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ROSSINI

MAOMETTO II Orquesta del Teatro La Fenice. Claudio Scimone, director. Regazzo, Gemmabella, Giannattasio, Mironov DYNAMIC 33492 2DVD 174MIN 2005 Suubtítulos en italiano, inglés, francés, alemán, español y chino NTSC 16:9 PCM 2.0 DTS Imagen: *** / Valoración: ***   Maometto Secondo sigue siendo una de las obras más desconocidas de la producción napolitana de Gioachino Rossini. La complejidad estructural de una obra mastodóntica, con números de una extensión inaudita –el arriesgado e innovador Terzettone dura más de media hora– y la dificultad del papel protagonista, estrenado por Filippo Galli, y que el gran Samuel Ramey definía como el más difícil…

D Rossini MaomettoMAOMETTO II

Orquesta del Teatro La Fenice. Claudio Scimone, director. Regazzo, Gemmabella, Giannattasio, Mironov

DYNAMIC 33492 2DVD 174MIN 2005

Suubtítulos en italiano, inglés, francés, alemán, español y chino

NTSC 16:9 PCM 2.0 DTS

Imagen: *** / Valoración: ***

 

Maometto Secondo sigue siendo una de las obras más desconocidas de la producción napolitana de Gioachino Rossini. La complejidad estructural de una obra mastodóntica, con números de una extensión inaudita –el arriesgado e innovador Terzettone dura más de media hora– y la dificultad del papel protagonista, estrenado por Filippo Galli, y que el gran Samuel Ramey definía como el más difícil de su repertorio, la hacen complicada de montar y de digerir para el público. Consciente de ello, cuando antes del estreno de Semiramide en Venecia Rossini decidió ofrecerla al público de La Laguna, operó algunos cambios significativos. Además del obligado final feliz, con la inclusión del rondó “Tanti affetti” procedente de La donna del lago y tras pasar por Bianca e Falliero, con ayuda del libretista Gaetano Rossi eliminó los aspectos más novedosos de la partitura. La intervención más evidente es la transformación del citado Terzettone en dos números más convencionales, un cuarteto y un trío, redistribuyendo el material original e insertando partes de óperas anteriores, además de eliminar otras significativas, como el aria del protagonista en el segundo acto, y añadir una introducción totalmente nueva. Igualmente, aunque la distribución vocal quedó básicamente igual, la parte de Condulmiero, tenor en Nápoles, pasó a la cuerda de bajo. El resultado es una ópera similar a la original en apariencia, pero más breve –unos 20 minutos–, convencional y menos audaz en su concepción, y por tanto más fácil de seguir para el público.

De la obra original existe una grabación excelente encabezada por Samuel Ramey, June Anderson y Ernesto Palacio dirigidos por Claudio Scimone (Philips / 1983) que sigue siendo una referencia absoluta, a pesar de algún elemento menos satisfactorio como el Calbo de Margarita Zimmermann. Una década más tarde acometía la empresa desde Pésaro un equipo prácticamente italiano, con Michele Pertusi, Cecilia Gasdia, Gloria Scalchi y Ramón Vargas a las órdenes de Gianluigi Gelmetti (Ricordi / 1993). Menos conocida y difundida que la grabación del extinto sello holandés, iguala e incluso supera en algunos puntos sus logros. Para la variante veneciana hubo que esperar hasta que el inquieto festival rossiniano de Bad Wildbad la ofreció ya entrado el siglo XXI (Naxos / 2002), con un reparto más voluntarioso que realmente logrado, en el que destaca el Calbo de Annarita Gemmabella. Precisamente la mezzo italiana repetiría en la reposición de la obra en Venecia tres años más tarde.

Dynamic ha hecho muy bien grabando el título en DVD, pues no existe alternativa en formato audiovisual, si exceptuamos la grabación de calidad mediocre de Premiere Opera, con la retransmisión de la RAI de la producción de Pésaro de 1985 con Ramey, Gasdia, Valentini-Terrani y Merritt, siempre con Scimone. La Fenice convocó elementos de garantía para llevar a buen puerto, a comenzar por el propio director, Claudio Scimone, autor asimismo de la edición seguida, a falta de una edición crítica. Dos décadas después de la grabación de Philips ofrece una lectura más incisiva y vibrante desde el punto de vista dramático –¿el directo frente al estudio?–, siempre atento a ofrecer planos equilibrados en el monumental edificio sonoro ideado por Rossini. Además, la orquesta se ve favorecida por la toma sonora, que a veces deja a los cantantes en un segundo plano, lo que resulta un tanto molesto para el espectador.

En el reparto hay luces y sombras. Lorenzo Regazzo era probablemente el único bajo capaz de afrontar con garantías las enormes dificultades del papel. Con el color vocal adecuado, la autoridad canora suficiente y soltura en las agilidades, pone en pie un personaje de todo respeto. Apenas se le puede reprochar la prudencia evidente en ante el desafío de la cavatina de entrada, y sobre todo de la cabaletta, “Duce di tanti eroi”, que carece de la arrogancia de Ramey o la mayor facilidad aparente de Pertusi. Por lo demás, supera todos los escollos. A su lado Maxim Mironov, más acertado en papeles cómicos como Lindoro, encuentra algunas dificultades en la parte de Erisso, con momentos un tanto graves para su tesitura natural, aunque la afronta con profesionalidad e incluso solvencia en el aspecto de la agilidad. Frente a Regazzo la parte actoral es demasiado pobre. Por último, como decía la parte de Condulmiero se transformó para bajo en Venecia, por lo que es un despropósito poner a un contratenor, más aún cuando Rossini optó por mezzos en travesti donde la tradición preveía castrados. La elección de Nicola Marchesini no sólo está fuera de lugar, su canto resulta forzado, monótono y monocromo, y se integra mal en la sonoridad general de la obra.

Las mujeres salen mejor paradas. En los inicios de su carrera, antes de que se prodigara colaborando con Opera Rara, Carmen Giannattasio cantaba más bel canto y sus elecciones de repertorio eran más acertadas para su instrumento de soprano lírica con agilidad. Como Anna tiene una presencia escénica y vocal adecuada, destacando los momentos más líricos sobre los floridos, que afronta con solvencia en todo caso, sin dejar de prestar la atención que merece al significado del texto. Más acertada aún está Annarita Gemmabella, cuyo Calbo puede mirar sin sonrojo al de una Horne. El color oscuro, la solidez de la voz del grave al agudo, el dominio de las agilidades y la claridad de la dicción tienen su exponente más alto en la dificilísima “Non temer d’un basso affetto”, resuelta brillantemente.

Respecto a la producción, obra de Pierluigi Pizzi, sigue las pautas caracterizadoras de su estilo, con líneas clásicas –más aún estando la acción ambientada en las ruinas de la colonia veneciana de Negroponte– y columnas. El escenario está dividido en dos alturas, lo que da juego tanto para la acción como para ofrecer entradas impresionantes como la de Maometto al abrir brecha en la muralla de la ciudad. La iluminación hace el resto contribuyendo a definir los ambientes, no así el vestuario, difícilmente clasificable.

Raúl González Arévalo