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Festival de Música de Canarias

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Candelaria Rodríguez-Afonso, directora del Festival de Música de Canarias. El Festival de Música de Canarias se perfila, dentro del contexto nacional y europeo, como uno de los más singulares en su especie. Esto es debido a factores tales como la belleza y variedad de los espacios que acogen los conciertos o las bondades de un clima que posibilitan su desarrollo en pleno invierno. Durante algo más de un mes (del 11 de enero al 13 de febrero) el archipiélago verá desfilar por sus islas a algunas de las formaciones más destacadas de la actualidad musical: desde el concierto inaugural que…

CandelariaCandelaria Rodríguez-Afonso, directora del Festival de Música de Canarias.

El Festival de Música de Canarias se perfila, dentro del contexto nacional y europeo, como uno de los más singulares en su especie. Esto es debido a factores tales como la belleza y variedad de los espacios que acogen los conciertos o las bondades de un clima que posibilitan su desarrollo en pleno invierno. Durante algo más de un mes (del 11 de enero al 13 de febrero) el archipiélago verá desfilar por sus islas a algunas de las formaciones más destacadas de la actualidad musical: desde el concierto inaugural que pondrá a Riccardo Mutti al frente de la Orquesta Sinfónica de Chicago, hasta el de clausura a cargo de Les Musiciens du Louvre dirigidos por su fundador Mark Minkowski, pasando por la Orquesta del Siglo de las LucesPlural Ensemble o las orquestas locales: Sinfónica de Tenerife y Filarmónica de Gran Canaria.

Con motivo de la promoción de la trigésima edición del Festival, tuvimos oportunidad de charlar con su directora, Candelaria Rodríguez-Alfonso. Natural de Canarias, goza de una sólida formación como violinista, muscóloga y gestora cultura, adquirida en el Conservatorio Superior de Tenerife y en la Universidad de Viena. Sea como fuere, el buen estado de salud de que goza esta cita cultural, a pesar de los enormes recortes presupuestarios que experimenta, evidencia su alto grado de compromiso.

El Festival de Música de Canarias se perfila, dentro del contexto nacional y europeo, como uno de los más singulares en su especie. Esto es debido a factores tales como la belleza y variedad de los espacios que acogen los conciertos o las bondades de un clima que posibilitan su desarrollo en pleno invierno. Durante algo más de un mes (del 11 de enero al 13 de febrero) el archipiélago verá desfilar por sus islas a algunas de las formaciones más destacadas de la actualidad musical: desde el concierto inaugural que pondrá a Riccardo Muti al frente de la Orquesta Sinfónica de Chicago, hasta el de clausura a cargo de Les Musiciens du Louvre dirigidos por su fundador Mark Minkowski, pasando por la Orquesta del Siglo de las LucesPlural Ensemble o las orquestas locales: Sinfónica de Tenerife y Filarmónica de Gran Canaria.

Con motivo de la promoción de la trigésima edición del Festival, tuvimos oportunidad de charlar con su directora, Candelaria Rodríguez-Alfonso. Natural de Canarias, goza de una sólida formación como violinista, muscóloga y gestora cultura, adquirida en el Conservatorio Superior de Tenerife y en la Universidad de Viena. Sea como fuere, el buen estado de salud de que goza esta cita cultural, a pesar de los enormes recortes presupuestarios que experimenta, evidencia su alto grado de compromiso.

 

La singularidad como estandarte

Raúl Jiménez. El Festival de Música de Canarias goza de una gran peculiaridad por el hecho de ser uno de los pocos que en Europa se celebran durante la temporada de invierno, yendo totalmente a contracorriente.
Candelaria Rodríguez-Afonso. Así es. Esto es debido a que jugamos con la singularidad de nuestro clima; éste es un festival que se desarrolla durante el invierno europeo, pero para todo aquel que llega de fuera, a las islas, tiene la impresión de que aquí continúa siendo verano, o por lo menos, primavera. El haber programado un festival al mismo tiempo en que la oferta en el continente es apabullante, cuando toda Europa goza de buen clima, hubiese resultado, quizá, un poco discordante. Hacerlo cuando la oferta ha finalizado, es una idea más apropiada.
R.J. ¿El asilamiento físico de las islas es un condicionante, o se trata, sencillamente, de coger un avión más como en los desplazamientos entre capitales europeas?
C. R-A. Cuando comenzó la andadura del Festival, teníamos la impresión de estar más lejos. Ahora, por el hecho de que se sigue haciendo, por el nombre que tiene y por la asiduidad de su público, sumado a factores como el punto exótico que tiene el desplazarse hasta aquí, no son sino ventajas. El inconveniente lo encontramos en la organización y los costes, porque en ese sentido sí que estamos muy lejos; no es lo mismo mover una orquesta dentro de la propia península que hasta Canarias. Aparte, luego hay que desplazar las orquestas entre las dos islas y eso cuesta mucho. A esos niveles sí que es notable.

