Audioclasica

11.II.2014. Mahler en los dedos

  L’AUDITORI. Temporada Ibercamera. 11-II-2014 IGNASI CAMBRA, piano. ORQUESTA SINFÓNICA DEL TEATRO MARIINSKY. VALERI GERGIEV, director. W.A. Mozart: Concierto para piano y orquesta n.21 en Do mayor K467 G. Mahler: Sinfonía n.5 en Do sostenido menor   Aforo: 2.203 Asistencia: 99%     La Quinta de Mahler es como un gran brainstorming, una cascada sonora que por momentos parece no ir a agotarse nunca, una especie de big bang en ciernes. El propio Mahler lo sabía, probablemente mejor que nadie, y temía: “¡Dios mío! ¿Qué pensará el público ante este caos donde no dejan de crearse nuevos mundos, sólo para…

 

L’AUDITORI. Temporada Ibercamera.


11-II-2014

IGNASI CAMBRA, piano. ORQUESTA SINFÓNICA DEL TEATRO MARIINSKY. VALERI GERGIEV, director.

W.A. Mozart: Concierto para piano y orquesta n.21 en Do mayor K467

G. Mahler: Sinfonía n.5 en Do sostenido menor

 

Aforo: 2.203 Asistencia: 99%

 

 

La Quinta de Mahler es como un gran brainstorming, una cascada sonora que por momentos parece no ir a agotarse nunca, una especie de big bang en ciernes. El propio Mahler lo sabía, probablemente mejor que nadie, y temía: “¡Dios mío! ¿Qué pensará el público ante este caos donde no dejan de crearse nuevos mundos, sólo para caer arruinados inmediatamente? ¿Qué dirán de esta música primitiva, de este océano sonoro que ruge, desencadenado y espumoso?”, le preguntaba a Alma, su reciente esposa, tras el primer ensayo. Lo recuerda certera la nota de programa de Juan Manuel Viana.

Un caos, seguramente, y una trampa mortal para orquestas bisoñas o directores poco avezados. Pero el caos más ordenado y transparente del mundo desgranado a través de los dedos incansables y espásticos de Valeri Gergiev para que lo recojan unánimes y en comunión los maestros de la orquesta del Mariinski. Difícil destacar una sección, salvo si se hace en los diferentes movimientos: fenomenales los metales en el primero, con mención de honor al trompeta y al trompa solistas durante toda la obra; exquisitas las maderas en el Scherzo. Kräftig. Nicht zu schnell; suculenta la cuerda en el Adagietto. Sehr langsam-Attaca. Y sutilísimo, poderoso, en cada pentagrama Gergiev, heredero de todo lo mejor de la escuela rusa, dominador absoluto de un repertorio amplísimo que, para suerte nuestra, no vacila en exhibir frecuentemente por estos lares. Si no hace mucho ensalzábamos aquí su referencial Tchaikovski, aceptarán cuantos tuvieron la fortuna de degustar este Mahler que el director ofició sobre la mágica partitura de la Quinta aquella liturgia de sublimación a la que el compositor aspiró siempre.

Para demostrar, sin embargo, que nada humano es perfecto, el programa se abrió con el Concierto para piano y orquesta n. 21 de Mozart y hete aquí que la página, si digna, resultó mejorable. No fue idónea la compenetración de la orquesta y el solista –el joven catalán Ignasi Cambra, un intérprete de quien, sin embargo, cabe esperar mucho porque posee grandes cualidades y un amor entusiasta por la música–. Y en ese diálogo no siempre bien trabado perdió, qué lástima, frescura y luminosidad el único compositor que nunca debe perderlas.

Javier Velaza

Crédito @ Erich Meier