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08.VII.2015. Trombones olímpicos

  XIX Jazz Festival. Palau de la Música. Sala Iturbi 08-VII-2015 WYCLIFFE GORDON. ROBINSON KHOURY. TONI BELENGUER. CARLOS MARTÍN, trombones. UPTAKE. RAMÓN CARDO BIG BAND. RAMÓN CARDO, director.         Aforo: 1.817 Asistencia: 75%     La coincidencia de la decimonovena edición del Jazz Festival del Palau de la Música de Valencia con el International Trombone Festival 2015 (ITF), celebrado por primera vez en España, ha permitido escuchar a cuatro de los mejores trombonistas dedicados al jazz del momento. Por orden de intervención: Robinson Khoury, Toni Belenguer, Carles Martí y Wycliffe Gordon. Todos ellos formaron parte del extenso…

 

XIX Jazz Festival. Palau de la Música. Sala Iturbi

08-VII-2015

WYCLIFFE GORDON. ROBINSON KHOURY. TONI BELENGUER. CARLOS MARTÍN, trombones. UPTAKE. RAMÓN CARDO BIG BAND. RAMÓN CARDO, director.

 

 

 

 

Aforo: 1.817 Asistencia: 75%

 

 

La coincidencia de la decimonovena edición del Jazz Festival del Palau de la Música de Valencia con el International Trombone Festival 2015 (ITF), celebrado por primera vez en España, ha permitido escuchar a cuatro de los mejores trombonistas dedicados al jazz del momento. Por orden de intervención: Robinson Khoury, Toni Belenguer, Carles Martí y Wycliffe Gordon. Todos ellos formaron parte del extenso elenco de solistas y profesores del encuentro y pertenecen por derecho propio al Olimpo de dicha disciplina. El conjunto encargado de arropar a los solistas fue la Ramón Cardo Big Band, liderada por dicho compositor, saxofonista y profesor valenciano.

Khoury vino acompañado de su cuarteto, Uptake. Un joven conjunto surgido en la capital del Ródano, formado además por el pianista Bastien Brison, el contrabajista Pierre Gibbe y el baterista Paul Berne. Juntos hacen un jazz íntimo y sutil, como tocado al oído, al que no le falta la exhibición virtuosística y la cintura de los ritmos étnicos. En sus actuaciones (no fue este el caso) y en el reciente compacto So Far So Good (Jazz Village/Harmonia Mundi) emplean un sintetizador Rhodes cuyo toque electrónico lleva a rememorar la psicodelia de los años 60. Como teloneros interpretaron cuatro piezas cuyos títulos no reconocimos. Eran temas bien construidos, en los que cada uno se pudo lucir como solista, mostrando al mismo tiempo el estilo común mencionado arriba. Por su parte, el trombonista francés bien puede presumir de una técnica impecable que le permite lucir legato y capacidad para tocar piano. Posteriormente, actuó como solista con la big banden “Carl” de Bill Hollman.

Los activos jazzistas valencianos, Belenguer y Martí, se alternaron con standards como “Intermision riff”, “True sparrow” del trombonista y compositor holandés Ilja Reijngoud, y “Tiger of San Pedro” de John LaBarbera, uno de los más grandes y prolíficos arreglistas de todos los tiempos, con el propio Carlos Martí a la conga. A mi juicio, el apresuradísimo arreglo de “What is this thing called love” que interpretó este último, hace perder parte del encanto que tiene el tema de Cole Porter. No obstante, reconozco que hay versiones para todos los gustos, desde la dulzona de Frank Sinatra, a las creativas e ingeniosas de Charlie Parker, Dave Brubeck o Artie Shaw, pasando por la de Tommy Dorsey, más sentada en tempo, sin mencionar, por no alargarnos, a las grandes divas del canto (hay que oír la de las chicas de Joan Chamorro en La màgia de la veu). Tanto los solistas, como los miembros del combo derrocharon virtuosismo y las intervenciones solistas de Ramón Cardo elevaron siempre la altura musical del encuentro.

Wycliffe Gordon fue nombrado mejor trombonista por la prestigiosa Down Beat en 2014, así como mejor músico multiinstrumentista por su interpretación con la tuba. También compone, canta, toca la trompeta y el digeridoo. En el número de octubre del pasado año de dicha revista, Frank Alkyer firma una extensa entrevista a Gordon en la que apunta las claves de su estilo: el gospel, heredado de su padre, organista de servicios religiosos, la pasión por Satchmo, que le llevó a componer y grabar Hello Pops, a tribute to Louis Armstrong en su propio sello (Blues Back Records, 2011), y la pedagogía. En este ámbito, en nuestro país, ha participado en el proyecto de Joan Chamorro con la Sant Andreu Jazz Band y como estrella invitada en el documental que recoge dicho trabajo: A Film about Kids and Music. Por cierto, Rita Payés, trombonista de la joven big band barcelonesa, también participó en el ITF 2015.

Gordon presentó algunos de sus temas incluidos en su último disco, Somebody new (2015), en el que es acompañado por The Dimartino, Osland Jazz Orchesta. Comenzó con “Herkie Jerkie”, una vibrante página en la que funde el poderío del gospel en sus intervenciones solistas, con elementos del swing: unos riffs iniciales que ponen en aprietos a la sección de saxos (brillante en este caso) y los característicos solos, todos muy bien resueltos. También el saxo barítono pudo mostrar su firmeza rítmica y contundencia sonora. En la balada “Wishing well”, Gordon introduce una cadencia en la que emplea todos los efectos habidos y por haber para pasmo del respetable, con especial atención a los polifónicos propios del digeridoo, y en “Swing that music” realizó una arriesgada serie de piruetas con el trombón soprano. Hubo ocasión para compartir escenario con los otros trombonistas en “Mood Indigo” de Duke Ellington: los cuatro, al alimón, lucieron sus dotes expresivas. Pero Gordon, no solo tocó el trombón. También cantó: “Hello pops” y el regalo, “Hallelujah shout”. Su maestro le dijo un día: “Canta tus partes. Louis Armstrong fue el más grande ejemplo de ello. Él cantó.”. Y Gordon lo sigue al pie de la letra. En un particular duelo en scat, Toni Belenguer lo siguió muy de cerca en la última página citada, coreado por la banda.

Para los numerosos trombonistas que llenaban la Sala Iturbi el concierto resultó mítico. También para los que no lo somos. En una sola velada disfrutamos de la sutileza, como de nouvell cuisine, de Robinson Khoury y Uptake, del temperamento mediterráneo de Belenguer y Martí, del gran trabajo de la Ramón Cardo Big Band y su director, y de lo inconmensurable de Wycliffe Gordon, quien nos reconcilia con la esencia del swing. El punto de realidad lo puso Ramón Cardo. Al inicio del concierto hizo un alegato en favor de un modelo de gestión cultural, para la cultura en general y el jazz en particular, que corrija los perversos efectos del 21% de IVA cultural, el desmantelamiento de circuitos en los últimos años o la falta de diálogo entre instituciones. En el ámbito educativo, alentó al profesorado de las escuelas de las bandas de música a que salga de su zona de confort para innovar (tal vez tenía que haber incluido algún apunte sobre la situación de los conservatorios): una conformidad a la que ninguno de los músicos escuchados se ha rendido a tenor de los resultados.

Daniel Martínez Babiloni

Crédito: Bob Malone

Pie de foto: Wycliffe Gordon