Audioclasica

28 y 29.VI.2013. Beethoven no vive en Berlín

Teatro Real. 28-VI-2013.  Ludwig van Beethoven: Sinfonía nº9 en Re menor “Coral” Auditorio Nacional – Ciclo Ibermúsica. 29-VI-2013 Gabriel Fauré: Requiem op.48 Robert Schumann: Sinfonía nº2 en Do mayor   Madrid. Teatro Real.  28.VI.2013. CAMILLA TILLING NATHALIE STUTZMANN, JOSEPH KAISER, DIMITRY IVASHCHENKO. CORO TITULAR DEL TEATRO REAL. Ludwig van Beethoven: Sinfonía nº9 en Re menor “Coral” Aforo: 1.854 Asistencia: 99% Auditorio Nacional (Ciclo Ibermúsica) 29.VI.2013. CAMILLA TILLING, ANDRÉ SCHUEN. ORFEÓN DONOSTIARRA. Gabriel Fauré: Requiem op.48 Robert Schumann: Sinfonía nº2 en Do mayor Aforo: 2.324 Asistencia: 95% ORQUESTA FILARMÓNICA DE BERLÍN. SIMON RATTLE, DIRECTOR.   La oportunidad de escuchar a la…

1 MADRID Filarmonica Berlin

Teatro Real. 28-VI-2013. 

Ludwig van Beethoven: Sinfonía nº9 en Re menor “Coral”

Auditorio Nacional – Ciclo Ibermúsica. 29-VI-2013

Gabriel Fauré: Requiem op.48

Robert Schumann: Sinfonía nº2 en Do mayor

 

1 MADRID Filarmonica Berlin

Madrid. Teatro Real. 

28.VI.2013.

CAMILLA TILLING NATHALIE STUTZMANN, JOSEPH KAISER, DIMITRY IVASHCHENKO. CORO TITULAR DEL TEATRO REAL.

Ludwig van Beethoven: Sinfonía nº9 en Re menor “Coral”

Aforo: 1.854 Asistencia: 99%

Auditorio Nacional (Ciclo Ibermúsica)

29.VI.2013.

CAMILLA TILLING, ANDRÉ SCHUEN. ORFEÓN DONOSTIARRA.

Gabriel Fauré: Requiem op.48

Robert Schumann: Sinfonía nº2 en Do mayor

Aforo: 2.324 Asistencia: 95%

ORQUESTA FILARMÓNICA DE BERLÍN. SIMON RATTLE, DIRECTOR.

 

La oportunidad de escuchar a la Orquesta Filarmónica de Berlín en tu propia casa –Teatro Real y Auditorio Nacional- constituye siempre un lujo y una ocasión insustituible para el disfrute de unas cualidades sonoras exquisitas e irreproducibles por ninguna otra agrupación. Sin embargo, por muy excelente que sea una orquesta, el interés musical de sus interpretaciones va a depender también de la idoneidad del repertorio escogido y de la batuta que se ponga a su frente. Y he aquí donde empiezan las objeciones… y las sorpresas.

En cuanto al repertorio escogido, es imposible imaginar uno menos original que el ofrecido en el Real: La Novena de Beethoven. Confieso que cuando me enteré de tan manida elección –plausible en el caso de un concierto popular en la Plaza Mayor, como ha pasado otros años con Barenboim- se me pasó por la cabeza este interrogante: “¿Es que acaso los berlineses creen que aquí en España todavía no conocemos esta obra?”. En cualquier caso, una vez superado el estupor inicial, no imaginé que la experiencia iba a resultar tan poco estimulante. Y es aquí donde entra Simon Rattle.

No hay duda alguna acerca de la categoría del británico como músico y como director de orquesta. El problema es que aquí –como muchas otras veces- su refinamiento le jugó una mala pasada, musicalmente hablando: La ligereza y sofisticación del toque y el fraseo que el maestro impuso a la orquesta demandaban unos tempi más rápidos de los adoptados. O visto desde el punto de vista opuesto: Los holgados tempi adoptados por el maestro demandaban un toque con más peso, un sonido más denso y un fraseo más directo. De algún modo, Rattle dirigió la sinfonía como si fuera de Mahler: buscando claridad en las texturas, diversidad en la paleta tímbrica y marcando la lectura con inesperados contrastes agógicos y dinámicos, rozando en momentos el ridículo (¿era necesario demandar a la trompa semejante pianissimo en su solo del Trio del Scherzo?). Incluso el movimiento coral quedó corto de vuelo y expresión: Apenas se rozó la emoción en los primeros compases del Himno a la alegría emitidos por los contrabajos y chelos en un soberbio pianissimo, al igual que en la entusiasta intervención del coro titular del Teatro Real, motivadísimo desde el podio. Pues ni siquiera el cuarteto vocal resultó especialmente destacable, en parte por la insuficiencia del bajo (qué falta de nervio en su llamamiento inicial) en parte porque la contralto tapaba más de lo debido a la soprano y al tenor.

Con un sincretismo a medio camino entre un Thielemann y un Järvi, la somnolienta y “hueca” sofisticación ofrecida por Rattle nos hizo rememorar la eficacia y el poder comunicativo de un Beethoven tan antitético (por tradicional y, en comparación, primario) como el de Barenboim. El israelí sabe perfectamente que la Novena no es una obra cualquiera y que cuando se toca no se trata de hacerlo “bonito” sino de sacudir las conciencias por un medio o por otro.

Al día siguiente, Rattle se redimió completamente con el Requiem de Fauré en el Auditorio Nacional. Esta sí, una obra a la medida del británico que no solo hizo posible lucir las extraordinarias cualidades de la orquesta berlinesa sino que además permitió disfrutar la obra en toda su conmovedora belleza. Para no faltar a la verdad, la interpretación arrancó de forma algo confusa, pues mientras la orquesta siguió la batuta con un retardo típicamente “wagneriano”, el coro donostiarra lo hizo de forma más inmediata, provocando una cierta indeterminación métrica. Pero el problema se resolvió en menos de un minuto y a partir de entonces todo fue un paseo por el paraíso, gracias no solo a la orquesta (extraordinaria gama dinámica, sobrecogedores pizzicati en el “Libera me Domine”), sino también a la agrupación donostiarra, de la cual Rattle supo extraer una riqueza de matices inusitada.

La segunda parte del programa se dedicó a la Sinfonía nº2 de Robert Schumann, obra enmarcada en una estética con la que Rattle volvió a mostrar cierta falta de sintonía. En este caso, la celeridad con la que se abordaron los tres movimientos rápidos evitó languideces y permitió exhibir el virtuosismo a la orquesta, aunque por otro lado puso de relieve las tensiones internas de esta obra (no la “incorrección” de la orquestación, como tantas veces se ha escrito, sino la incompatibilidad entre la celeridad de algunas indicaciones metronómicas y una densidad polifónica de un rigorismo bachiano): En este caso, quizá sobró algo de velocidad, pues como quedó de manifiesto en el Adagio, aquí las intenciones musicales no iban tan desencaminadas. 

 

Rafael Fernández de Larrinoa

Pie de foto: El director de orquesta británico Sir Simon Rattle.

Crédito fotográfico: Monika Rittershaus