación texto-música y proyecto leitmotívico del completo proyecto wagneriano llegan a su máxima expresión. A lo largo de seis horas de espectáculo es posible revivir el íntegro universo temático (musical y narrativo) de la Tetralogía y crear un puente con la obras que han precedido a este último capítulo. Los espectadores que tengan la ocasión de presenciar el ciclo colpleto, probablemente podrán comprender con claridad la simbología algo borrosa que caracteriza la puesta en escena de Guy Cassiers y de sus colaboradores: el escenógrafo y creador de la luces Enrico Bagnoli y la pareja de Arjen Klerkx y Kurt d’Haeseleer responsable de los videos que inundan las cuatro óperas. Limitándonos al Götterdämmerung seguimos con dudas acerca de esta versión del Anillo. Queda la sensación que la utilización, llena de virtuosismo y muy tecnológica, de las luces y de los videos esconda en realidad una impostación escénica poco audaz y sobre todo considerablemente vacía. La dirección de Cassier se limita a ser una vitrina de efectos que sin duda atraen al espectador, pero a los que no conseguimos encontrar un sentido claro y coherente. Una puesta en escena que también semeja haber perdido por el camino esa idea base del proyecto, que parecía basada en una ‘ilustración’ de la historia permanentemente dividida entre su realidad palpable y la visualización virtual de sí misma. El conflicto que en un principio parecía ser el reflejo de la contemporaneidad era sin duda sugestivo, pero en el transcurso de las jornadas ha perdido fuerza llegando en este último capítulo como algo de simplemente redundante y además comprometido por una actuación de los cantantes considerablemente torpe y poco imaginativa. Finalmente los fantasmas visuales, obsesivamente presentes en el la óperas anteriores, se materializan en un enorme bajorrelieve que bajando sobre el escenario parece fijar en la dura piedra la volatilidad de dichas imágenes, para decirnos que dioses y hombres son la misma cosa en el mundo real, en la historia y en la mitología. Idea nada novedosa, bastante banal y, es más, totalmente contraria, en su aspecto visual a la elevación que caracteriza la música en los últimos compases.

Esta insipidez pareció contagiar también la dirección de Barenboim. El director argentino ofreció, una vez más, una lectura de la partitura muy centrada en los detalles y con sonoridades muy transparentes, a veces impactantes pero, en resumen, bastante plana y en ciertos momentos francamente aburrida, careciendo de la teatralidad y el dinamismo necesarios. Los momentos más logrados se debieron fundamentalmente a los cantantes, algunos de excelente nivel. Empezando por la veterana Waltraud Meier (Waltraute) que fue capaz de perfilar su personaje, pese a ser secundario, con una gestualidad esencial, manteniéndolo vivo gracias a una voz todavía marcada por una calidad fuera de lo normal (suya fue igualmente la segunda Norna en el Prólogo). El Alberich de Johannes Martin Kränzle no fue menos impactante, maligno como exige la obra y mostrando una gran eficacia vocal y escénica. Contrariamente, Mikhail Petrenko como Hagen no estuvo a la misma altura. No obstante, supo desplegar con eficacia y seguridad su personaje gracias a una voz potente y homogénea en todos los registros. Algo que sin embargo faltó a los protagonistas principales que consiguieron buenas actuaciones si bien no convencieron totalmente. Lance Ryan pareció más atento en dibujar un Siegfried obscuro y rebelde que en subrayar el lado más poético del héroe, como ocurrió en la escena de la muerte de su personaje. Iréne Theorin – eficaz en los agudos, pero mucho menos el registro medio – fue una Brünnhilde algo floja, exhibiendo no pocos problemas: como ocurrió en la escena final donde le faltó el imprescindible acento lánguido y amoroso. Digno el Gunther de Gerd Grochowski, y algo frágil la Gutrune de Anna Samuil.

Al final de la velada buena y calurosa acogida del público, principalmente para el director y Waltraud Meier.

Gian Giacomo Stiffoni

Crédito: ©Brescia-Amisano, Teatro alla Scala

Pie de foto: La tres Nornas en el Prologo de Götterdämmerung