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El Teatro Real cierra temporada con dos visitas imprescindibles

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Orpheus © Evie Fylaktou. El norteamericano Mark Morris y la alemana Pina Bausch cierran la programación de la etapa Mortier El norteamericano Mark Morris y la alemana Pina Bausch discurren por dos corrientes opuestas dentro de la danza del último tercio del siglo XX, pero ambos son fundamentales para entender los cambios en la danza y el teatro actuales. Su especial interés en este coliseo radica en que ambos están dentro del restringido grupo de coreógrafos que se han ganado una reputación considerable dentro de los círculos operísticos porque, cuando trabajan con la música como única inspiración y objetivo, lo…

Allegro de Mark Morris. Crédito: Ken Friedman


Orpheus © Evie Fylaktou.

El norteamericano Mark Morris y la alemana Pina Bausch cierran la programación de la etapa Mortier

El norteamericano Mark Morris y la alemana Pina Bausch discurren por dos corrientes opuestas dentro de la danza del último tercio del siglo XX, pero ambos son fundamentales para entender los cambios en la danza y el teatro actuales. Su especial interés en este coliseo radica en que ambos están dentro del restringido grupo de coreógrafos que se han ganado una reputación considerable dentro de los círculos operísticos porque, cuando trabajan con la música como única inspiración y objetivo, lo hacen sin complejos ni usurpaciones y están a la altura de las grandes partituras.


El norteamericano Mark Morris y la alemana Pina Bausch cierran la programación de la etapa Mortier

El norteamericano Mark Morris y la alemana Pina Bausch discurren por dos corrientes opuestas dentro de la danza del último tercio del siglo XX, pero ambos son fundamentales para entender los cambios en la danza y el teatro actuales. Su especial interés en este coliseo radica en que ambos están dentro del restringido grupo de coreógrafos que se han ganado una reputación considerable dentro de los círculos operísticos porque, cuando trabajan con la música como única inspiración y objetivo, lo hacen sin complejos ni usurpaciones y están a la altura de las grandes partituras.

Las obras que pueden verse en el Teatro Real son un ejemplo de musicalidad y creatividad, trasmiten audacia sin borrar los rasgos ‘genéticos’; ese ADN ‘expresionista’ que surgió con perfiles diferentes en Estados Unidos y Alemania, al querer liberar el movimiento del corsé clásico.

Si en L’ Allegro, Il Penseroso ed Il Moderato de Händel, creada por Mark Morris para mostrar su valía ante el público bejartiano de La Monnaie, se verá esa premisa tan ‘americana’ de disfrutar del movimiento por sí mismo, traspasando al público el gozo que siente el bailarín, en la lectura bauschiana de esta ópera de Gluck, Orfeo y Eurídice (1975), el motor dinámico será el pensamiento y la sensación anímica de la tragedia. Estilos divergentes que sin embargo se imantan a la música, siguen lo esencial y las motivaciones de las partituras clásicas, logrando trasladar en sus lenguajes una grandeza de retrato que se siente como la representación ideal de lo que la música mueve.

Los dos autores han estado antes en este teatro con piezas que confirman esa manera de hacer ‘física’ la música. El Mark Morris Dance Group presentó en 2012 su Mozart Dances, una creación de 2006 sobre los Conciertos para piano nº 11 y 27, y la Sonata en Re Mayor para dos pianos, encargada para festejar el 250 aniversario del compositor en Salzburgo. Por su parte, Pina Bausch representó aquí en 1998 su inolvidable Ifigenia en Táuride, creada en los primeros –y mejores– momentos de la autora en Wuppertal, junto al Orfeo, Café Müller o Le Sacre, también reconocidas como sus obras de culto.

Orpheus © Evie Fylaktou.

El nombre de Mark Morris, (Seattle, 1956), está asociado desde el principio de su carrera al de Gerard Mortier y a los lugares donde éste ejerció de director artístico. Cómo no. Ambos empeñados en dinamitar convencionalismos de estilos y a desaguar el estancamiento complaciente de los círculos elitistas. Cargaron con la polémica allá donde recalaron, en paralelo al reconocimiento de su instinto renovador.
Así en 1988, Morris reemplazó a Maurice Béjart en la dirección artística del teatro de La Monneaie de Bruselas, y nunca pudo vencer a la memoria del marsellés. El bailarín y coreógrafo abandonó tres años después pero no antes de hacerles ‘tragar’ su irreverente versión del Cascanueces, llamado The Hard Nut (El hueso duro), poblado de peludos varones haciendo de flores y copos de nieve, con el guión intacto pero los personajes trasladados a una hilarante fiesta setentera.

Otro de sus mentores fue Mijail Baryshnikov, quien le hizo cofundador y coreógrafo de su Wite Oak Proyect en 1990 cuando la ‘estrella’ indiscutible del American Ballet decidió dejar el corsé del ‘clásico’ para disfrutar con la permisividad de la danza moderna, y tuvo en él a unos de los pocos coreógrafos que supieron estar a la altura del mito.

Pocos desconocen la trayectoria de Pina Bausch, siempre asociada al término danza-teatro, que se acuñó para explicar su nuevo método de creación y la forma escénica de sus retratos sociales y humanos. Hasta su muerte hace cinco años, Bausch es la figura más influyente a nivel mundial en el panorama teatral moderno. En sus principios tampoco escapó a los abucheos de los incrédulos. En este teatro también recibió pateos y deserciones -en el segundo programa de 1998, con Nelken (Claveles)- pero con mucho trasnoche, cuando el resto del mundo ya la aclamaba por lo genial y por lo flojo, convertida hacía décadas en una diosa triste y genial.

Mark Morris Dance Group y Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real.
Del 1 al 6 de julio.

L’Allegro, il Penseroso ed il Moderato
Música: Georg Friedrich Händel
Coreografía: Mark Morris
Escenografía: Adrianne Lobel
Figurinista: Christine Van Loon
Iluminación: James F. Ingalls
Dirección musical: Jane Glover

Ballet de l’Opéra National de Paris y Balthasar-Neumann-Chor & Ensemble.
Del 12 al 14 de julio.

Orphée et Uridice
Música: Cristoph Willibald Gluck
Dirección musical: Thomas Hengelbrock
Coreografía y dirección de escena: Pina Bausch
Escenografía, figurines e iluminación: Rolf Borzik

Más información en: http://www.teatro-real.com/es

Julia Martín