R.J. De hecho, si comparamos los precios de las entradas con los de otros festivales del panorama nacional, sí que se aprecia un importe sensiblemente mayor ¿Esto se justifica desde el mencionado aumento de los costes?
C. R-A. En cierta manera, aquí nos encontramos con que todo está sobretasado. De cualquier forma, y por poner un ejemplo concreto, observemos que para poder ver a la Orquesta Sinfónica de Chicago en esta próxima edición el precio más alto será de 120€, y en realidad es un regalo; los precios para ver a esta misma orquesta en el resto de Europa son elevadísimos, o el mismo Auditorio Nacional tiene precios más altos que nosotros. Luego, si hablamos de un solista, los precios bajan. En el caso de la Orquesta Sinfónica de Tenerife o la Filarmónica de Gran Canaria, manejamos tarifas de 30 o 40€, ya que no tendría sentido pedir más que lo que se pide durante la propia temporada.

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Vista Exterior del singularísimo Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria.

R.J. ¿Cuál es la actitud de los distintos artistas al desembarcar en las islas?
C. R-A. Recuerdo una anécdota concreta en referencia a la Orquesta Sinfónica de Stavanger, que llegó aquí un mes de enero desde Noruega, precisamente durante una ola de frío que asolaba Europa. Al aterrizar en el aeropuerto con un cielo azul impresionante, no daban crédito. Ni que decir tiene que no se querían marchar, bromeaban diciendo que querían ser contratados como orquesta residente. El remate vino dado por el hecho de tocar en el Auditorio Alfredo Kraus, el cual goza de una espectacular cristalera con vistas al mar.

Cuando empezó la andadura del Festival, teníamos la impresión de estar más lejos

Todo esto se nota en el resultado de los conciertos. El año pasado Vladimir Jurowski nos ofreció una Sexta de Mahler impactante. Él mismo me reconoció –ha estado aquí en dos ocasiones– que cada vez que viene a Canarias le envuelve un halo, algo especial; que aquí no se puede hacer sino buena música, que no hay lugar para otra cosa ya que todo es tan peculiar. El resto de festivales son estándares, pero éste es especial.

R.J. Otro tema a abordar sería el de la singularidad de los espacios arquitectónicos que acogen los distintos conciertos: el mencionado Alfredo Kraus, el Auditorio Adán Martín u otros más pintorescos como la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen en la isla de la Graciosa.
C. R-A. Sí, eso es un espectáculo. En la Graciosa tocó Fabio Biondi con Europa Galante, y aquí pudimos presenciar escenas tan atípicas y entrañables como ver a los músicos paseando por la playa con sus instrumentos y sacando fotos muertos de risa. Todos los artistas que han pasado por aquí han coincidido en experimentar uno de sus mejores conciertos por tratarse de un sitio tan peculiar. Incluso, grandes nombres vinculados al Festival han solicitado tocar en este espacio, y no en los grandes auditorios. Así, es un lugar tan recogido que en él se vuelve a encontrar el sentido real de hacer música. Al principio, la gira por las islas era considerada como algo secundario, de menor importancia, pero esto ya no es así.

R.J. ¿Cuál es el perfil del público que acude a Canarias, si es que resulta pertinente hablar de un auditorio homogéneo?
C. R-A. Bueno, habría que abordar una cuestión que se discute muchísimo (no sólo en el Festival de Canarias): si el público de la música clásica se está muriendo. Lo cierto es que, si hace treinta años la edad media de nuestro público era de sesenta y cinco años, y a día de hoy sigue siendo de sesenta y cinco años, entonces tenemos que hablar de una renovación, y esto no se puede rebatir. Quizá cabría mencionar que la música tiene edades y que la gente se va incorporando al mundo de la música clásica a partir de cierta edad. Además, cabe decir que el volumen de público ha aumentado a lo largo de nuestros treinta años de existencia.

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Arquitectura de vanguardia en el Auditorio de Tenerife Adán Martín, obra del arquitecto Santiago Calatrava. Crédito: AuditoriodeTenerife@J.R.Oller

R.J. ¿Es público local, peninsular, extranjero?
C. R-A. Cada vez hay más público extranjero. Ahora nos estamos promocionando con un stand propio en las ferias de turismo, y por ese hecho este perfil va en aumento. El año pasado contabilizamos una media de 700 extranjeros en el Auditorio de Tenerife. Si tenemos en cuenta que el aforo es de 1.600 espectadores, pues hablamos de porcentajes de alrededor del 45%.

