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19.XII.2014. Una Stuarda muy Tudor

ss   Gran Teatre del Liceu 19-XII-2014 Silvia tro, elisabetta. joyce di donato, maria stuarda. javier camarena, roberto leicester. michele pertusi, giorgio talbot. vito priante, lord guglielmo cecil. anna tobella, anna kennedy. nueva coproducción del gran teatre del liceu, royal opera house covent graden, teatr wielki opera norodova y théâtre des champs elysées. patrice carrier y moshe leiser, dirección de escena. christian fenouillat, escenografía. christophe forey, iluminación. agostino cavalca, vestuario. orquesta sinfónica y coro del gran teatre del liceu. peter burian, director del coro. Maurizio Benini, director.  G. Donizetti: Maria Stuarda, tragedia lírica en dos actos. Libreto de Giuseppe Bardari…

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Gran Teatre del Liceu

19-XII-2014 Silvia tro, elisabetta. joyce di donato, maria stuarda. javier camarena, roberto leicester. michele pertusi, giorgio talbot. vito priante, lord guglielmo cecil. anna tobella, anna kennedy. nueva coproducción del gran teatre del liceu, royal opera house covent graden, teatr wielki opera norodova y théâtre des champs elysées. patrice carrier y moshe leiser, dirección de escena. christian fenouillat, escenografía. christophe forey, iluminación. agostino cavalca, vestuario. orquesta sinfónica y coro del gran teatre del liceu. peter burian, director del coro. Maurizio Benini, director. 

G. Donizetti: Maria Stuarda, tragedia lírica en dos actos. Libreto de Giuseppe Bardari basado en la traducción de Andrea Maffei de Maria Stuart de Friedrich von Schiller.

Aforo: 2.292  Asistencia: 99%

 

 

Esta Maria Stuarda liceísta contaba a priori con un atractivo especial que en cierta medida suponía también una incógnita: la de apreciar en el rol de la protagonista a Joyce di Donato, quien tantas veces y con tanto éxito ha encarnado el papel de su antagonista, Elisabetta. Y puestos a ser puristas, habrá que concluir que la Stuarda de la texana no acaba de deshacerse en su tesitura de cierta genética Tudor. En efecto, las exigencias vocales que Donizetti impuso a su protagonista son satisfechas por Di Donato con profesionalidad y bravura, aunque no sin apuros en algunos de los pasajes más exigentes, singularmente allí donde sus ilustres antecesoras en el personaje colocaban con suficiencia el sobreagudo. Ello no empece para que Di Donato brille con su registro central poderoso y su notable teatralidad, casi siempre por encima de la de sus compañeros de reparto, pero a uno le queda la convicción de que en el extensísimo repertorio de la mezzo, este rol quedará siempre por detrás de su estupenda Elisabetta.

Ese papel es asumido en este caso por Silvia Tro Santafé, en quien hay que alabar sobre todo el rigor y la valentía con el que se aproxima a él, a pesar también de suponerle bastante esfuerzo de adecuación vocal. Aunque no tan poderosa de recursos como la Di Donato, Tro no dista mucho de su timbre, y ello provoca un efecto inusitado, a saber, que las dos reinas establezcan su enfrentamiento en un registro similar. Desconozco si el efecto es buscado –con el fin de jugar al alter ego, como en la pareja Don Giovanni/Leporello–, pero en cualquier caso con ello se pierde más de lo que se gana en las escenas de confrontación entre los dos personajes.

El último integrante del terceto vocal protagonista es el Roberto Leicester que encarna Javier Camarena, tenor de carrera ascendente: su timbre aterciopelado, su excelente técnica y su volumen suficiente le permiten cumplir más que de sobra con el compromiso y dejan entrever en él una de las voces más interesantes de su generación. A su lado, Michele Pertusi exhibe su veteranía como Giorgio Talbot, mientras que Vito Priante y Anna Tobella son dignos Guglielmo Cecil y Anna Kenedy, respectivamente. Añádase a ello que las intervenciones del coro resultan solventes y se tendrá que, en lo vocal, el balance del espectáculo es más que satisfactorio. Y a esa sentencia podría también añadirse la prestación de la orquesta, diestramente conducida por Maurizio Benini, quien consigue extraer pasajes de gran intensidad sin detraer a los cantantes el espacio sonoro necesario para su lucimiento.

El de la puesta en escena es otro cantar, por desgracia. Basada en un juego de tiempos de dudosa eficiencia, ni la ambientación es visualmente interesante ­ni aporta nada a la lectura del drama. Si Silvia Tro se ve condenada a pelearse constantemente con un miriñaque hiperbólico, la escena de la ejecución resulta por momentos ridícula y otro tanto puede decirse de la omnipresencia del verdugo con el hacha homicida. Totalmente prescindible. 

Javier Velaza

Crédito: © @ A Bofill