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26.IX.2015. Primeros frutos de la era Afkham

  Ciclo Sinfónico OCNE. Auditorio Nacional de Música 26-IX-2015 ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑA. LEIF OVE ANDSNES, piano. DAVID AFKHAM, director. Héctor Parra: Wilde Concert and Finale Wolfgang Amadeus Mozart: Concierto para piano y orquesta No. 20 en re menor, KV 466 Johannes Brahms: Sinfonía No. 1, opus 68   Aforo: 2.324 Asistencia: 95%     Los asiduos de la OCNE tendrán que reconocer el saludable cambio de rumbo motivado por la incorporación de David Afkham como director titular. El joven director alemán ya dio algunas muestras en la temporada pasada de su enfoque artístico y de sus cualidades de mando,…

 

Ciclo Sinfónico OCNE. Auditorio Nacional de Música

26-IX-2015

ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑA. LEIF OVE ANDSNES, piano. DAVID AFKHAM, director.

Héctor Parra: Wilde Concert and Finale

Wolfgang Amadeus Mozart: Concierto para piano y orquesta No. 20 en re menor, KV 466

Johannes Brahms: Sinfonía No. 1, opus 68

 

Aforo: 2.324 Asistencia: 95%

 

 

Los asiduos de la OCNE tendrán que reconocer el saludable cambio de rumbo motivado por la incorporación de David Afkham como director titular. El joven director alemán ya dio algunas muestras en la temporada pasada de su enfoque artístico y de sus cualidades de mando, y la formación respondió con una cohesión y una eficacia poco habituales. La orquesta se siente cómoda con este director meticuloso de amplísimo registro, aun cuando le ha propuesto un repertorio sinfónico bien complejo y abigarrado, de esos que unifican orquestas y comprometen a sus solistas en la persecución de un único fin, servir a la Música y al compositor. Y entre las obras de este repertorio, la que nos ocupa en esta ocasión, la titánica y pesante Sinfonía No. 1 de Brahms; más de veinte años de esfuerzo para insuflar un nuevo pulso a esta forma después de las metas alcanzadas por Beeethoven, y que habitualmente despachan muchos directores ciñéndose a lo trágico y a la densidad orquestal, o recreándose en pasajes divagantes que en ocasiones conducen al tedio. En la visión de Afkham lo trágico se muestra en la impecable manipulación del ritmo, invocando férreamente al omnipresente timbal, y el tedio se evita perfilando efectivamente los largos fraseos, que se beneficiaron de la elección de un tempo vivo, un tempo que, por cierto, puso en guardia a los músicos de la orquesta. También la densidad que parece serle propia a la música de Brahms se vio aliviada por la destreza del director a la hora de resaltar texturas instrumentales, destacar contrapuntos y proponer un enorme registro de dinámicas.

Igualmente diestro se había mostrado en la primera parte, no sólo en la anodina pieza introductoria de Héctor Parra, sino en el extraordinario concierto para piano de Mozart, impecablemente interpretado por Leif Ove Andsnes. El pianista noruego acometió la partitura usando un ataque claro y bien articulado, y proyectando un discurso prosódico cuyos elementos quedaron adecuadamente integrados; quedando además sus dinámicas dentro de los límites propios del teclado clásico, con excepción de las cadencias monumentales y vertiginosas de Beethoven y Hummel. Grandes ovaciones, merecidas, para un solista inteligente que además regaló al público dos Bagatelas de Beethoven, para poner un broche coherente a un concierto excepcional.

Jorge Baeza Stanicic

Crédito: Özgür Albayrak

Pie de foto: El pianista noruego Leif Ove Andsnes