R.J. Teniendo en cuenta factores como los costes de desplazamiento, alojamiento, entradas, a lo que sumamos una programación sensiblemente conservadora ¿se podría decir que es éste un festival diseñado específicamente para un público extranjero de poder adquisitivo alto?
C. R-A. Sí, lo de la programación es cierto. Yo vengo del mundo de la música clásica, soy violinista, y si me preguntan no diré que mi compositor de cabecera es Stockhausen. Al margen de consideraciones, trato de buscar la sostenibilidad, la pura supervivencia, necesito llenar un auditorio en plenos momentos de crisis y de constantes recortes, ya que cada edición depende de los ingresos de taquilla, y eso es algo que no puedo lograr con la creación contemporánea, por poner un ejemplo. Necesito elaborar una programación más clásica que contemporánea. Tampoco tengo margen de actuación; no me podría permitir encargar una ópera de estreno, con los elevadísimos costes que conlleva y luego no llenar el auditorio. Eso es algo que sí se podría permitir alguien como Mortier en el Teatro Real, institución que está reflotada, y luego permitirse no venderlo, como pasó con San Francisco de Asís. Yo no puedo. Ahora se trata de mantener el festival como sea, siempre con la mencionada constante de la calidad. De todas formas, procuramos buscar un cierto equilibrio incorporando obras de estreno.

R. J. ¿Hablamos pues de definir una cuota de mercado?
C. R-A. Así es, y siempre con una constante como es el ofrecer calidad.

R.J. ¿Qué hay de Candelaria Rodríguez-Afonso en el festival?
C. R-A. Zubin Mehta se refiere al Festival de Música de Canarias como Festival de Música de Candelaria, así, tal cual. Lo que hay de mí es todo, ya que en el momento en que llego a la dirección dejo de ser yo misma y me convierto en Festival. Hay mucho, ya que me enfrento a una lucha constante por mantener la estructura, por conseguir reconocimiento, apoyo económico, etc. A mi me ha tocado lidiar, no con el propio Festival, sino con el momento económico tremendo que estamos viviendo.

Aquí no se puede hacer sino buena música, no hay lugar para otra cosa

Los cinco años que llevo aquí se han convertido en una batalla muy personal por amor al proyecto. No vamos a dejar que la crisis nos gane el pulso. Sí que es cierto que el Gobierno de Canarias lo sigue sosteniendo, aunque cada vez con menos presupuesto (ahora rondamos 1,3 millones de euros), los patrocinadores son cada vez más escasos, etc. De cualquier modo, creo que cuando se hacen las cosas con el corazón, eso queda reflejado en el proyecto. Por ejemplo, este año hemos conseguido que venga la Orquesta Sinfónica de Chicago con menor caché que hace tres años.

R.J. Algunos festivales del panorama nacional, recientemente, han tenido serias dificultades para mantenerse activos, pero no parece ese el caso de Canarias: ¿están saneadas las cuentas?
C. R-A. Sí, lo están. Aquí no va a pasar que repentinamente se descubra un agujero económico. Estos años sí que ha habido el déficit propio de un evento de este calibre; recuerdo el caso de unos vuelos que fueron suspendidos y hubo que fletar unos aviones con los que no contábamos, con el consecuente gasto extra que eso supone. El Festival goza de buen estado de salud, pero con menos presupuesto, eso sí. Hemos pasado de tener 6 millones para la edición número 25, a los mencionados 1,3 millones para la presente.

R.J. A la vista de estos datos, y viendo que la calidad se mantiene ¿se podría hablar de verdadera ingeniería financiera?
C. R-A. Le agradezco la observación. Eso es algo que yo percibo, pero que no puedo decir. Antes contaba la anécdota de Zubin Mehta, no por arrogancia, sino porque creo que es representativa. Cuando nos visitó en la edición de 2012 me preguntó cómo era posible realizar tal festival con semejante presupuesto. Desconozco lo que habrá pasado en ediciones anteriores, pero le puedo dar constancia de mis propios sufrimientos en el momento actual.
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Riccardo Muti se pondrá al frente de la Orquesta Sinfónica de Chicago en la inminente edición del Festival de Canarias.

R.J. ¿Qué temática hay prevista para la inminente edición?
C.A-R. La que nos brinda la propia historia de la música, y es ésta una constante en nuestra programación. Para mí el Festival es una exposición continua de las grandes obras del repertorio, algo así como sucede cuando acudes a un museo en el que vas encontrando en cada sala lo más representativo de cada momento.

R.J. Además del proyecto del Festival, Canarias goza de una buena red de escuelas de de música, conservatorios y una interesante producción de músicos ¿se podría decir que existe una vocación y apuesta musical en las islas?
C. R-A. Así, es. Concretamente, en Las Palmas, contamos con las sociedad filarmónica más antigua de España que data de principios del s. XIX. También hay que decir que el tránsito de músicos ha sido muy intenso (y más concretamente por el Teatro Pérez Galdós), ya que ésta era una escala obligada para las compañías teatrales que se dirigían a América. Hay una anécdota muy curiosa e ilustrativa con Caruso, quien estuvo aquí hace cien años, ya que fue silbado en el mencionado teatro. Debió menospreciar al público: pensemos que si hace treinta años éramos vistos con recelo y desconfianza musical, imagínese en la época del tenor. Parece ser que se disculpó y, finalmente, cantó con la debida profesionalidad. Otro tema sería la exportación de músicos, que es significativa. Me permito citar algunos nombres del bel canto como Jorge de León, Celso Albelo, Nancy Fabiola o Yolanda Auyanet.