Audioclasica

25.IV.2015. Cuando Verdi es Verdi por ser Verdi

Teatro Real. 25-IV-2015.  Giuseppe Verdi: La traviata   Madrid. Teatro Real.  1.III.2015. Giuseppe Verdi: La traviata Aforo: 1.854 Asistencia: 99% VENERA GIVADIEVA, TEODOR ILINCAI, LEO NUCCI. ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL. RENATO PALUMBO, DIRECTOR.   Hubo un tiempo en el que montar La traviata en un gran teatro llegó a ser una empresa altamente arriesgada: La “sacralización” -en sentido belcantista del término- del rol protagonista convertía inmediatamente a cualquier joven cantante en una potencial profanadora de los hitos canoros alcanzados por grandes artistas como Callas, Sutherland o Caballé, adecuadamente embalsamados gracias a numerosos registros sonoros, oficiales o piratas. Sin…

1 MADRID Brokeback

Teatro Real. 25-IV-2015. 

Giuseppe Verdi: La traviata

 

1 MADRID Brokeback

Madrid. Teatro Real. 

1.III.2015.

Giuseppe Verdi: La traviata

Aforo: 1.854 Asistencia: 99%

VENERA GIVADIEVA, TEODOR ILINCAI, LEO NUCCI. ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL. RENATO PALUMBO, DIRECTOR.

 

Hubo un tiempo en el que montar La traviata en un gran teatro llegó a ser una empresa altamente arriesgada: La “sacralización” -en sentido belcantista del término- del rol protagonista convertía inmediatamente a cualquier joven cantante en una potencial profanadora de los hitos canoros alcanzados por grandes artistas como Callas, Sutherland o Caballé, adecuadamente embalsamados gracias a numerosos registros sonoros, oficiales o piratas.

Sin duda, se llevó demasiado lejos aquello de que para cantar este papel hacía falta ser una soprano de coloratura en el Acto I, una lírica en el II y una dramática en el III, convirtiendo con ello la encarnación de este rol en una tarea imposible, y centrando excesivamente el foco en las cuestiones puramente sopraniles. Haciéndonos olvidar que, sobre todo, estamos ante una obra cuyo valor no pende de un único mérito, sino del magistral encaje de un planteamiento dramático inovador, fresco y conciso, una partitura sabia, equilibrada e intensa como muy pocas, y -como no- una escritura vocal admirable, pero extensible a los dos roles masculinos protagonistas, especialmente al del barítono.

El régisseur David McVicar, famoso por el enfoque realista -y amable- de sus producciones, contribuyó a dotar de “normalidad” a este mítico título, con una dirección de escena naturalista y sin estridencias y un acertado decorado: Un rico salón decimonónico -ambientado en cada acto con distintos cortinajes e iluminaciones- con un ligero toque entre rancio y alcanforado que alejó acertadamente esta propuesta de las exhibiciones de lujo por las que tantas veces han competido otras visiones más idealizadas de un drama cuyo principar valor consiste, precisamente, en mostrar las grietas morales de su época.

Renato Palumbo, por su parte, organizó la función de acuerdo con unos tempi rápidos -y avaros en el rubato- en todos los números compensados con eficaces y selectivas ralentizaciones de algunas escenas intermedias, prestando al conjunto un toque, si no realmente inspirado, al menos “moderno” y desprendido de todo almíbar.

Con todos estos ingredientes, tuvimos una Traviata “normal”, y por ello fresca y capaz de sobrecoger no por la excelencia de alguna de sus piezas sino por la redondez y potencia de su concepción. Gracias, eso sí, a un reparto -el tercero- muy disfrutable, liderado por una Violeta -Venera Gimadieva- sensible y de gratísima voz, ideal para el Acto II, sabiamente escorada hacia el lirismo en el III, algo menos holgada en los agudos del I. Y también -qué gran sorpresa- por un curtido verdiano de serie como Leo Nucci, de imponente presencia escénica y vocal.

La parte irrelevante la aportó el tenor -aquejado de una gripe, según la megafonía- y la reprochable las supresiones de algunas repeticiones, en especial la de la segunda estrofa del aria del primer acto (“A me fanciulla”), cuyo efecto es una indeseable liliputización de esta gran escena y del acto completo.

 

Rafael Fernández de Larrinoa

Pie de foto: Dos escenas de La traviata en la producción de David McVicar.

Crédito fotográfico: Javier del Real