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18,19 y 20.IV.2014. 53 edición de la Semana de Música Religiosa: Apoteosis mística

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Cuenca. Semana de Música Religiosa 2014 18, 19 y 20.IV.2014 SCHOLA ANTIQUA. THE TALLIS SCHOLARS. ALA AUREA. PLURAL ENSEMBLE.ODHECATON. Obras de Victoria, Tejeda, Morales, Villanueva, Panisello, Palestrina.,  Asistencia media: 90%     ¿Cuál debe ser el objeto y la forma de la crítica musical? Ésta es una pregunta que nos formulamos los días previos a la celebración de la 53 edición de la Semana de Música Religiosa de Cuenca, al haber recibido el encargo de cubrir el ciclo de conciertos que la integran. Las respuestas son múltiples, como múltiples son los críticos y sus enfoques. La firme convicción de que…

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Cuenca. Semana de Música Religiosa 2014


18, 19 y 20.IV.2014

SCHOLA ANTIQUA. THE TALLIS SCHOLARS. ALA AUREA. PLURAL ENSEMBLE.ODHECATON.

Obras de Victoria, Tejeda, Morales, Villanueva, Panisello, Palestrina.,


 Asistencia media: 90%

 

 

¿Cuál debe ser el objeto y la forma de la crítica musical? Ésta es una pregunta que nos formulamos los días previos a la celebración de la 53 edición de la Semana de Música Religiosa de Cuenca, al haber recibido el encargo de cubrir el ciclo de conciertos que la integran. Las respuestas son múltiples, como múltiples son los críticos y sus enfoques. La firme convicción de que se debe producir literatura (dentro de las posibilidades intelectuales y técnicas de cada cual) forzó un planteamiento algo más singular. El punto de partida era la idea de describir porqué Cuenca goza de tal personalidad, de cuál es la génesis de su moderna idiosincrasia. Quien conozca la ciudad sabrá de qué hablamos, y posiblemente vengan rápidamente a su cabeza imágenes como la del Museo de Arte Abstracto, la Fundación Antonio Pérez, el ajoarriero o la propia Semana. El punto de partida parecía acertado ya que, precisamente, por inefable y complejo, podría dar pie a un texto moderadamente literario. Pues bien, la presente edición del festival ha contado con algunas singularidades de tal magnitud que el enfoque se vio irremisiblemente modificado.

Música ha habido mucha en la Semana de Música Religiosa de Cuenca, y en términos generales de muy buena calidad, como de costumbre, pero el foco de atención hay que ponerlo en el Viernes Santo. Para tan solemne y trascendental día del calendario litúrgico había programado un ciclo de siete conciertos repartidos a lo largo de las veinticuatro horas de jornada. La propuesta consistía en reconstruir la Liturgia de la Horas (comúnmente conocida como Oficio Divino) siguiendo criterios historicistas correspondientes al último Renacimiento, tomando como pretexto el aniversario de la muerte de El Greco. Es decir: reproducir en el marco del festival el rito que los religiosos de la España de finales del s. XVI pudieran haber seguido en el seno de un monasterio o una catedral. Para el no iniciado hay que explicar que el rito es de gran dureza física, espiritual e intelectual porque se compone de siete momentos de oración –que se realiza recitada y cantada alternando el canto llano y la polifonía– y que condicionan absolutamente la vida de quienes los experimentan y lo adoptan como modo de vida. Es el denominado Laus perennis o exaltación continua a la divinidad. Para tal fin se había dispuesto de dos formaciones de primer nivel que no necesitan presentación: Schola Antiqua, encargados de la monodia y The Tallis Scholars encargados de la polifonía. El marco elegido era la Capilla del Espíritu Santo y la propia Catedral.

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Panorámica de la ciudad de Cuenca. Foto: SMR-Santiago Torralba.

Siete veces al día te alabaré. Y de noche me levanto para cantar tu alabanza.

Con estos versos del salmo 118 arrancan las acertadas notas al programa redactadas por el director de Schola Antiqua, Juan Carlos Asensio,que hemos tomado prestados para arrancar la crónica, ya que ilustran bien la esencia de aquello que pudimos presenciar.

