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26.XI.2013. La erótica del poder

    Temporada 2013/14. Gran Teatre del Liceu 26-XI-2013 CONNOLLY, NIESE, SELIG, ERNMAN, DANIELS. ORQUESTRA SIMFÒNICA DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. HARRY BICKET, director musical. DAVID MCVICAR, director de escena. JOHN MACFARLAINE, escenografía y vestuario.   Georg Friedrich Händel: Agrippina Aforo: 2.286 Asistencia: 80%     En coproducción con Bruselas y París, abrió la temporada escénica del Liceu la Agrippina, de Händel: una muestra más de la apuesta del teatro barcelonés por el repertorio barroco, superadas ya en buena medida las reticencias de su público habitual. Y, en verdad, pocos retratos más acabados de la ambición pueden verse hoy en…


 

 

Temporada 2013/14. Gran Teatre del Liceu

26-XI-2013

CONNOLLY, NIESE, SELIG, ERNMAN, DANIELS. ORQUESTRA SIMFÒNICA DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. HARRY BICKET, director musical. DAVID MCVICAR, director de escena. JOHN MACFARLAINE, escenografía y vestuario.

 

Georg Friedrich Händel: Agrippina

Aforo: 2.286 Asistencia: 80%

 

 

En coproducción con Bruselas y París, abrió la temporada escénica del Liceu la Agrippina, de Händel: una muestra más de la apuesta del teatro barcelonés por el repertorio barroco, superadas ya en buena medida las reticencias de su público habitual. Y, en verdad, pocos retratos más acabados de la ambición pueden verse hoy en escena que esta ópera ‘romana’, pero tan actual: el esquivo trono como objeto de voraz deseo y la conjunción entre poder y sexo como líneas argumentales que ordenan una trama enrevesada, traducida por la puesta en escena de McVicar desde la misma presencia amenazadora y sangrante de la loba capitolina en el telón inicial.

Se mueve el escenógrafo escocés entre el retrato de la corte imperial como reino de opereta, dominio de la doblez y el enredo –así, en el juego de escondite del inicio del tercer acto–, y el desvelamiento de los elementos sensuales, rayanos en ocasiones en el incesto, y políticos de un argumento atemporal, trasladado a una modernidad imprecisa; un aspecto, el vodevilesco, que por momentos recae en el humor grueso en gestos y gags, obligando al apresurado movimiento de personajes y figurantes –un Nerone maleducado, el alcoholismo de Agrippina o la dignidad imperial de Claudio rebajada al fin de la ópera, tras convertirlo en despreocupado golfista al final del acto segundo…–, pero que también esconde decisiones acertadas. Quizá la mejor, la ambientación de la segunda parte de dicho acto en un bar americano, casi barra de alterne, como marco para la espléndida aria de venganza de Poppea (“Ingannata una sol volta”), con un hilarante Jory Vinikour al clave a lo Jerry Lee Lewis…

El aplauso del público liceísta fue consistente, y cabe extenderlo a la vuelta, tras el Lucio Silla de la temporada anterior, de Harry Bicket al frente de una orquesta muy en estilo, vital en los movimientos de danza y notablemente fluida en una dirección ágil de acento e incisiva en el juego tímbrico, puesta a disposición del dúo vocal de altura que precisa esta ópera para encarnar el enfrentamiento entre las dos mujeres que se disputan la atención del inmaduro Nerone, puesto aquí en manos de la debutante en el Liceu Malena Ernman. A su derroche físico (“Quando invita la donna l’amante”) y vocal, que supo sacar provecho de una dirección actoral exagerada –y no solo en su representación eufórica y depresiva como cocainómano en “Come nube che fugge dal vento”, por lo demás excelentemente cantada–, respondieron con creces tanto la aviesa y dominante Agrippina de Sarah Connolly, introspectiva en su lamento del acto segundo “Pensieri, voi mi tormentate” y expansiva en el matiz (“Se vuoi pace, o volto amato”), como, con nota sobresaliente, Danielle de Niese en el papel de Poppea, pese a su retrato habitual como ‘lolita’ inconsciente y vulgar: la continuidad en emisión y color y la precisión rítmica en las agilidades engalanaron sus intervenciones, espectacular la del aria di furore “Se giunge un dispetto” y más contenida e insidiosa en la seducción del incauto candidato imperial (“Col peso del tuo amor”).

Frente a este trío –y sin olvidar la correcta prestación de los comprimarios Pallante (Henry Waddington) y Narciso (Dominique Visse), poco favorecidos en el despliegue de su calidad tímbrica por su concepción escénica farsesca–, la participación masculina quedó un tanto oscurecida. En el caso de David Daniels (Ottone), por la claridad de un timbre que solo descolló en los pasajes más líricos (“Voi che udite il mio lamento”); en el del Claudio de Franz-Josef Selig, cálido y potente, por el inadecuado relieve lascivo del personaje, digno sin embargo en momentos como su aria “Cade il mondo soggiogato”.

Germán Gan Quesada

Crédito: ©A. Bofill