Audioclasica

20.IX.2015. ¿A qué suena Gaudí?

ss   Barcelona. Basílica de la sagrada Familia 20-IX-2015 MARÍA HINOJOSA MONTENEGRO, soprano. Mª EUGÈNIA BOIX, soprano. JOSEP RAMÓN OLIVÉ, barítono. JUAN DE LA RUBIA, órgano. COR JOVE DE L’ORFEÓ CATALÀ. COR MADRIGAL. OBC. KAZUSHI ONO, director. Obras de B. Vivancos, T. Takemitsu, W. A. Mozart y G. Fauré. Aforo: –   Asistencia: -%     La idea, sin discusión, era magnífica. Inaugurar la temporada de la OBC y presentar a su flamante nuevo director ante un público mayoritariamente escogido a sorteo entre la ciudadanía, y hacerlo todo en el impresionante escenario de la Sagrada Familia, debe ser considerado como…

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Barcelona. Basílica de la sagrada Familia

20-IX-2015

MARÍA HINOJOSA MONTENEGRO, soprano. Mª EUGÈNIA BOIX, soprano. JOSEP RAMÓN OLIVÉ, barítono. JUAN DE LA RUBIA, órgano. COR JOVE DE L’ORFEÓ CATALÀ. COR MADRIGAL. OBC. KAZUSHI ONO, director.


Obras de B. Vivancos, T. Takemitsu, W. A. Mozart y G. Fauré.



Aforo: –   Asistencia: -%

 

 

La idea, sin discusión, era magnífica. Inaugurar la temporada de la OBC y presentar a su flamante nuevo director ante un público mayoritariamente escogido a sorteo entre la ciudadanía, y hacerlo todo en el impresionante escenario de la Sagrada Familia, debe ser considerado como una operación de marketing digna de ocupar página impar en los manuales de la disciplina. O, desde otro punto de vista, como una satisfacción del compromiso social que las instituciones que reciben financiación pública tienen contraído y no deberían soslayar en momento alguno. El éxito estaba asegurado y se verificó en la forma de un reconocimiento caluroso y merecido a todos los participantes en el espectáculo, director, solistas, coro y orquesta. Y no menos en constantes gestos de admiración hacia el espacio majestuoso y solemne que lo albergó.

Por mi parte, confieso haber llegado al concierto con una sola suspicacia: ¿cómo se comportaría la acústica de una Sagrada Familia prácticamente llena de público con los distintos instrumentos que intervenían en el programa, a saber, un órgano, un conjunto de metales, un coro y una orquesta sinfónica? ¿Qué resultado musical daría un espacio cuya reverberación está calculada en unos once segundos y que, además, fuga decididamente hacia la apuntadísima cúpula? En fin, ¿a qué sonaría Gaudí? Y en este capítulo hay que decir que el resultado del experimento fue desigual. Aunque me consta que los técnicos de sonido trabajaron denodadamente para optimizar la sonoridad resultante –y es de justicia agradecerles el esfuerzo, que debió de ser ímprobo– sólo parecen haberlo conseguido en determinadas circunstancias.

Juan de la Rubia, el organista titular del templo, abrió programa con la Improvisation I de Bernat Vivancos Farrás, página inspirada en las habituales improvisaciones de Notre Dame de París y en la que se alternan momentos de intensa expresividad con otros más reflexivos. Su discurso sonó claro y coherente con los espacios y dejó patente que el pensamiento musical de Gaudí tomó el órgano como instrumento privilegiado en su opus magnum.

Una agradable sorpresa fueron a continuación las piezas Signals from Heaven I. Day Signal y Signals from Heaven II. Night Signal del compositor nipón Toru Takemitsu, interpretadas por un conjunto de doce metales: la lujosa ejecución de los maestros de la orquesta resonó límpida entre los materiales del templo, más dispuestos a reflejar lo broncíneo que a acoger la calidez.

Esto último se demostró con la obra siguiente, un Exultate, jubilate mozartiano en el que los graves se desarbolaron y habrían deslucido definitivamente el conjunto de no ser porque la soprano María Hinojosa Montenegro consiguió una muy notable y cuidada prestación, atentísima en todo momento a la proyección, muy homogénea.

Como plato fuerte del espectáculo se propuso el Requiem de Gabriel Fauré, esa delicia de serena belleza que, como es evidente, encontró marco pintiparado en la basílica barcelonesa. Sin que se rectificaran los problemas de algunas de las secciones orquestales ya señalados, la estupenda actuación de los dos coros y de los dos solistas vocales –la soprano Mª Eugenia Boix y el barítono Josep Ramon Olivé– conformaron una muy destacable lectura de la partitura del compositor occitano.

Y, en suma, no podríamos cerrar estas líneas sin destacar la labor en la batuta de Kazushi Ono, el recién incorporado titular de la OBC. Aunque es pronto para percibir su grado de identificación con los atriles, se advirtieron en él detalles que dan lugar a alimentar las muchas esperanzas que se han depositado en él para el próximo quinquenio. Bienvenido, maestro, y que los dioses de la música le sean propicios.

Javier Velaza

Crédito: © May Zircus