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17.I.2015. Dudamel exhibe el Sistema

ss   PALAU DE LA MÚSICA CATALANA. 17-I-2015 ORQUESTA SINFÓNICA SIMÓN BOLIVAR DE VENEZUELA. ORFEÓ CATALÀ. COR DE CAMBRA DEL PALAU DE LA MÚSICA CATALANA (JOSEP VILA I CASAÑAS, director). GUSTAVO DUDAMEL, director. Obras de L. van Beethoven, R. Wagner, J. Orbón y G. Mahler. Aforo: 2.049   Asistencia: 100%     No hay que escatimar elogios para las bondades de El Sistema, ese maravilloso proyecto de integración a través de la educación musical que fundara en 1975 José Antonio Abreu. Los frutos que ha dado su singladura en Venezuela son múltiples y evidentes, con la Orquesta Sinfónica “Simón Bolívar”…

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PALAU DE LA MÚSICA CATALANA.

17-I-2015

ORQUESTA SINFÓNICA SIMÓN BOLIVAR DE VENEZUELA. ORFEÓ CATALÀ. COR DE CAMBRA DEL PALAU DE LA MÚSICA CATALANA (JOSEP VILA I CASAÑAS, director). GUSTAVO DUDAMEL, director.


Obras de L. van Beethoven, R. Wagner, J. Orbón y G. Mahler.



Aforo: 2.049   Asistencia: 100%

 

 

No hay que escatimar elogios para las bondades de El Sistema, ese maravilloso proyecto de integración a través de la educación musical que fundara en 1975 José Antonio Abreu. Los frutos que ha dado su singladura en Venezuela son múltiples y evidentes, con la Orquesta Sinfónica “Simón Bolívar” como buque insignia y con Gustavo Dudamel como mascarón de proa de relieve internacional. Pero la experiencia no se ha circunscrito a la República Bolivariana, sino que ha inspirado políticas similares de pedagogía en veinticinco países y no sólo de aquellos que podemos llamar en vías de desarrollo ni únicamente del continente americano, sino también en otros cuya tradición musical es tan atávica y brillante como las de Italia o el Reino Unido. España, mientras tanto, prosigue inexpugnable e impertérrita su inmaculada historia de analfabetismo musical, fundamentada en una sociedad apenas sensible a la cultura y una clase política tan ignara como inepta.

Así que la presencia de Dudamel y la orquesta venezolana en el Palau debería interpretarse como una lección, por más que su éxito abrumador haya de matizarse en función de dos factores no despreciables, a saber, la notoria presencia de compatriotas suyos entre el público –evidente cuando sumaron sus voces a la interpretación de Alma llanera, propina del segundo de los conciertos– y el ingrediente mediático que la batuta de Dudamel acarrea consigo allí donde va.

Fueron diferentes los dos programas ofrecidos, pero ambos de alto compromiso y ninguno exento de riesgos de uno u otro tipo. La fortuna, debe creer Dudamel, ayuda a los audaces, pero el aserto virgiliano no siempre se verifica. Y así sucedió en parte el primer día y en especial con la Quinta de Beethoven que abrió a pecho descubierto la actuación de los bolivarianos. Muy ligera de tempi, fue una intensa y grandilocuente Quinta, pero también de lectura poco matizada, que puso de manifiesto que el acercamiento actual de Dudamel al genio de Bonn requiere todavía una maduración o una inmersión más detenidas. El rumbo se enderezó bastante con Wagner, porque la muy nutrida orquesta fue capaz de expresarse con la necesaria vehemencia, especialmente en los pasajes de Götterdämmerung y Sigfried. Para las páginas de Tannhäuser y Lohengrin se contó con la participación de las voces del Orfeó Català, más atinadas en el primer título que en el segundo, donde acusaron las exigencias del registro agudo. En el capítulo de las propinas comparecieron nuevamente pasajes wagnerianos de altísima complicación: una excelentemente servida Cabalgata de las Valquirias y una Liebestod a la que, sin embargo, faltó profundidad y pathos.

El segundo de los conciertos se abrió con las Tres versiones sinfónicas del compositor hispanocubano Julián Orbón. Discípulo de Copland, la influencia de su maestro se hace evidente en algunos momentos de la obra, pero lo más interesante de esta reside en su incorporación y fusión de tradiciones musicales diferentes, desde la medieval a la africana, con singular presencia de la caribeña. La OSSB consiguió una interpretación de la obra interesante y, sobre todo, rica en matices, lo que faltó en parte a la Quinta de Mahler que cerraba concierto y miniciclo. Aquí se echó de menos sutileza y gestión de fraseos y texturas en las partes más líricas, aunque el sonido volvió a ser abrumador en las más intensas. El público, pese a todo, se rindió a Dudamel y a sus músicos. Y al Sistema.

Javier Velaza

Crédito: @ A. Bofill