Audioclasica

12.VI.2013. Soler, en petit comité

    L’Auditori. Sala Alícia de Larrocha. Auditori Més 2012-2013 12-VI-2013 MIGUEL SIMARRO, violín. ROBERT SCHRÖTER, piano.     Obras de J. Soler, A. Berg y C. Wieck.   Aforo: 152 Asistencia: 20%   En buena parte coincidente con el programa que acaban de grabar para el sello Tritó, Miguel Simarro y Robert Schröter se presentaban en la sala pequeña del Auditori con una propuesta singular y bien hilada: hermanar la música violínistica de Josep Soler con algunos de sus referentes estéticos más palmarios, como el romanticismo de pequeño formato (Wieck) o la Segunda Escuela de Viena (Berg). El escasísimo…


 

 

L’Auditori. Sala Alícia de Larrocha. Auditori Més 2012-2013


12-VI-2013

MIGUEL SIMARRO, violín. ROBERT SCHRÖTER, piano.

 

 

Obras de J. Soler, A. Berg y C. Wieck.

 

Aforo: 152 Asistencia: 20%

 

En buena parte coincidente con el programa que acaban de grabar para el sello Tritó, Miguel Simarro y Robert Schröter se presentaban en la sala pequeña del Auditori con una propuesta singular y bien hilada: hermanar la música violínistica de Josep Soler con algunos de sus referentes estéticos más palmarios, como el romanticismo de pequeño formato (Wieck) o la Segunda Escuela de Viena (Berg).

El escasísimo público asistente –treinta personas mal contadas, el propio compositor entre ellas– pudo asistir al despliegue del universo sonoro, tan personal, del músico de Vilafranca del Penedès en óptimas condiciones interpretativas y descubrir matices escondidos en un lenguaje enormemente consolidado y, por ello, susceptible de cierta monotonía: pero existe una distancia estilística considerable entre el trabajo temático minucioso y la estilización de formas de la gran tradición de la Introducció, fuga i giga (1979), el diálogo introspectivo y pujanza de la línea melódica del violín del inconcluso Fragment de sonatina (1999) y la elegíaca expansión de A Matilde (2003), de raíces tonales mucho más evidentes, que Simarro ofreció en versión de notable limpieza.

Para concluir la primera parte, Schröter había formado una versión fluida y rica en matiz, aunque algo corta de vuelo en el clímax, de la inhabitual Sonata V (1908/09), de Alban Berg, modelada a medio camino entre los últimos opus de Brahms y Scriabin, y el programa continuaría con otra composición poco escuchada, las Tres romanzas op. 22, de Clara Wieck (Schumann), en que el dúo superó la inseguridad inicial (“Andante molto”) para lograr una adecuada conjunción en la tercera pieza. Preparación, en todo caso, para la composición soleriana reciente en el programa, su revisión en 2006 de la Sonata número 2 para violín y piano (1997), concebida en un solo trazo y que obró como resumen de toda la velada: pasajes lentos de extraña calidez armónica, talante manifiestamente dramático, incluso turbulento, y una mirada retrospectiva ajena más cercana a la reflexión distanciada –así, el agresivo scherzo interno– que a la impotente nostalgia.

Germán Gan Quesada