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16.I.2015. Bellini sin lagrimas

    Temporada de ópera 2014/2015. Teatro la Fenice 16-I-2015 JESSICA PRATT, SONIA GANASSI, SHALVA MUKEIRA, RUBEN AMORETTI, LUCA DALL’AMICO. ORQUESTA Y CORO DEL TEATRO LA FENICE. ARNAUD BERNARD, dirección escénica. OMER MEIR WELLBER, dirección musical.   Bellini: I Capuleti e i Montecchi Aforo: 1.000 Asistencia: 99%    “El drama con música tiene que hace llorar, aterrar, morir cantando”. Estas palabras, escritas por Vicenzo Bellini al conde Carlo Pepoli en 1834, describen con claridad la concepción dramatúrgica del compositor italiano. La suya es una ópera donde el desarrollo de la acción y de los sentimientos se vincula a una sucesión…


 

 

Temporada de ópera 2014/2015. Teatro la Fenice

16-I-2015

JESSICA PRATT, SONIA GANASSI, SHALVA MUKEIRA, RUBEN AMORETTI, LUCA DALL’AMICO. ORQUESTA Y CORO DEL TEATRO LA FENICE. ARNAUD BERNARD, dirección escénica. OMER MEIR WELLBER, dirección musical.

 

Bellini: I Capuleti e i Montecchi



Aforo: 1.000 Asistencia: 99%
 

 

“El drama con música tiene que hace llorar, aterrar, morir cantando”. Estas palabras, escritas por Vicenzo Bellini al conde Carlo Pepoli en 1834, describen con claridad la concepción dramatúrgica del compositor italiano. La suya es una ópera donde el desarrollo de la acción y de los sentimientos se vincula a una sucesión de momentos donde el elemento principal es siempre el delicado equilibrio entre la línea del canto y el apoyo armónico de la orquesta. La claridad y esencialidad de las formas, el carácter ideal de la dramaturgia, el escaso interés por el estilo florido y la escritura virtuosística en Bellini se apoyan siempre en “maravillosas melodías, largas, largas”, construidas por medio de frases musicales que aparentemente superan la establecida separación entre los compases. Una predilección por el aspecto lunar, secreto e impalpable de la psique con una tendencia a violar la ‘justa medida’, recargando las dinámicas, o por lo contrario empobreciéndolas hasta el extremo acercándose así a la estética del Sublime. Aspectos muy presentes también en I Capuleti e Montecchi, estrenado en la Fenice de Venecia en 1830; obra que se caracteriza por una riqueza de melodías asombrosa y capaz de conmocionar a la audiencia hasta las lágrimas.

Para que esto resulte evidente, se hace necesaria una interpretación capaz de destacar en todo momento este penetrante lirismo, consiguiendo de la orquesta un perfecto equilibrio entre transparencia de los diferentes planos sonoros y elasticidad del fraseo en función de apoyo, también armónico, de la línea vocal. Algo que el joven Omer Mei Wellber lamentablemente no consiguió del todo en la nueva producción del La Fenice. La excesiva rigidez rítmica y una escasa atención en subrayar la amplitud de melodía belliniana, caracterizaron su lectura, bastante anodina e incapaz de transmitir la pasión y la melancolía necesarias. Algo que terminó por deslucir también la actuación de los cantantes, poco ayudados en mantener con la justa intensidad la necesaria cantabilidad que caracteriza sus papeles. Jessica Pratt (Giulietta) fue sin duda la que mejor, consiguiendo superar estas dificultades gracias a una voz llena de armónicos y dotada de sublimes ligerezas en la sección aguda. Contrariamente Sonia Ganassi se sintió más incómoda; su Romeo fue sin duda apasionado pero su voz tuvo que luchar constantemente con un fraseo a menudo poco homogéneo. Muy por debajo estuvo el Tebaldo de Shalva Mukeria con serias dificultades vocales, resultando eficaces las actuaciones de Rubén Amoretti (Capellio) y Luca Dall’Amico (Lorenzo). Del todo inadecuada finalmente la puesta en escena de Arnaud Bernard cuyo corte realista (basado en un alejamiento crítico sobre el texto de carácter evidentemente brechtiano) estuvo en perpetuo desacuerdo con la inspiración lirica y fuertemente romántica que caracteriza I Capuleti e i Montecchi. Cada movimiento, así como la idea escénica de ver todos los acontecimientos dentro de un marco de perpetua puesta en escena, no obstaculizó innecesariamente el natural desarrollo de la dramaturgia belliniana. Éxito indudable al final de la función para los dos intérpretes principales, acompañado por varios abucheos dirigidos al director.

Gian Giacomo Stiffoni

Crédito: ©Michele Crosera

Pie de foto: Sonia Ganassi en el segundo acto de I Capuleti e i Montecchi.