Ad Matutinum

La primera de las citas tuvo lugar al filo de la media noche. Tras cruzar la nave lateral y continuar luego por el transepto de la Catedral en riguroso silencio, traspasamos el umbral que da acceso al claustro. Guiados por una serie de velones estratégicamente dispuestos llegamos al a Capilla del Espíritu Santo, hermosa edificación exenta que se ubica en la parte norte de la Catedral. El hilo de luz se confirmó entonces, no sólo como una mero efecto, sino como anticipo certero del fulgor del tenebrarium que nos esperaba en el interior de la capilla, solemne candelabro de quince brazos y controvertido simbolismo. No es frecuente escuchar juntas a formaciones tan brillantes, ni un repertorio de tanta calidad como el que nos ocupa presentado con tal expectación, esmero y singulares condiciones. Con estas premisas hubiese cabido esperar un fuerte impacto psicológico al comenzar el concierto. Sin embargo, la conjunción coherente de elementos nos fue atrapando lentamente, nos fue introduciendo en una estética y atmósfera hermosa, penetrante y dramática al mismo tiempo. Hay apuntar que no nos cogió de sorpresa porque no era la primera vez que escuchábamos a Schola Antiqua. Los textos bíblicos puestos en boca de los componentes del coro madrileño adquieren una dimensión especial. Son un grupo de gran perfección técnica que frasean como si nos encontrásemos ante un único cantor, con buen gusto, con oficio y con conocimiento profundo del repertorio del canto llano, ya que hacen surgir la música, precisamente, desde el texto. Muchos podrán elevar críticas por no ser afines a su estética musical, próxima a los preceptos de Solesmes, pero lo cierto es que son honestos y son musicales, y con eso debería bastar. Súbitamente, al terminar el primer responsorio Et super vestem, The Tallis Scholars entonaron el comienzo de la Lectio I del Officium Hebdomadae Sactae de Tomás Luis de Victoria, y nos quedamos perplejos. Su afinación es perfecta, su dicción también lo es, los diferentes planos sonoros de la polifonía se perciben con una nitidez y equilibrio pasmosos, saben enfatizar los abundantísimos giros retóricos que se encuentran ocultos en el entramado musical de la polifonía en su justa medida (volvemos al concepto de música que surge del texto), y así, podríamos enumerar una larga lista de virtudes. No queremos alargarnos en detalles técnicos por no romper el ritmo de la narración. Quien se muestre detractor de esta sonoridad tan característica (muy propia de los coros ingleses), es libre de hacerlo. Nosotros argumentaremos como lo hemos hecho unas líneas más arriba con Schola Antiqua: honestidad, coherencia, técnica y musicalidad dentro de una estética sonora concreta deberían bastar. O vos omne qui transitis per viam attendite et videte. Volviendo al texto y a la música, transcurrieron casi dos horas de sublime espectáculo alternando monodia y polifonía con fluidez. No hay que perder de vista en ningún momento el enorme dramatismo y emotividad de los textos que tenemos ante nosotros.Al finalizar, una enorme tristeza y desconsuelo nos invadía.

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Schola Antiqua y The Tallis Scholars Ad matutinum en la Capilla del Espíritu Santo. Foto: SMR-Santiago Torralba.

Ad Laudes

Las siete y media de la mañana fue la hora de convocatoria para la siguiente cita que, teniendo en cuenta que el anterior oficio finalizó poco antes de las dos de la mañana, podemos calificar de inmisericorde. Los rostros del auditorio (ostensiblemente mermado hasta la cifra de treinta personas) y de los intérpretes, evidenciaban falta de sueño. Cabellos desaliñados como los del propio Peter Philips, entre otros, terminaban de dibujar el panorama. Sirva de ejemplo para evidenciar el talento artístico y profesionalidad de los músicos el hecho de que, bajo estas circunstancias, el resultado artístico fue impecable ¿de qué pasta hay que estar hecho para cantar el motete a ocho voces de Francisco Guerrero Laudate Dominum de caelis con semejante perfección, entrega y expresividad? Idéntico elogio se podría verter sobre los componentes de Schola Antiqua. Personalmente, no tenemos la respuesta.

