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14.III.2014. Un zar virtual

    Temporada de ópera 2013/2014. Teatro alla Scala   14-III-2014 ANATOLY KOSTCHERGA, OLGA PERETYATKO, MARINA PRUDENSKAYA, JOHANNES MARTIN KRÄNZLE, PAVEL CERNOCH, ANNA TOMOVA-SINTOW. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. DIMITRI TCHERNIAKOV, Dirección de escena. DANIEL BAREMOBOIM, Dirección Musical   Rimsky Korsakov: Una esposa para el Zar (Carskaja nevesta) Aforo: 2.222 Asistencia: 99%     Después de un inicio de temporada bastante flojo – que además de la decepcionante Traviata inaugural ha presentado producciones del repertorio italiano decimonónico de escaso interés – la Scala ha alumbrado finalmente un espectáculo que, aunque no se pueda calificar de modélico, ha tenido interesantes puntos de interés;…


 

 

Temporada de ópera 2013/2014. Teatro alla Scala

 

14-III-2014

ANATOLY KOSTCHERGA, OLGA PERETYATKO, MARINA PRUDENSKAYA, JOHANNES MARTIN KRÄNZLE, PAVEL CERNOCH, ANNA TOMOVA-SINTOW. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. DIMITRI TCHERNIAKOV, Dirección de escena. DANIEL BAREMOBOIM, Dirección Musical

 

Rimsky Korsakov: Una esposa para el Zar (Carskaja nevesta)

Aforo: 2.222 Asistencia: 99%

 

 

Después de un inicio de temporada bastante flojo – que además de la decepcionante Traviata inaugural ha presentado producciones del repertorio italiano decimonónico de escaso interés – la Scala ha alumbrado finalmente un espectáculo que, aunque no se pueda calificar de modélico, ha tenido interesantes puntos de interés; tanto en la parte escénica como, principalmente, en la musical. En coproducción con la Ópera de Berlín, Una esposa para el Zar de Nicolai Rimsky-Korsakov ha sido presentada por primera vez en las tablas del coliseo milanés con la efectiva puesta en escena de Dimitri Tcherniakov. Pese ser excesivo en su propuesta escénica en algunos momentos, el director ruso, ha sabido realizar un trabajo sin duda más interesante del que el hizo para la ya citada Traviata en diciembre pasado. El argumento (ambientado en su versión original en la Rusia”bárbara”, supersticiosa y envuelta en el misticismo de Iván el Terrible) ha sido transportada íntegramente por Tcherniakov – como es ya costumbre reiterada en muchas producciones actuales– a nuestros días y concretamente, en el marco de un estudio de televisión. El propósito de esta actualización ha sido, no tanto construir un espectáculo dentro del espectáculo, sino enmarcar los acontecimientos (basados en la parábola de la pobre Marfa, destinada a ver destruida su felicidad amorosa por los celos de un amante no deseado, y ser elegida Zarina contra su voluntad) dentro de un marco opresivo y sin salidas. La idea resultó ser finalmente efectiva pese a que en algunos momento no hiciera del todo justicia a lo ingenuo y turbio que se esconde dentro de la obra. Así, resultó algo banal escuchar el tema de la coronación del Boris Gudonov (citada por completo por Rimsky-Korsakov) como banda sonora de un concurso al estilo del Gran Hermano o ciertas exageraciones gestuales de los cantantes. Contrariamente, fue más lograda por identificar la sociedad rusa como adicta al mundo de la televisión, haciendo del Zar (personaje que nunca canta en la obra) una figura inexistente y ensamblada visualmente por el ordenador con las caras, entre otras, de Trotsky, Lenin, Majakovskij y Yeltsin. Lo mismo puede decirse del marco escénico del segundo y tercer acto donde se abría una amplia ventana sobre una enorme pared blanca que ocupaba toda la escena y que servía como fondo a la proyección de hojas acariciadas por el sol o las caras de las candidatas a ser elegidas Zarinas por Iván el Terrible. La solución escénica – que simbolizaba el contraste entre el interior apaciguado y burgués de la casa de Marfa y el exterior basado en una realidad mezquina y virtual – regaló momentos de ironía y lirismo muy apreciables. La parte musical del espectáculo, como ya se ha dicho, fue lo mejor de la producción.

La dirección de Barenboim fue en todo momento modélica. El director hispano-argentino supo equilibrar a la perfección el canto, a menudo en estilo declamado, con una orquesta que mantuvo constantemente la adecuada y necesaria tensión lírica. Auspiciado todo ello por la orquesta de La Scala, poderosa e igualmente capaz de sonoridades sedosas y de seguir entregada todas las indicaciones de su director. Algo que se apreció también en la actuación del coro. Excelentes las voces de los cuatro protagonistas: Olga Peretyatko (Marfa), Marina Prudenskaya (Ljubaša), Johannes Martin Kränzle (Grjaznoj), Pavel Cernoch (Lykov). Igualmente convincente, pese al evidente desgaste vocal, resultó la veterana Anna Tomowa-Sintow en el papel de Domna Ivanova Saburova así como Anna Lapkovoskaja y Carola Höhn en los papeles de Dunjaša y Petrovna. La primera representación de la opera de Rimsky-Korsakov en La Scala no podía tener éxito más feliz y contundente.

Gian Giacomo Stiffoni

Crédito: ©Brescia-Amisano

Pie de foto: Un momentodel cuarto acto de Una esposa para el Zar