Audioclasica

15.III.2014. Escatologías rosas

  MADRID. TEATRO REAL, TEMPORADA DE ÓPERA. 15-III-2014   ANGELA DENOKE, PAUL GROVES, WILLARD WHITE. ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL. IVOR BOLTON, director.a Gluck: Alceste   Aforo: 1.854 Asistencia: 99%     Christoph Willibald Gluck fue uno de los compositores de ópera más intensamente reivindicados por Gérard Mortier, quien nos abandonó con la mayor elegancia y discreción posible tras revolucionar la platea madrileña y enfrentarse finalmente a un devastador tumor. Ese mismo Gluck es, para quien firma esta modesta crítica, uno de esos compositores cuyos paso por la historia del género -y pese a su crucial importancia- parece…

1 Madrid Alceste

 

1 Madrid Alceste

MADRID. TEATRO REAL, TEMPORADA DE ÓPERA.


15-III-2014

 

ANGELA DENOKE, PAUL GROVES, WILLARD WHITE. ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL. IVOR BOLTON, director.a

Gluck: Alceste

 

Aforo: 1.854 Asistencia: 99%

 

 

Christoph Willibald Gluck fue uno de los compositores de ópera más intensamente reivindicados por Gérard Mortier, quien nos abandonó con la mayor elegancia y discreción posible tras revolucionar la platea madrileña y enfrentarse finalmente a un devastador tumor. Ese mismo Gluck es, para quien firma esta modesta crítica, uno de esos compositores cuyos paso por la historia del género -y pese a su crucial importancia- parece haber dado frutos más suculentos a través de los compositores a los que influyó (léase Mozart) que por sí mismo. 

Si no fueramos tan adoradores de nuestra historia musical y de sus héroes y atendiéramos únicamente a la vigencia de las creaciones, dudo que una obra como ésta encontrara un espacio en nuestros teatros y en nuestro tiempo. Y no me refiero solo al libreto -un conocido ejemplo de inacción al servicio del enaltecimiento de las virtudes del despotismo ilustrado-, sino también a la música. A ésta cabe reconocerle al menos tres méritos: la continuidad musical, la fantasía armónica y el peso orquestal/coral.

Ahora bien, la primera brilla más por la ambición estética sobre la que se asienta que por los resultados musicales y dramáticos obtenidos, pues son numerosas las obras de su siglo que alcanzan mayores cotas de intensidad con presupuestos intelectuales -división recitativo/aria- más convencionales. En cuanto a la armonía -el modo en el que sigue y refuerza los cambios de humor-, podemos entender que resultara novedosa y sobrecogedora a las audiencias de su época, pero lo cierto es que el paso del tiempo ha borrado buena parte de de su impacto y efectividad. Y aunque es cierto que la orquestación -ésta sí, completamente novedosa en algunos números destacados- inaugura una nueva época, adolece con demasiada frecuencia de algunos vicios bastante irritantes, como la escasa variedad de texturas -herencia de un modelo ramista aún no superado- y, sobre todo, la insistencia en doblar permanentemente la voz cantada, cualidad especialmente molesta cuando la obra se interpreta con una orquesta moderna de las dimensiones y la limitada variedad de colores y dinámicas de la titular del coliseo.

Pese a toda esta avalancha de inconvenientes -a los que hay que sumar la limitada adecuación vocal del reparto- la obra adquirió cierto interés gracias a la fresca y desinhibida lectura del régisseur Krzysztof Warlikowski. El polaco eliminó toneladas de cartón piedra situando la obra en un marco que evocaba las figuras de Lady Di y la Casa de Windsor, aportando el significativo matiz de que Alceste hubiera decidido divorciarse de Admeto justo antes de conocer su enfermedad -conviertiendo así la abnegación conyugal en un demostración espontánea e inesperada de humanidad-, y añadiendo algunos breves pero memorables diálogos -a la sazón, en inglés- del que destacamos la recriminación de Admeto a sus padres del final del Acto II.

Pese a ello -y pese a la magnífica labor actoral de los protagonistas- la obra solo levantó vuelo en un vivificante Acto III que tocó de lleno la esencia del drama -la impotencia humana ante la muerte- con sentido del humor, amor y compasión por la especie humana, recreada mediante una especie de zombis que luchan desordenadamente por aferrarse a la vida.

En fin, una producción sostenida básicamente por la entrega de un reparto presidido por voces demasiado castigadas para estos menesteres y un enfoque dramático inspirador. Pero por favor, no mas Gluck en unos cuantos años…

 

Rafael Fernández de Larrinoa

Crédito @ Javier del Real