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20.IX.2014. Érase una vez un lobito bueno

   MADRID. TEATRO REAL. TEMPORADA INFANTIL 20-IX-2014 JORGE GUILLÉN, dirección musical y violín. Producción: Etcétera   Obras de Johann Strauss II y Sergei Prokofiev Aforo: 1750 Asistencia: 70%     La temporada infantil del Teatro Real ha dedicado su apertura a una de las mejores producciones de títeres de la historia reciente de este país, y que además tiene el valor de haber sido concebida al servicio de una obra maestra musical: Pedro y el lobo de Sergei Prokofiev. Poco más puede decirse de una producción que lleva triunfando por los escenarios desde 1999: La adecuación del tamaño de las…

 

 MADRID. TEATRO REAL. TEMPORADA INFANTIL

20-IX-2014

JORGE GUILLÉN, dirección musical y violín. Producción: Etcétera

 

Obras de Johann Strauss II y Sergei Prokofiev

Aforo: 1750 Asistencia: 70%

 

 

La temporada infantil del Teatro Real ha dedicado su apertura a una de las mejores producciones de títeres de la historia reciente de este país, y que además tiene el valor de haber sido concebida al servicio de una obra maestra musical: Pedro y el lobo de Sergei Prokofiev. Poco más puede decirse de una producción que lleva triunfando por los escenarios desde 1999: La adecuación del tamaño de las marionetas a los grandes espacios, la poética recreación de los trazos infantiles, los pequeños detalles.

Quien firma estas líneas tuvo la suerte -durante sus años de estudiante de fagot- de encarnar musicalmente al abuelo dentro de la ya desaparecida Orquesta de San Sebastián de los Reyes. Una experiencia que, función tras función, renovaba la emoción de una producción fresca, bella, y que se dejaba realzar -y realzaba- a la partitura. Una experiencia muy recomendable para los padres que deseen sustraer momentáneamente a sus hijos del mundanal ruido y de la histeria dominante en las producciones infantiles modernas de todo tipo.

Entre los aciertos de la versión para el Real, destacamos sin dudar la gozosa inclusión del Perpetuum mobile de Johann Strauss II antes del inicio del cuento, así como la integración de los músicos en la trama urdida para estirar hasta los 50 minutos el espectáculo. Entre los más discutibles aciertos, que los ‘extras’ se estiraron quizá más de la cuenta, cuando lo que realmente elevó el espectáculo fue siempre la música.

Y, lástima, tuvimos una cumplida agrupación de cámara (quinteto de cuerda y de viento más percusión) y se echaron en falta las sonoridades orquestales, las tres trompas para el lobo, la trompeta para la marcha final…

 

Rafael Fernández de Larrinoa