Prima

Esta fue la sesión más equilibrada respecto al alternatim debido al equilibrio logrado entre la sucesión de monodia y polifonía. Además, se contó con la presencia de un compositor no demasiado frecuentado como es Martín de Villanueva, monje jerónimo del Monasterio del Escorial, autor de una singular polifonía muy austera en estilo de fabordón que fluye y alterna muy bien con el canto llano. Su convivencia con el estilo elaborado de Guerrero y Tejeda resultó de una gran fuerza mística y retórica.

Sexta

El oficio del medio día fue especialmente fluido y no demasiado extenso, pero nos deparó una impactante sorpresa. Hablamos de una obra prácticamente desconocida de Alonso de Tejeda como es Domine memento. Se trata de una de esas creaciones que te perturban de manera directa ya en la primera escucha debido a su perfección técnica y su dramatismo. Nos vienen a la cabeza títulos emblemáticos de semejante factura como los motetes Versa est in luctum de Victoria, O Virgo virginum de Josquin, Emendemus in melium de Morales… Este hallazgo nos empujó a abandonar la capilla ostensiblemente alterados.

Nona

A las tres de la tarde asistimos a la más breve de todas las liturgias, apenas cuarenta minutos, lo que nos introdujo rápidamente en un estado de reflexión. Lo propicio de la hora motivó un lleno total en la capilla con un público gratamente heterogéneo en lo que a edad se refiere. Fue en este preciso momento cuando tomamos conciencia de que algo en nuestra cabeza estaba sucediendo, que la percepción del tiempo se estaba viendo sustancialmente alterada, dilatada ¿Realmente vimos salir el sol Ad Laudes hace poco más de siete horas? ¿Realmente fue en esta misma jornada cuando escuchamos Laudate Dominum de caelis de Francisco Guerrero? Parece que las referencias temporales empiezan a ser los tractos, los versículos, las antífonas y salmos, la luz que penetra por el lucernario y varía sutilmente con el discurrir de las horas, que todo lo demás carece de importancia porque está ausente, o porque de hecho es menos importante. Las únicas referencias que realmente tenemos frente a nosotros son éstas, son las mismas que tuvieron ante sí hombres que alumbraron estas melodías, y que nada tienen que ver con nuestros modernos referentes. Si a todo esto le añadimos ese poder evocador que tantas veces se menciona cuando se habla de música, hágase el lector una idea aproximada de nuestro estado anímico.

Ad Missam

La liturgia de las cinco de la tarde cambió radicalmente de concepto por dos motivos. En primer lugar, porque se desarrolló en la Catedral, ganando en solemnidad, pero perdiendo intimidad y calidad acústica. En segundo lugar, porque la música se puso al servicio del rito. El potencial artístico de ésta se vio difuminado en beneficio del componente religioso. Aquí juzgue cada uno en función de los motivos que le trajeron hasta el templo ¿Religión? ¿Arte? Lo que desde luego es innegable es la plasticidad del espectáculo que pudimos presenciar: mitras, casullas, solemne parafernalia y pompa arropados por sonidos sublimes de los músicos colocados en el coro y enfrentados al clero, éste en el Altar Mayor… Muy simbólico fue el arranque de la misa en el que el alternatim del canto llano, tras cadenciar el primer tracto, Domine Exaudi, se enlazó con el sonido desgarrado de una marcha de procesión que simultáneamente se estaba celebrando en la Plaza Mayor. Podemos calificar este suceso de un dramatismo Mahleriano.

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Schola Antiqua en el coro de la Catedral Ad Missam. En segundo plano, sentados en los bancos, algunnos de los componentes de The Tallis scholars. Foto: SMR-Santiago Torralba.

