Audioclasica

25.IX.2014. Mutter, en olor de multitudes

ss   Palau de la Música Catalana. Palau 100. 2014-2015   25-IX-2014 ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑA. ANNE-SOPHIE MUTTER, violín. MIGUEL HARTH-BEDOYA, director Obras de B. Vivancos, M. Bruch y A. Dvořák. Propinas: J. S. Bach, Partita para violín solo en re menor BWV 1004, “Gigue” y “Sarabande” Aforo: 2.000   Asistencia: 97%     Presencia estelar para el concierto inaugural de la temporada “Palau 100”: Anne-Sophie Mutter y ‘su’ Bruch como plato fuerte de una visita poco habitual en Barcelona, la de la Orquesta Nacional de España, bajo la batuta de quien sonó en su momento como posible titular, Miguel…

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Palau de la Música Catalana. Palau 100. 2014-2015

 

25-IX-2014

ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑA. ANNE-SOPHIE MUTTER, violín. MIGUEL HARTH-BEDOYA, director


Obras de B. Vivancos, M. Bruch y A. Dvořák. Propinas: J. S. Bach, Partita para violín solo en re menor BWV 1004, “Gigue” y “Sarabande”


Aforo: 2.000   Asistencia: 97%

 

 

Presencia estelar para el concierto inaugural de la temporada “Palau 100”: Anne-Sophie Mutter y ‘su’ Bruch como plato fuerte de una visita poco habitual en Barcelona, la de la Orquesta Nacional de España, bajo la batuta de quien sonó en su momento como posible titular, Miguel Harth-Bedoya. Con gesto elegante en la batuta y mano izquierda poco ortodoxa en las indicaciones de matiz, supo liderar a una formación solvente, con metales algo titubeantes al inicio del programa, cuerda compacta y maderas bien afinadas.

Cualidades puestas, como primera propuesta, al servicio del estreno de Bach in Himmel, de Bernat Vivancos, compositor residente esta temporada en el Palau de la Música Catalana. Plenamente inserto en una órbita neoconsonante, Vivancos propone sucesivas enunciaciones del conocido Preludio en do mayor bachiano –con toda probabilidad una opción no demasiado acertada, de inicio, por consabida–, que pretenden difuminar progresivamente sus contornos armónicos y adensarse en sucesivas presentaciones orquestales, de escasa originalidad y rayanas en lo banal, interrumpiendo el proceso en un dilatadísimo clímax pleonástico (hemos de suponer que apoteosis à la Couperin/John Williams del músico de Eisenach) de seguro impacto en un público que correspondió al saludo del autor con amplios aplausos.

Despistes ocasionales en los ritenuti empañaron parcialmente la labor de acompañamiento de la orquesta madrileña en el Concierto para violín y orquesta n. 1 op. 26, de Max Bruch, en el que Mutter rigió con energía el discurso de una obra que conoce al dedillo. No es lugar de repetir elogios ya reiterados a su labor: su pasmosa regularidad de arco –así, en el fraseo del segundo movimiento–, la economía en el uso de los tics románticos (vibratos y portamentos), la claridad y precisión en los espinados pasajes de bariolages y dobles cuerdas… es Mutter, natürlich, y la ovación clamorosa que saludó su actuación era previsible, así como, para clausurar el círculo bachiano abierto por el estreno de Vivancos, lógicas las dos propinas que consiguió arrancarle el auditorio.

Ocupaba la segunda parte (sin pretensión alguna de originalidad) una enésima versión de la Sinfonía n. 9 ‘del Nuevo Mundo’ op. 95, de Dvořák, dicha, al menos, de manera aceptable. Destaquemos, dentro de un generalizado tono neutro, el acierto en la dicción del primer tema y de la coda del “Adagio – Allegro molto” inaugural, o el espíritu rítmico conseguido en el scherzo. ¿Que el ajuste del movimiento lento no fue ni de lejos perfecto o que el “Allegro con fuoco” conclusivo sufrió de precipitación en el dibujo de los crescendi y de excesivo nervio en la brillantez de los tutti? De nuevo, como en el caso de la primera obra, el irrevocable aplauso final, de notable volumen, corrige la plana a la severidad censoria del crítico…

Germán Gan Quesada
Crédito: A. Bofill