Audioclasica

24 al 26.IX.2015. Una voz propia

  Madrid. Sala Teatro Cuarta Pared 24 al 26-IX-2015 La Phármaco. Dirección artística y dramaturgia: LUZ ARCAS y ABRAHAM GRAGERA. Composición e interpretación musical: CARLOS GONZÁLEZ, piano. Coreografía: LUZ ARCAS. Intérpretes: Estragón: LUZ ARCAS. Vladimir: BEGOÑA QUIÑONES, Lucky: IGNACIO JIMÉNEZ, Pozzo: JUAN MANUEL RAMÍREZ   Obra: La voz de nunca (a partir de Esperando a Godot, de Samuel Beckett)   Aforo: 172 Asistencia: 100%     No es frecuente que un grupo de danza contemporánea se atreva a llevar a su territorio un texto teatral, menos aún si se trata una obra fundamental de mediados del s.XX como Esperando a Godot…

 

Madrid. Sala Teatro Cuarta Pared

24 al 26-IX-2015

La Phármaco. Dirección artística y dramaturgia: LUZ ARCAS y ABRAHAM GRAGERA. Composición e interpretación musical: CARLOS GONZÁLEZ, piano. Coreografía: LUZ ARCAS. Intérpretes: Estragón: LUZ ARCAS. Vladimir: BEGOÑA QUIÑONES, Lucky: IGNACIO JIMÉNEZ, Pozzo: JUAN MANUEL RAMÍREZ

 

Obra: La voz de nunca (a partir de Esperando a Godot, de Samuel Beckett)

 

Aforo: 172 Asistencia: 100%

 

 

No es frecuente que un grupo de danza contemporánea se atreva a llevar a su territorio un texto teatral, menos aún si se trata una obra fundamental de mediados del s.XX como Esperando a Godot de Samuel Beckett. La radical novedad de su concepción teatral y la enorme repercusión que tuvo en las décadas siguientes – por no hablar de los ríos de literatura interpretativa que ha suscitado y sigue suscitando — lo han convertido en un texto casi sagrado del teatro universal.

Pero la Compañía que dirige Luz Arcas lleva desde 2009 haciendo montajes osados con creciente buena aceptación (Éxodo. Primer día fue nominada a los Premios Max hace dos años) y este Godot no parece que le vaya a la zaga.

Además, en la obra de Beckett, ya los personajes, además decir sus textos, cantan, bailan, corren, se abrazan, se caen, se levantan, se tocan, se pelean, se zurran y no paran de dar muestras de su radical humanidad, aparte de esperar al que nunca llega y que al final, deciden mandar a la porra.

Por eso quizás resulta tan acertado que Luz Arcas y su dramaturgo, Abraham Gragera, aborden la obra desde un punto de vista radicalmente distinto al encasillamiento de “teatro del absurdo” donde tan tempranamente se incluyó a Godot y, que enfoquen la situación y el desarrollo de los desolados y a la vez cómicos personajes –los que están y los que pasan—con una visión profundamente humanista, tanto en el sentido de su pura fisicalidad como en el de sus anhelos inefables, que, como es bien sabido, es el territorio propio de la danza.

Clave en este montaje resulta la participación del pianista y compositor Carlos González tocando el piano en el escenario. Y tocando cosas tan absolutamente alejadas del Godot tópico como el Claro de Luna de Beethoven, que primero aborda ortodoxamente y luego va desconstruyendo a su manera, como hace también con una sonata de Shostakóvich. Resulta clave no sólo porque su presencia y su buen hacer musical contribuyen decisivamente al sentido de ceremonia escénica que se quiere dar a este montaje si no también porque consigue acompañar, y en algunos momentos, iluminar la coreografía de Luz Arcas de una forma natural, nada impositiva o imperativa.

Coreográficamente el trabajo de Luz Arcas (como el lenguaje de Beckett para la escena, por cierto) se basa en el ritmo. Todo parte de los zapatos de Estragón, que tienen un papel fundamental aquí como en la obra original. Ritmos distintos en cada escena, en cada personaje y en cada situación, de los que parte el diseño coreográfico de encuentros y desencuentros, de peleas y abrazos, de aceleraciones y silencios, para ir creando las distintas melodías de movimiento que parecen inspirar al pianista, más que al revés, en un estilo propio, mas naturalista y atlético que estilizado, pero que convierte las sensaciones en sentimientos de forma original y eficaz.

Los intérpretes, la propia Arcas encarna a Estragón, Begoña Quiñones como Vladimir, Ignacio Jiménez el esclavo Lucky –quién declama parte de su famosa tirada del primer acto debidamente caído, con voz y cara de palo, sin una concesión—y Juan Manuel Ramírez como Pozzo, están totalmente inmersos en su papel y realzan el nivel, ya muy alto, de la coreografía.

Mercedes Rico

Crédito: Javier Suárez

Pie de foto: Un momento de la representación de La voz de nunca