Vísperas
De vuelta a la Capilla del Espíritu Santo, este oficio tuvo algo singular, algo objetivamente singular, que un numeroso auditorio pudo contemplar. Conviene empezar citando a dos hombres ilustres que se vieron involucrados en la edificación de tan soberbio espacio renacentista. No sabemos si atribuir la intencionalidad de lo que vamos a narrar al arquitecto Andrea Rodi, quien proyectó la reedificación de la capilla hacia el año 1575, o a Benito de Sazeda, a quien se atribuye el magnífico óleo ubicado en el altar, y que representa a los apóstoles y la Virgen asistiendo al advenimiento del Espíritu Santo. Sea como fuere, a las siete y media de la tarde la luz penetraba por el óculo que está enfrentado al altar, yendo a incidir directamente en el retablo. Hasta aquí todo normal. Este tipo de fenómenos ópticos son habituales en la arquitectura sacra, ya se sabe: alineaciones de altares y ventanas para recibir la luz en lo solsticios y equinocios, etc. Pero, es que la amplitud del foco luminoso era exacta, milimétricamente exacta, a la de blanca figura de la paloma que se abre paso entre las nubes de los cielos para traer sabiduría a los protagonistas de la escena. La contemplación de este fenómeno al tiempo que escuchábamos el celebérrimo Magnificat I toni de Victoria, es indescriptible. Voluntades muy diversas (pintura, música, arquitectura y literatura) se estaban aunando ante nuestros sentidos para construir un discurso de irresistible eficacia retórica.

Completas

A las diez y media de la noche fuimos nuevamente convocados en la Catedral para cerrar el ciclo iniciado casi veinticuatro horas antes. En una interesante conversación que pudimos mantener con Juan Carlos Asensio, coincidimos en haber experimentado una extraña sensación al terminar el oficio (y el ciclo completo), algo así como una honda desorientación, mezcla de satisfacción, desazón, esperanza… Y ahora ¿Qué más nos espera? En términos religiosos, la respuesta es sencilla porque conocemos lo que está por venir: transitaremos por el Sábado Santo con prudencia, y el Domingo de Resurrección nos colmaremos de gozo. Pero, si hablamos de música ¿Qué más podemos esperar?

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Los componenetes de Ala Aurea durante el concierto celebrado en Arcas del Villar. Foto: SMR-Santiago Torralba.

La mañana del Sábado Santo comenzó siendo abordada con cierta cautela y escepticismo debido a diversos motivos. El primero de ellos es de índole religioso, dado lo señalado de la jornada. El segundo (y el más importante) porque el listón artístico había quedado situado a una gran altura el día anterior, difícil de superar o igualar. El tercero hace referencia a la repetición de esquemas y modelos planteados en la pasada edición del festival. Nos referimos a la programación de un concierto fuera de los límites de la ciudad, en la singular iglesia románica de Arcas del Villar, un Sábado de Pasión por la mañana, y nutrido con un repertorio medieval paralitúrgico. Las semejanzas con el concierto que un año antes habíamos presenciado –en aquella ocasión a cargo de Tasto Solo bajo la dirección de Guillermo Pérez– eran demasiado patentes. Sin pretender alargar más la tensión, hay que reconocer que la reiteración en el modelo quedó sobradamente justificada porque funcionó a la perfección. Claro está, que se contó con intérpretes de excepción: Ala Aurea, grupo liderado por la cantante Maria Jonas, quien a su vez estaba acompañada por el laudista y flautista Fabio Acurrso, la fidulista Susanne Ansorg y Elisabeth Steiz al salterio. El programa se integraba por himnos, responsorios, plantos y una serie de composiciones de los siglos XIV y XV procedentes de diversos manuscritos alemanes y franceses como el Codex Gisle o Wolfenbüttel, entre otros. Hablamos de obras de una enorme calidad musical y literaria inspirados en el dolor de la Virgen ante la contemplación de la Pasión y Muerte de su hijo. Todo muy apropiado para el momento y el lugar en el que nos encontrábamos. Entrando en materia musical hay que apuntar que este grupo de instrumentistas entiende bien su papel de acompañamiento al canto y están (salvo en el caso de los interludios o piezas exclusivamente instrumentales) al servicio absoluto de María Jonas. Por otra parte, María Jonas está al servicio absoluto de la música y del texto. Es por ello que podemos calificar el resultado de esta sesión como una verdadera lección magistral de interpretación, no sólo de este repertorio, sino hablando en términos genéricos. Una verdadera experiencia. Lo cierto es que la cantante alemana pertenece a esa generación de medievalistas con cierta solera, apasionados, imaginativos y desinhibidos (entre los que se podría citar a otros como Benjamin Bagby y al grupo Sequentia, o incluso al propio Marcel Pérès y Ensemble Organum) que se entregan en cuerpo y alma durante la ejecución y que captan la atención sin remedio para transmitir un dolor intenso y hermoso. Sería oportuno mencionar que este repertorio es de complicada reconstrucción porque deja vacíos difíciles de cubrir por la propia naturaleza notacional, por las incógnitas en la reconstrucción de instrumentos, por la escasez de fuentes que nos informen de las hábitos musicales prácticos de la época más allá de la iconografía, etc. También es cierto que esos inconvenientes, tal es el caso de Ala Aurea, se suelen solventar con improvisación, imaginación y algunos otros recursos no demasiado ortodoxos. Y por último, también es cierto que la soprano alemana arrancó el concierto con algunos problemas de voz que se fueron difuminando. De cualquier manera, todo esto carece de importancia, o nos empuja a relativizar, porque el resultado fue espectacular. Somos conscientes de que estamos exponiendo carencias y defectos, así como argumentos para desmontarlos, totalmente análogos a los que usamos para valorar el mencionado concierto que tuvo lugar en este templo la pasada edición. Será la que la propia naturaleza del repertorio, así como la musicalidad de unos y otros intérpretes, nos conducen a un mismo lugar común. Insistimos en que fue una verdadera lección magistral.
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Fabián Panisiello al frente de los miembros de Plural Ensemble. Foto: SMR-Santiago Torralba.

