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17.XI.2013. El valor de lo ligero

  LXVI Temporada de la Ópera de Oviedo 17-XI-2013 CHAUSSON, DÍAZ, SOLA. CORO DE LA ÓPERA DE OVIEDO. OFIL. CONTI, dirección musical.   Gaetano Donizetti: Don Pasquale Aforo: 1.440 Asistencia: 100%   Criticar a una obra por su ligereza, acusarla de simple o desdeñarla por no poseer una profundidad más allá del noble anhelo de hacer disfrutar al público es una constante que aún hoy sigue presente en los teatros de ópera. Con el Don Pasquale presentado en Oviedo nos encontramos ante un caso paradigmático: una sencilla escenografía de Esmeralda Díaz, una más que efectiva iluminación de Eduardo Bravo (siempre…

 


LXVI Temporada de la Ópera de Oviedo

17-XI-2013

CHAUSSON, DÍAZ, SOLA. CORO DE LA ÓPERA DE OVIEDO. OFIL. CONTI, dirección musical.

 

Gaetano Donizetti: Don Pasquale

Aforo: 1.440 Asistencia: 100%

 

Criticar a una obra por su ligereza, acusarla de simple o desdeñarla por no poseer una profundidad más allá del noble anhelo de hacer disfrutar al público es una constante que aún hoy sigue presente en los teatros de ópera. Con el Don Pasquale presentado en Oviedo nos encontramos ante un caso paradigmático: una sencilla escenografía de Esmeralda Díaz, una más que efectiva iluminación de Eduardo Bravo (siempre es una garantía) y una dirección de escena de Curro Carreres naturalista, que sabe medir el tiempo del gag cómico y que no abusa de él, permitiendo que la historia crezca por sí sola. Este emplazamiento de la comedia donizettiana en un crucero situado cronológicamente en los años 30 aporta la belleza de la ambientación (genial la idea de sacar al trompetista del foso al comienzo del segundo acto y situarlo en el escenario del bar del navío interpretando su solo ante un desolado Ernesto) y la idea de viaje, que entronca directamente con el aprendizaje de Don Pasquale y su cambio de actitud desde el embarque hasta el amarre.

En el apartado vocal es imprescindible destacar por encima de todos a Carlos Chausson. Él es Don Pasquale, domina el personaje con tanta naturalidad como se hace dueño del escenario cada vez que lo pisa. Su gestualidad, su complicidad con su criado (personaje mudo en la mejor tradición del Vespone de La serva padrona interpretado de manera magistral por Enrique Casero) y su capacidad para la comedia hacen de Chausson el bajo bufo ideal, perfecto en emisión, control de las agilidades y líder indiscutible en los concertantes.

Beatriz Díaz debutaba el papel de Norina en Oviedo y se mostró como una soprano ligera con un bellísimo sonido, que afrontó su presentación con solvencia y fue creciendo en la función a medida que su propio personaje se hacía más fuerte y ella ganaba en seguridad. Hay en el sonido de Díaz una claridad inusual y una gran ductilidad que le permite afrontar las dos caras de Sofronia: la humilde novicia y la cruel esposa con una pasmosa facilidad y una diferenciación de timbres que resulta ideal para un personaje aparentemente sencillo, pero muy complejo.

José Luis Sola como Ernesto se incorporó a última hora al elenco, llamado de urgencia para cubrir la enfermedad de Antonio Gandía, y cumplió solventemente. Algo inseguro al comienzo, demostró su capacidad y una voz brillante y poderosa al comienzo del segundo acto. Bruno Taddía como Malatesta suplió las carencias vocales (dificultad en los graves y falta de control en los pasajes más exigentes) con una capacidad actoral sobresaliente, mostrándose como la alcahueta perfecta.

Marzio Conti en el foso supo exprimir al máximo una partitura que de nuevo tiene más protagonismo del aparente, aportando un colorido inusual, y una gama de dinámicas y agógicas en las que se movió cómodo, controlando todo lo que ocurría con fluidez y sin perder nunca el control de la música. El coro, una vez más, sobresaliente. La exigencia vocal se sumó la escénica y cumplieron con creces en ambos papeles.

El público salió del Campoamor con la sensación de haber visto una obra menor, un divertimento banal. Pero, como suele ocurrir, las cosas aparentemente sencillas llevan detrás un trabajo inmenso.

Alejandro G. Villalibre

Crédito: Ópera de Oviedo

Pie de foto: Chausson, Díaz y Sola