Audioclasica

09.X.2015. Demasiada expectativa

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Ciclo Sinfónico OCNE. Auditorio Nacional de Música 09-X-2015 ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑA. JEAN-GUIHEN QUEYRAS, piano. VLADIMIR ASHKENAZY, director. P. Tchaikovsky: Romeo y Julieta F. Haydn: Concierto para violonchelo y orquesta en do mayor, Hob VIIb: 1 A. Dvorak: Sinfonía No. 8 en Sol Mayor, op. 88   Aforo: 2.324 Asistencia: 95%     Vladimir Ashkenazy es uno de esos directores intérpretes a los que es obligatorio ir a escuchar, de esos que han cultivado los estudios de quienes antes o después han pasado por un Conservatorio, y de los que los melómanos tienen, con razón, en una alta estima. Que…

Ciclo Sinfónico OCNE. Auditorio Nacional de Música

09-X-2015

ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑA. JEAN-GUIHEN QUEYRAS, piano. VLADIMIR ASHKENAZY, director.

P. Tchaikovsky: Romeo y Julieta

F. Haydn: Concierto para violonchelo y orquesta en do mayor, Hob VIIb: 1

A. Dvorak: Sinfonía No. 8 en Sol Mayor, op. 88

 

Aforo: 2.324 Asistencia: 95%

 

 

Vladimir Ashkenazy es uno de esos directores intérpretes a los que es obligatorio ir a escuchar, de esos que han cultivado los estudios de quienes antes o después han pasado por un Conservatorio, y de los que los melómanos tienen, con razón, en una alta estima. Que el director ruso siga manteniéndose en escena, y que acepte la invitación del ciclo sinfónico para dirigir en Madrid es de agradecer, y sin duda una oportunidad que todo amante de la música debe aprovechar. Si además viene acompañado del violonchelista Jean Guihen Queyrás, y en el programa no figura la típica pieza contemporánea de trámite que suele abrir el concierto, todo indica que habrá de ser un evento memorable.

Pero si uno revisita los conciertos previos de esta temporada, dirigidos por el actual titular David Afkham, se encuentra con la sensación de que la orquesta ha sonado mejor, más cohesionada y más expresiva con el joven director alemán que con el veterano director ruso. Acaso le faltó a la orquesta la contundencia y el carácter, la brillantez del tempo y el sonido vibrante mostrados en los conciertos precedentes. Al final queda la sensación simple de que Ashkenazy dirige su repertorio mientras que Afkham dirige a su orquesta.

Y que Queyras, no lo olvidemos, toca su concierto… pero no con la calidad que podría esperarse de un músico tan afamado que posee un valioso Gioffredo Cappa de 1696. Su sonido, en cualquier caso, resultó impecable y amplio en todo momento, y su presencia musicalmente motivadora, pero su afinación se sintió constantemente imprecisa. La orquesta acompañó excepcionalmente el concierto de Haydn pero al final se desbarató con la elección de un tempo demasiado rápido que provocó numerosas notas falsas y atropellos por parte del solista. La elección del tempo, en todo caso, es asunto suyo. Como lo fue también su interpretación del conocido Preludio de Bach, que ofreció como propina insuflándole más bien un aire romántico, sin un pulso estable perceptible. Y al término, por cierto, no se presentó a la firma de discos anunciada en el hall del auditorio, y dejó plantados y mohínos a quienes se pasaron el descanso haciendo cola para ello.

Jorge Baeza Stanicic

Crédito: Yosimori Mido

Pie de foto: El violonchelista Jean-Guihen Queyras