El Domingo de Resurrección dejó espacio a la música contemporánea. Un compositor y un grupo de referencia dentro de nuestro panorama musical, Fabián Panisello y Plural Ensemble junto con los cantantes Laia Falcón y Leigh Melrose, fueron congregados al medio día en otro de los espacios emblemáticos de la Semana de Música Religiosa: la Iglesia de la Merced. Acertada elección porque, dentro de los que son apropiados para la música de cámara, éste es uno de los más secos en términos de sonoridad. Tal es así porque, a pesar de que hablamos de la iglesia de un convento del s. XVII, ha sido reconvertida en biblioteca. Numerosas estanterías y un espectacular andamiaje de madera contribuyen a reducir la reverberación del lugar. Comprobamos gratamente que, después de un año sin visitar este escenario, los fondos bibliográficos han aumentado sensiblemente, que las estanterías comienzan a poblarse de volúmenes, y que el intenso olor a madera que nos recibió la pasada edición se torna en olor a papel. Todo ello, ya decimos, en beneficio de una acústica apropiada para ciertas prácticas musicales. Conviene abordar con algo de detalle el asunto de la acústica de los espacios porque es un punto delicado, especialmente en aquellos festivales que tienen lugar en escenarios históricos. En ocasiones la estética o la logística llegan a comprometer la acústica, y con ello los resultados artísticos. El programa era un monográfico dedicado a Fabián Panisello integrado en una primera parte por las canciones para barítono y piano sobre textos de Edgar Allan Poe Gothic Songs, Poemas de Alejandra Pizarnik para soprano, viola y piano, y Canciones de Silvia, para soprano y Piano. Tras un breve descanso, se abordó L´Officina della resurrezione, obra para barítono, cuarteto de cuerdas y electrónica, construida a partir de textos del escritor Erri de Luca y el Libro de Ezequiel. Salvo en el caso de ésta última composición, nos sorprendió contar con un repertorio tan desvinculado de lo propiamente sacro. Quizá el júbilo de la Resurrección forzó esta licencia, o quizá la necesidad de flexibilizar la programación por motivos de tipo logístico…

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El compositor Fabián Panisello. Foto: SMR-Santiago Torralba.

Panisello es un compositor de lenguajes muy variados que nos remite a algunos de los estilos más representativos de la segunda mitad del s. XX, como quedó demostrado en este interesante concierto. Quien quiera aproximarse a su lenguaje creativo, puede tomar como referencia las muy acertadas las notas al programa redactas por el propio compositor: como no, él es quien mejor conoce su obra, pero lo cierto es que además resultan directas y pedagógicas. También hay que apuntar que variados son los resultados artísticos, oscilando entre la intensidad de Gothic Songs y la falta de brillo de las Canciones de Silvia. Eso sí, Panisello contó con una baza: un solvente grupo de intérpretes que potenciaron sus virtudes como compositor. Especial mención merecen los cantantes Laia Falcón y Leigh Melrose porque demostraron tener una técnica magnífica, un timbre hermoso y versátil y un buen conocimiento del material musical que tenían ante sí. Esto último es la consecuencia obvia de trabajar bajo la dirección del propio compositor. Una grata sorpresa.

