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18.XII.2013. Lejos de la calidad

    Temporada de ópera 2013/2014. Teatro alla Scala 18-XII-2013 Irina LUNGU, PIOTR BECZALA, ŽELJKO LUČIĆ, GIUSSEPINA PIUNTI, MARA ZAMPIERI. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. DIMITRI TCHERNIAKOV, Dirección de escena. DANIEL GATTI, Dirección Musical Verdi: La traviata Aforo: 2.222 Asistencia: 99%   En mi última reseña de Ernani desde Roma me quejaba de una puesta en escena demasiado estática y escasa de ideas. Frente a lo que he podido ver en el estreno de la temporada del Teatro alla Scala debería rectificar mi juicio demasiado severo ya que al menos, frente a cierta debilidad de la mise en…


 

 

Temporada de ópera 2013/2014. Teatro alla Scala

18-XII-2013

Irina LUNGU, PIOTR BECZALA, ŽELJKO LUČIĆ, GIUSSEPINA PIUNTI, MARA ZAMPIERI. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. DIMITRI TCHERNIAKOV, Dirección de escena. DANIEL GATTI, Dirección Musical


Verdi: La traviata

Aforo: 2.222 Asistencia: 99%

 

En mi última reseña de Ernani desde Roma me quejaba de una puesta en escena demasiado estática y escasa de ideas. Frente a lo que he podido ver en el estreno de la temporada del Teatro alla Scala debería rectificar mi juicio demasiado severo ya que al menos, frente a cierta debilidad de la mise en scène, en la velada romana nunca faltó un gran respeto a la música y a las indicaciones dramatúrgicas pensadas por Verdi y su libretista. Algo completamente ausente en la producción ideada por el director de escena Dimitri Tcherniakov para el coliseo milanés, que en todo momento parecía no tener en cuenta las características dramático- musicales específicas de una ópera tan peculiar como La traviata. El director ruso es autor de trabajos sin duda excelentes, como por ejemplo de un Eugenio Oneguin y de otros más discutibles. En este caso, sin embargo ha tropezado con la partitura verdiana malinterpretando el realismo que sin duda corresponde al argumento, pero que en ningún momento influye en las formas musicales con que la obra está construida. Formas que pertenecen a las estructuras musicales de la ópera italiana de la primera mitad del XIX que se apoyan en una idea de teatro de fondo melodramático, por esto vinculado a una expresividad de la emoción basada en el canto y del desarrollo en música de la acción. La intención de Tcherniakov era de presentar, por encima de todo, una Traviata de nuestro tiempo teniendo en cuenta que Verdi puso en su tiempo el drama de Violetta con personajes similares a los que podían estar en el patio de butacas. Sin embargo los tiempos han cambiado, así como los valores que se han hecho más complejos. En la visión de hoy el amor tiene, según palabras del mismo Tcherniakov: “una componente de juego y manipulación” más que de romanticismo decimonónico. La idea sobre el papel podía ser sugestiva pero la música de Verdi es la que es, y si se desecha la componente emocional en función de una idea de psicoanálisis realista algo escéptico todo se tambalea. La comunicación de los sentimientos no es efectiva y la representación desemboca   en algo frio y a menudo ridículo. Algo que pasó en la propuesta de la Scala, sobre todo si se desatiende continuamente a las indicaciones del compositor que, en el caso de Verdi, relaciona estrictamente música, palabra y gesto.

Tampoco la dirección de Daniele Gatti o la actuación de los cantantes fue capaz de añadir algo positivo al espectáculo. La interpretación del director fue bastante anodina y caprichosa en los tempos, como en la caballeta “No, non udrai rimproveri” de Germont del segundo acto que parecía más una pieza de opereta que un aria verdiana. Igualmente, la falta de colores en la orquestra y una gestión de las dinámicas bastante descafeinada no comunicó en ningún momento la sensación de esperanza, desolación y muerte que vive el personaje principal de la obra. Algo que sin embargo alcanzó parcialmente Irina Lungu llamada a sustituir en el último momento a Diana Damrau. La cantante moldava pese a los evidentes e inevitables desajustes con la orquesta logró entrar con credibilidad en el personaje y, aun no alcanzando una interpretación modélica, consiguió demostrar con creces su capacidad tanto de cantante como de intérprete. Algo que en lo que falló completamente Piotr Beczala un tenor con voz segura y bella en el registro medio pero que a nivel interpretativo dejó bastante a desear como Alfredo. Mejor el Germont de Željko Lučić; gracias a su efectiva presencia escénica y su voz muy expresiva fue capaz de dibujar convincentemente su personaje pese a los desatinos de la puesta en escena. Muy flojos y absolutamente faltos de la altura exigible de un teatro como la Scala los personajes secundarios, sobre todo Mara Zampieri que en el papel de Annina (que en la puesta en escena, más que la fiel crida de Violetta parecía más bien la maitresse de una casa de prostitución) tuvo que luchar en todo momento con una voz ya completamente desgastada.

Un vez más la gestión del director artístico de la Scala, Stephanie Lesear, ha dado prueba de su incapacidad en alcanzar propuestas interesantes en el repertorio italiano del XIX. De sus casi ocho años de gestión, en definitiva bastante flojos, recordaremos sobre todo las producciones de ópera barroca y del siglo XX. Quedamos así a la espera de ver si La Scala con la nueva gestión de Alexander Pereira y Riccardo Chailly podrá recobrar la calidad alcanzada antaño con un repertorio que ha sido siempre el motivo principal de su fama en el mundo.

Gian Giacomo Stiffoni

Crédito: ©Brescia-Amisano

Pie de foto: Irina Lungu en el último acto de La traviata