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04.X.2015. Reposición para la clase media

  Temporada 2015/2016. Palau de les Arts Reina Sofía. Sala Principal 04-X-2015 GIORDANO LUCÀ. ALDO HEO. MICHAEL BORTH. ANGEL BLUME. GERMÁN OLVERA. FELIPE BOU. PABLO ARANDAY. LINA MENDES. DAVIDE LIVERMORE, director de escena, escenografía e iluminación. COR DE LA GENERALITAT VALENCIANA. FRANSESC PERALES, director. ORQUESTA DE LA COMUNIDAD VALENCIANA. MANUEL COVES, director musical.   Giacomo Puccini: La Bohème Aforo: 1.412 Asistencia: 100%     Davide Livermore tiene fama de sacar el máximo provecho a recursos ajustados allá donde está. Además, el nuevo Intendente-Director Artístico del Palau de Les Arts ha hecho alusión, en más de una ocasión, al carácter público…

 

Temporada 2015/2016. Palau de les Arts Reina Sofía. Sala Principal

04-X-2015

GIORDANO LUCÀ. ALDO HEO. MICHAEL BORTH. ANGEL BLUME. GERMÁN OLVERA. FELIPE BOU. PABLO ARANDAY. LINA MENDES. DAVIDE LIVERMORE, director de escena, escenografía e iluminación. COR DE LA GENERALITAT VALENCIANA. FRANSESC PERALES, director. ORQUESTA DE LA COMUNIDAD VALENCIANA. MANUEL COVES, director musical.

 

Giacomo Puccini: La Bohème


Aforo: 1.412 Asistencia: 100%

 

 

Davide Livermore tiene fama de sacar el máximo provecho a recursos ajustados allá donde está. Además, el nuevo Intendente-Director Artístico del Palau de Les Arts ha hecho alusión, en más de una ocasión, al carácter público de este proyecto. Son dos aspectos a los que estamos muy poco acostumbrados en la corta vida de este teatro de origen cortesano. Sobre esas premisas ha propuesto acercar la ópera a todos los ciudadanos de Valencia (extranjeros siguen llegando por doquier), por lo que durante la pretemporada podrán ver, a precios económicos, la reposición de La Bohème, el estreno de Katiuska de Pablo Sorozábal, la presentación de Fabio Biondi como co-director de la OCV y un espectáculo con música de Berlioz. No está mal. Los ciudadanos de clase media se podrán acercar a escuchar las melodías puccinianas como si de los bañistas de Picnic en el Báltico (1930) se tratase a la hora de disfrutar del mar. Esta fotografía de Herbert List que ilustra el programa de mano retrata a una familia de clase media en sus horas de asueto. Es una composición similar a las de Georges Seurat, en las que inmortaliza los paseos dominicales y baños de los trabajadores parisinos en el Sena, en las mismas fechas en las que se estrenó la obra de Puccini. Otra interesante novedad: la colaboración con el IVAM.

El de Lucca, junto a Giacosa e Illica, al simplificar el argumento de la novela de Henri Murger, firmaron una obra en la que argumento y música son todo uno. No solo por el consabido uso del leitmotiv, sino porque la última es la argamasa del primero. Por ello, los contrapuntos y las armonías han de ser dichos con sumo interés, y la disciplina en la orquesta ha de ser máxima. No puede haber descuidos. Por otra parte, todo se ha de armar con tranquilidad, imperceptiblemente, para que fragüe el basamento de la melodía. Si no es así a La Bohème se le ve esa facilidad y sensiblería de la que algunos críticos acusan al compositor. La música es la que lleva a darse cuenta de la elipsis que se presenta en “Che gelida manina” o del flashback del cuarto acto, pero hay que señalar tal intención. Manuel Coves no siempre recurrió a esas estrategias. Los dos primeros actos resultaron atolondrados, más en la escena del Momus, en la cual no sabíamos dónde localizar a los personajes en sus diferentes intervenciones, y el coro tuvo algún que otro vaivén de tan ligero el tempo. La preparación del encuentro entre Rodolfo y Mimí en la buhardilla también resultó apresurada. Al final, la reposición del primer motivo de la ópera resultó poco definido. Se ha de decir al oyente que todo vuelve a comenzar para terminar definitivamente. La suite de danzas tuvo poca gracia y no contrastó con el pathos que llena la conclusión. La lectura de Coves quitó hierro al asunto como si de un constipado se tratara. Solo en los acordes de trompas del final pudimos sentir el gélido aliento de la parca.

En lo vocal destacó el bello y gran sonido de Angel Blue, muy afinada en el agudo del final del primer acto. Preparó su parte del dúo inicial con tal delicadeza que el clímax en “Il primo bacio dell’aprile è mio” fue todo un latigazo de emoción. No obstante, su entrada en el tercer acto resultó un poco exagerada vocalmente. Su trabajo escénico fue controvertido: demasiado sonriente en el primer encuentro con Rodolfo y vigorosa a pesar de tener “los huesos rotos” al final. Giordano Lucà tiene un sonido bonito y ligero, interpreta su parte con mucha facilidad y musicalidad. A los compañeros de Rodolfo hay que agradecerles su entusiasmo. Estuvieron correctos en lo vocal, aunque en más de una ocasión tuvimos que esforzarnos para poder escuchar a Aldo Heo. Lina Mendes quedó una tanto lineal en la progresión de Musetta, más ingenua que frívola. El coro de niños lució a pesar de todas las dificultades y un momento sutil del de mayores lo encontramos en la pequeña intervención de los clientes de la taberna ante el fielato.

En cuanto a la escenografía, remitiremos al amable lector a la reseña del estreno de esta producción que en su momento publicó Audioclasica.com. Añadiremos que en medio del drama hay tres momentos, equiparables a la risa nerviosa que surgía en los largos velatorios caseros de antaño, en los que músico y libretistas parecen divertirse al contraponer una música muy seria a un asunto ligero, y viceversa. El primero es la aludida suite de danzas, y los otros dos, la entrada de Benoît y el aria en la que Colline se despide de su “Vecchia zimarra”, con trasfondo político. No se entendieron aquí el director de escena y el musical y los tres estuvieron faltos de significación en el conjunto, a pesar del buen trabajo de los cuatro artistas. No entendimos porqué Livermore hace desfilar a los personajes del circo de Nochebuena en retirada al inicio del tercer acto si entre el segundo y éste trascurren dos meses y no una jornada.

Daniel Martínez Babiloni

Crédito: Tato Baeza

Pie de foto: Escena final de La Bohème