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9 al 19.IV.2015. C@rmen Mix

  Madrid. Madrid Teatro de la Zarzuela 09 al 19-IV-2015 Dirección y Coreografía: Johan Inger. Música: Rodion Shchedrin, Georges Bizet y Marc Álvarez. Dramaturgia: Gregor Acuña-Pohl. Escenografía: Kurt Allen Wilmer. Vestuario: David Delfín. Iluminación: Tom Visser. Compañía Nacional de Danza. Director Artístico: José Carlos Martínez Obra: Carmen   Aforo: – Asistencia: -%     Parece como si cada generación exigiera una nueva producción coreográfica de Carmen. Y que toda compañía española deba tener una Carmen en su repertorio, especialmente si aspira a hacer giras por el extranjero. Así que la CND ya tiene su nueva Carmen, encargada por su Director…

 

Madrid. Madrid Teatro de la Zarzuela

09 al 19-IV-2015

Dirección y Coreografía: Johan Inger. Música: Rodion Shchedrin, Georges Bizet y Marc Álvarez. Dramaturgia: Gregor Acuña-Pohl. Escenografía: Kurt Allen Wilmer. Vestuario: David Delfín. Iluminación: Tom Visser. Compañía Nacional de Danza. Director Artístico: José Carlos Martínez

Obra: Carmen

 

Aforo: – Asistencia: -%

 

 

Parece como si cada generación exigiera una nueva producción coreográfica de Carmen. Y que toda compañía española deba tener una Carmen en su repertorio, especialmente si aspira a hacer giras por el extranjero. Así que la CND ya tiene su nueva Carmen, encargada por su Director Artístico, José Carlos Martínez, al coreógrafo sueco de cierto renombre, Johan Inger,y que tuvo su estreno absoluto en el Teatro de la Zarzuela el pasado jueves 9 de abril.

La apuesta era no ya arriesgada, si no arriesgadísima. En primer lugar porque para visiones suecas y modernas de Carmen ya teníamos, aún bastante vigente (de 1992), en el repertorio de muchas grandes compañías y varias veces vista en Madrid, la del veterano Mats Ek, maestro y antecesor de Inger en la dirección del prestigioso Cullberg de Estocolmo. Después, porque Inger, como su antecesor Ek, ha tenido que echar mano de la suite que el ruso Rodion Shchedrin hizo de la ópera de Bizet para la versión que el cubano Alberto Alonso montó en 1967 para el Bolshoi de Moscú y que también se sigue representando con éxito allí, en La Habana y en otras plazas importantes. La versión de Alonso se incluyó en el repertorio de la Compañía española cuando Plissetskaya la dirigió a finales de los años 80.

Y finalmente, porque todas estas versiones coreográficas del siglo XX, también la de Gades (del 83), la muy anterior de Roland Pétit (49) (que usan otras músicas), y muchas otras que no han alcanzado tanta difusión, al margen de sus mayores o menores méritos coreográficos, se apoyan, como la ópera de Bizet, en la figura de Carmen, en su personalidad única, apasionada, devoradora de hombres o heroína de la libertad de las mujeres, seductora pero también atrevida, sin miedo ni a las convenciones ni al riesgo; rasgos en todo caso, que denotan una fortísima personalidad que domina la escena. Y por tanto, exigen una gran diva de la danza, sea Zizi Jeanmaire, Maya Plisetskaia, Ana Laguna, Alicia Alonso o Cristina Hoyos.

Con todos estos peligros ha lidiado el sueco con valentía y atrevimiento: a la suite que hoy nos suena quizás un poco amanerada de Shchedrin y que se queda corta para un ballet que llene la noche, le ha añadido fragmentos electroacústicos de Marc Álvarez que realzan su estilo fragmentado y algo atropellado de coreografiar. Y si no tenemos una Carmen de rompe y rasga, démosle la vuelta a la historia y convirtamos Carmen en una chica normal, incluso, por qué no, si en realidad lo es, en una víctima. Y aquí es donde Inger ha encontrado, quizás, el “nicho”, como dicen los publicistas, para su nueva Carmen.

Esta Carmen no es temible ni osada, ni la de Alonso, ni la de Ek ni la de Bizet, ni tampoco la de Ehpaña ni la de Merimée. Es simplemente una chica mona, moderna, muy siglo XXI, que coquetea porque es diver, pero de quién cabe sospechar que le apetece ligar con el rockero-Escamillo más que nada para poder contárselo enseguida a sus amigas por guasap y poner su foto en facebook y a quién por supuesto le repatean los intentos controladores del pesado de D. José. Su papel en la obra queda tan apagado que hay que acordarse de que es la del vestido rojo para distinguirla del elenco. Emilia Gisladöttir, que es sin duda una excelente bailarina, está, en este sentido, totalmente en su papel.

En el programa de mano ya se nos avisa de que la versión de Inger está mas basada en la nouvelle de Merimée que en la ópera, por lo cual el énfasis está mucho mas puesto en D. José, sus angustias, los cambios en su personalidad ante la dechéance profesional y moral en que va cayendo hasta convertirse en un vulgar asesino machista. Y efectivamente, este aspecto de cómo la violencia se va apoderando de un hombre vulgar, domina la obra y Dean Vervoort borda su papel. También él y los bailarines que le acompañan, las sombras, o fantasmas que se van ocupando su mente proporcionan los mejores momentos de danza, aunque toda la coreografía busca mas el efecto teatral y dramático que el desarrollo dinámico y alcanza quizás su mejor momento en el sueño (obviamente frustrado) de José, de una familia feliz con Carmen y el niño.

La presencia de un niño es otra aportación original de esta versión, que está presente en toda la obra y representa la mirada inocente y algo perturbadora, pero que no consigue frenar la deriva siniestra a la que está abocado el protagonista; un poco como Micaela en la ópera.

Fuera de esto la versión de Inger es muy deudora de las anteriores, y lo reconoce sin remilgos; desde los decorados a los grandes pliés en segunda, todo está cuajado de referencias, sin que este nuevo mix cuaje del todo por sí mismo.

La CND, de nuevo inmersa en las miserias e incertidumbres a las que la somete el Ministerio de Cultura cada primavera, bailó con el coraje y el entusiasmo que le son propios en esta etapa.

Mercedes Rico

Crédito: Jesús Vallinas

Pie de foto: Un momento de la representación de Carmen