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02.V.2015. Evitar el peplum para caer en la teosofía

  Temporada 2014/2015. Palau de Les Arts. Sala Principal 20-V-2015 DIMITRI PLATANIAS. BRIAN JADGE. VARDUHI ABRAHAMYAN. SERGUÉI ARTAMONOV. ANNA PIROZZI. SHI ZONG. DAVID FRUCCI. HYEKYUNG CHOI. YANNIS KOKKOS, director de escena. COR DE LA GENERALITAT VALENCIANA. FRANCESC PERALES, director. ORQUESTRA DE LA COMUNITAT VALENCIANA. NICOLA LUISOTTI, director musical. Giuseppe Verdi: Nabucco Aforo: 1.412 Asistencia: 100%     Templados los nervios del estreno, en la segunda función de Nabucco no hubo exceso de decibelios, tal y como se cuenta que pasó aquel día en algunos momentos. La sonoridad del conjunto resultó equilibrada. En los pasajes orquestales, Luisotti supo sacar todo el…

 

Temporada 2014/2015. Palau de Les Arts. Sala Principal

20-V-2015

DIMITRI PLATANIAS. BRIAN JADGE. VARDUHI ABRAHAMYAN. SERGUÉI ARTAMONOV. ANNA PIROZZI. SHI ZONG. DAVID FRUCCI. HYEKYUNG CHOI. YANNIS KOKKOS, director de escena. COR DE LA GENERALITAT VALENCIANA. FRANCESC PERALES, director. ORQUESTRA DE LA COMUNITAT VALENCIANA. NICOLA LUISOTTI, director musical.

Giuseppe Verdi: Nabucco


Aforo: 1.412 Asistencia: 100%

 

 

Templados los nervios del estreno, en la segunda función de Nabucco no hubo exceso de decibelios, tal y como se cuenta que pasó aquel día en algunos momentos. La sonoridad del conjunto resultó equilibrada. En los pasajes orquestales, Luisotti supo sacar todo el brillo al espléndido instrumento que tenía delante, al tiempo que se convertía en sutil acompañante cuando debía. La sinfonía, además de teatral, resultó vigorosa en la última sección. De inmediato acaparó la atención de los espectadores y fue muy aplaudida. Verdi ensaya en Nabucco la escritura camerística que salpicará toda su exitosa producción posterior, para subrayar los aspectos psicológicos del drama. En el segundo acto calienta el “Vieni, o Levita” de Zaccaria haciendo cantar a la sección de chelos. El director de la ópera de San Francisco moldeó de tal manera su sonoridad y expresión que casi levitamos, literalmente. La banda interna estuvo bastante ajustada. No es fácil su tarea. Otro momento sublime fue el “Va pensiero”, para nada convencional, ni amanerado de tan oído. Al contrario, bien preparado, de fraseo belcantista exquisito, intensidad emotiva y un piano filado en su estremecedora espiración. El italiano supo redondear y mejorar, aún si cabe, el excelente trabajo de Francesc Perales con el Cor de la Generalitat Valenciana, de nuevo sobresaliente en estilo Risorgimento. Anna Pirozzi rayó una Abigaille de leyenda conjurando en su tránsito mortal su poderío vocal y expresivo. Cumplió con el terrible rol con una entereza encomiable y no se dejó ningún recoveco por explorar. Abrahamyan encandiló en su breve intervención a solo, pero más por caudal sonoro que por expresividad. Artamonov sonó enorme, aunque un tanto rígido y desigual. Jadge pasó con más pena que gloria. No logramos entender ni su técnica y ni su estilo. De entre los miembros del Centre de Perfeccionament que suelen cantar papeles secundarios, cabe destacar la bellísima Anna de Hyekyung Choi. La producción es la de la Bayerische Staatsoper de 2008. Yannis Kokkos huye del peplum y del cartón piedra para recrear los templos y palacios dentro de una abstracción geométrica, aunque atractiva, monótona. Una gran escalinata es el único elemento sobre el que las masas se mueven con acierto. Tampoco es tarea fácil. Más rígidos estuvieron los solistas. Sin duda alguna, lo peor es el vestuario: judíos de negro y babilonios de azul a modo de cuerpo especial de asalto, con cascos parecidos al de los bomberos de Fahrenheit 451. La verja que encierra a los prisioneros que cantan el “Va pensiero” es un estorbo. La escena, en su oscuridad no deja ni un ápice de esperanza, cuando la letra sí lo da. En general se trata, además de oscura, de una versión aséptica en cuanto al tratamiento de las pasiones humanas. También las políticas (lo que hubiese dado de sí una lectura localista en víspera de elecciones). Solo en el momento que Nabucco se convierte y jura lealtad a su nuevo dios y al pueblo judío, un gran panel de luces se ilumina para cegar a todos los presentes. Así es como dios habló y los ídolos cayeron.

Daniel Martínez Babiloni

Crédito: Tato Baeza

Pie de foto: Nabucco se convierte al judaísmo