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29-V al 30.VI.2013. Propuestas heterogéneas

    Paris 29-V al 30-VI-2013   ManiFeste 2013 Asistencia media: 90% El Manifeste parisino ha consolidado en su segunda edición su presencia dominante en el mapa de la música contemporánea europea en junio, tras fusionar este año con mayor acierto su vertiente profesional con la más pedagógica. En efecto, si el año pasado ambas categoría quedaban escindidas en el tiempo, aunque los conciertos de la academia tuvieron lugar en las últimas jornadas de este evento, la parte de programación oficial les acompañó hasta el concierto de clausura. De la variada miscelánea de propuestas a lo largo del mes del…


 

 

Paris

29-V al 30-VI-2013

 

ManiFeste 2013

Asistencia media: 90%

El Manifeste parisino ha consolidado en su segunda edición su presencia dominante en el mapa de la música contemporánea europea en junio, tras fusionar este año con mayor acierto su vertiente profesional con la más pedagógica. En efecto, si el año pasado ambas categoría quedaban escindidas en el tiempo, aunque los conciertos de la academia tuvieron lugar en las últimas jornadas de este evento, la parte de programación oficial les acompañó hasta el concierto de clausura. De la variada miscelánea de propuestas a lo largo del mes del festival, haremos referencia a las cuatro a las que tuvimos oportunidad de asistir.

El jueves 6 de junio el Centro Pompidou acogía en su Gran Sala al pianista David Lively y a los integrantes del musikFabrik. El primero estrenó Contimous Snapshots, de Sébastien Gaxie, una obra para piano de pobre entidad técnica y formal, y con el aditamento de una electrónica también carente de interés alguno. El miedo a un desastre en la programación quedó atenuado con una interpretación vigorosa de algunas de las mejores páginas para tecla de Magnus Lindberg. El compositor finlandés reapareció en la segunda parte con la agrupación germana bajo la batuta de Peter Rundel: su lectura del Coyote Blues -¡cómo empiezan a cambiar los criterios de programación en el IRCAM! ¿Alguien habría pensado algo similar hace quince años?– fue dinámica y resuelta. Finalizaron con el estreno de Yan Maresz, que con Tutti regresaba a la escritura tras varios años de barbecho creativo. El compositor monegasco dio buena muestra de ser uno de los autores europeos que mejor aúnan el control de la electrónica con las técnicas de orquestación, dando lugar a una partitura de magnífico color instrumental. En todo caso, el pero podría ponerse en el carácter quizás demasiado procesual de la pieza, que apenas invitaba a la sorpresa por contraste.

Al día siguiente el evento musical transcurría en la Sala Pleyel, con Jukka-Pekka Saraste liderando al la Orquesta Filarmónica de Radio France y con el lujo vocal de contar en el escenario con Bárbara Hannigan. Abrieron con un estreno del joven compositor Carmine Emanuele Cella, que dejó un sabor de boca análogo al de Maresz el día anterior. Quedó de manifiesto su desbordante imaginación al hacer convivir sus recursos electrónicos con la orquesta, si bien adoleció de una cierta falta de concreción formal desde la escucha. Le siguió otro estreno, esta vez en nuestra opinión un severo pinchazo de programación, pese a una respuesta del público bastante positiva. Philippe Schoeller confrontó a Hannigan en sus Songs from Esstal I, II et III a una orquestación masiva que, pese a una ligera amplificación de la voz, impedía la proyección vocal de la soprano. Ciertamente, parece un error de principiante el asfixiar en el clímax final a tan dotada cantante con unos timbales velocísimos y en fortissimo. La segunda parte del concierto presentó dos grandes partituras del repertorio del XX: la Sinfonía nº 3 de Lutoslawski, de correcta interpretación, y Métabloles de Dutilleux –programada in extremis dado el reciente fallecimiento del compositor- donde orquesta y director hicieron vivir con diferencia el mejor momento de la velada, obteniendo una respuesta desbordante por parte del auditorio.

El 15 de mayo tenía lugar uno de los platos fuertes del festival. Hermanado con la Bienal de arte vocal de la Cité de la Musique, el Ensemble intercontemporain y el grupo vocal Exaudi ofrecieron tres obras de Lindberg, Posadas y Rihm. Arrancaron con Jubilees de Lindberg, una de sus más famosas partituras, dedicada a Boulez –presente en la sala- con resolución rítmica y dinamismo sonoro. A continuación llegó el estreno español, con Tenebrae, para sexteto vocal, ensemble y electrónica. La obra resulta sorprendente en la trayectoria del compositor vallisoletano: por una parte extrema ciertos mecanismos de articulación abrupta todavía poco frecuentes en su producción, por otra parte incluía una serie de elementos connotados por la liturgia –armonías de regusto arcaizante, sonidos de repique de campana- de una carga semiótica inédita en su catálogo. Este giro –aun es pronto para saber si es un elemento circunstancial o si tendrá impacto en su catálogo- sorprendió a buena parte del público especializado. Además obtuvo una buena respuesta del público. Tras el descanso, y en brutal contraste con la primera parte, voces, percusiones y metales ejecutaron portentosamente Klangbeschreibung II-Innere Grenze de Rihm. Su presentación cruda de unos materiales sonoros volumétricos permitió a François-Xavier Roth volver a mostrar las razones por las que es uno de los directores más solicitados por el intercontemporain.

Dos semanas más tarde, Hannigan volvía a los escenarios del Manifeste. El 24 de junio compartió programa con el Quatuor Diotima en el teatro Bouffes du Nord. Ella fue la encargada de abrir el concierto con una delicada versión de Djamila Boupacha, para volver a continuación a enfrentarse a otro estreno de Schoeller: su Operspective Hölderlin, para soprano, cuarteto de cuerdas y electrónica. Nuevamente quedamos poco convencidos de la obra, y en esta ocasión, el público la acogió de manera más tibia. Su exceso de duración (casi el doble de lo indicado en el programa), aunado a una falta de vuelo del material y a un uso de la electrónica poco original dio lugar a un aplauso algo perezoso por parte de cierto sector del público. En contraste, la interpretación de Liturgia Fractal de Posadas en la segunda parte fue vivaz y de rotunda concreción formal, logrando un prolongado aplauso de aquéllos que fieles permanecieron en la sala durante un programa demasiado largo. El concierto fue sin dudas un error de programación en cuanto a dimensiones temporales se refiere.

En definitiva, la variada propuesta de conciertos de Manifeste ofreció momentos brillantes y también algún que otro pinchazo. Cabe añadir como corolario la notable presencia de jóvenes compositores españoles en la parte de la academia, de cuya muestra podríamos destacar el trabajo de la catalana Núria Giménez, que dotaba de música a una pieza de videoarte.

José Luis Besada

Crédito: Lucía Morate

Pie de foto: EL compositor Alberto Posadas