El concierto de clausura de la Semana de Música Religiosa de Cuenca tuvo lugar, como es habitual, la tarde del domingo en la Catedral. Como también es habitual, una larga fila recorría la Plaza Mayor antes de dar comienzo el espectáculo. Está claro que éste es uno de los conciertos de más expectación, no cabe duda, por lo menos desde el punto de vista mediático. La propuesta de programa era la Missa Papae Marcelli in dominica Resurrectionis de Giovanni Pierluigi da Palestrina, aderezada con algún que otro motete, a manos del coro italiano Odhecaton bajo la dirección de Paolo Da Col. Es éste un grupo muy notable por sus virtudes técnicas e interpretativas: su afinación es precisa, su sonido muy personal, homogéneo y hermoso (dentro de la categoría de esos coros que optan por la ausencia de voces blancas, en contraposición a los Tallis Scholars, por cierto), y su actitud frente a la música respetuosa y con la debida compostura. Pero, a pesar de ello, todo el edificio sonoro y artístico se derrumba porque descuidan la dicción de manera ostensible. Para esto también tenemos argumentos: las consonantes como la te o la ce son demasiado blandas, están difuminadas. Por el contrario, las consonantes como la ese o la efe son excesivamente sonoras, tienen demasiada presencia y no están bien definidas, ensucian la textura de la música. Por otro lado, cabe mencionar las vocales, ya que son demasiado ambiguas. Otro género musical nos permitiría ser más flexibles con la pronunciación, pero tratándose de polifonía clásica, hablamos de la piedra angular, de la dovela que impide que la cúpula se derrumbe. En el caso concreto de la Misa del papa Marcello el asunto adquiere, precisamente, la máxima gravedad. Una verdadera pena.

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El grupo Odhecaton durante el concierto de clausura. Foto: SMR-Santiago Torralba.

Y para sancionar estos argumentos, nada mejor que verter un elogio sobre el grupo de cantores italianos: la propina sí funcionó (y de qué forma, nos dejó a todos boquiabiertos) por tratarse de un motete de Arvo Pärt. Claro está, que hablamos de otro estilo, otra técnica compositiva que nos acerca a una música más abstracta y más desligada de su componente literario. De cualquier manera, Paolo Da Col y Odhecaton jugaban con una fuerte desventaja, puesto que es inevitable establecer un agravio comparativo si observamos las condiciones de celebración de este concierto de clausura, con respecto a los de los Tallis Scholars y Schola Antiqua, que han sido el otro gran referente en esta edición del festival en materia de polifonía sacra. Quizá, para la mayoría del público que abarrotaba la catedral, estos menesteres relacionados con la dicción fuesen imperceptibles (así lo atestiguaron los entregados aplausos del auditorio), pero para todos aquellos que nos sometimos al rito iniciático de asistir ciclo completo del Oficio Divino dos días antes –y que nos otorgó el don de la clarividencia–, Palestrina se nos mostraba, entre unas cosas y otras, absolutamente desvirtuado. Las condiciones puras de escucha en la Capilla del Espíritu Santo al filo de la madrugada, contrastaban con el ambiente ahora reinante. Mucho traje de domingo, destellos nacarados de algún que otro collar de perlas, cabezas altivas de gesto comedido forzando el ángulo de las miradas… ¡Como descuidarse con la presencia de las autoridades y de las cámaras de televisión observándolo todo! Incluso el chirriar de una grúa de cámara mal ajustada que no cesaba de trazar elipses sobre nuestras cabezas formaba parte del paisaje sonoro y visual. Sea como fuere, no debemos perder la perspectiva sociológica (ya que la musical tanto nos absorbe): obviando los detalles, todo esto forma parte de la idiosincrasia del templo, de la ciudad, del género humano… y casi con toda seguridad, lo que se pudo aquí presenciar no debió ser tan distinto de lo que el mismísimo Greco pudo ver en la catedral de Toledo, hace ahora más de cuatro siglos, un Domingo de Resurrección.

Raúl Jiménez
Pie de foto superior: The Tallis Scholars y Schola antiqua. Crédito: Santiago Torralba.