Audioclasica

12,13.X. y 5,6,7.XI.2013. Precisión y exuberancia

  L’AUDItori. Sala Oriol Martorell 12,13-X y 5,6,7-XI-2013   Quartet Casals   Integral de los cuartetos de F. Schubert Aforo: 586 Asistencia: 95%   Cuando se cumplen siete años de la inauguración de la Oriol Martorell, la sala de cámara del Auditori ha vivido uno de los momentos más trascendentes de su todavía breve historia: la interpretación de la integral de los Cuartetos de Schubert por parte del Quartet Casals, la formación que precisamente tuvo el honor de estrenar la sala. Los Casals llevan ahora ocho años de residencia permanente en el Auditori, tiempo en el que no sólo han…

 

L’AUDItori. Sala Oriol Martorell

12,13-X y 5,6,7-XI-2013

 

Quartet Casals

 

Integral de los cuartetos de F. Schubert


Aforo: 586 Asistencia: 95%

 

Cuando se cumplen siete años de la inauguración de la Oriol Martorell, la sala de cámara del Auditori ha vivido uno de los momentos más trascendentes de su todavía breve historia: la interpretación de la integral de los Cuartetos de Schubert por parte del Quartet Casals, la formación que precisamente tuvo el honor de estrenar la sala.

Los Casals llevan ahora ocho años de residencia permanente en el Auditori, tiempo en el que no sólo han consolidado su caché internacional sino, lo que es más importante para un conjunto de cámara, sus señas de identidad. Y aunque sea temerario reducirlas a un par de conceptos básicos, yo diría que éstos son fundamentalmente precisión y exuberancia. La precisión de que hacen gala Vera Martínez Mehner, Jonathan Brown y los hermanos Abel y Arnau Tomás Realp es modélica –en los cinco conciertos que han compuesto el ciclo schubertiano apenas si uno les ha apuntado tres o cuatro imprecisiones o ataques desajustados, una minucia– y deriva, por un lado, de una concepción muy rigurosa del tipo de formación y, por otro, de una continuidad que los cuartetos raras veces son capaces de conseguir. Pero sobre esa precisión construyen un estilo interpretativo exuberante, repleto de potencia y de carácter. Si con las formaciones estables de cámara sucede a veces que la energía del conjunto es la intersección de la energía individual de sus integrantes, los Casals logran el efecto opuesto, esto es, que sus respectivas fuerzas se unan y se potencien. Los Casals tocan ex abundantia cordis y, de esa manera, uno tiene la sensación permanente de escuchar a cuatro fenomenales solistas en diálogo, en constante ejercicio de compenetración y de síntesis –tan es así que se permiten el insólito lujo de alternar sin menoscabo de calidad el atril del violín primero–.

Todo eso ha sucedido, para gozo de un público entregado, en estas cinco admirables sesiones en las que han abordado la imponente integral schubertiana. Si ya en la temporada anterior afrontaron el reto en la Schubertíada de Vilabertran, en esta ocasión el proyecto ha tenido también una dimensión discográfica, puesto que el corpus íntegro será editado por el sello Neu Records. Y hacemos votos por que lo sea en breve, puesto que el resultado está llamado a convertirse sin duda en una grabación de referencia. Es de suponer que en esa edición los Cuartetos serán presentados en el natural orden cronológico de composición. En el ciclo, sin embargo, se han ofrecido mediante un orden alternante cuyo criterio no parece ser otro que el de equilibrar las duraciones de los cinco conciertos, con lo que algo se ha perdido. Los Cuartetos articulan la producción del músico de Viena, desde el n. 1 D 18 de 1810, cuando un Schubert de trece años reproducía todavía a las claras los modelos de Haydn y Mozart, hasta el colosal n. 15 D 887, con su turbulenta expansividad y su complejidad de formas. Una interpretación diacrónica ofrece la posibilidad de constatar las líneas de evolución conceptual y plástica de Schubert, posibilidad que evidentemente se diluye en una presentación acrónica.

En todo caso, la monumentalidad del trabajo no se resiente por lo dicho. Si los puntos culminantes los constituyen “La muerte y la doncella”, el “Rosamunda”, el n. 9 D 173 o el ya citado decimoquinto y último, lo que aún resulta más destacable es la homogeneidad de elevadísimo nivel que preside el conjunto. Tas la última nota del 15, la intensidad de un silencio que no admite propinas ni bises. Por eso, los Casals recurrieron a “L’emigrant” en el año del cuadragésimo aniversario de la muerte del maestro cuyo alto nombre dignamente ostentan y honran con su compromiso musical.

Javier Velaza

Crédito: © May Zircus