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04.XII.2015. A veces, navegar nuevas aguas sienta bien

  Temporada 2015/2016. Otoño 2015. Abono 8. Palau de la Música. Sala Iturbi 20-XII-2015 H.J. LIM, piano. ORQUESTA DE VALENCIA. PABLO GONZÁLEZ, director. Obras de Sibelius, Grieg y Nielsen.     Aforo: 1.817 Asistencia: 80%     Inmerso como está el Palau de la Música de Valencia en transitar de la mejor manera posible de la llamada vieja política a la nueva, se le ha pasado celebrar dos de las citas más importantes del año: el 150 aniversario del nacimiento de Carl Nielsen (9 de junio) y de Jean Sibelius (8 de diciembre). Ni siquiera, en este concierto que incluía…

 

Temporada 2015/2016. Otoño 2015. Abono 8. Palau de la Música. Sala Iturbi

20-XII-2015

H.J. LIM, piano. ORQUESTA DE VALENCIA. PABLO GONZÁLEZ, director.

Obras de Sibelius, Grieg y Nielsen.

 

 

Aforo: 1.817 Asistencia: 80%

 

 

Inmerso como está el Palau de la Música de Valencia en transitar de la mejor manera posible de la llamada vieja política a la nueva, se le ha pasado celebrar dos de las citas más importantes del año: el 150 aniversario del nacimiento de Carl Nielsen (9 de junio) y de Jean Sibelius (8 de diciembre). Ni siquiera, en este concierto que incluía obras de ambos. En otros lugares los dos compositores han llenado las agendas de orquestas, solistas y directores a lo largo del año. En abril se desarrolló en Estocolmo un festival dedicado a sendos autores con los mejores conjuntos escandinavos. Desde Nueva York, Alan Gilbert encabezó The Nielsen Project, al que se adhirieron los auditorios de Valladolid, Barcelona, A Coruña y Oviedo. En el caso de Sibelius, la lista de ciudades españolas donde se ha interpretado especialmente alguna de sus obras es más numerosa. La Orquesta de Euskadi paseó en septiembre un exitoso Kullervo. El mismo fin de semana en el que se celebró el concierto que reseñamos, El País dedicó a este compositor su suplemento cultural con tres interesantes artículos. Simultáneamente, en Hämmelinna, su ciudad natal, comenzaba el sexto congreso internacional dedicado al estudio de su vida y obra.

En Valencia, el 18 de enero, Sir Mark Elder y The Hallé abordaron su 5ª Sinfonía. Casi en víspera del aniversario del finés, Pablo González optó por incluir Finlandia, op. 26, en este programa. Desconozco si con tal intención. Dicen que la ocasión la pintan calva, y esta era perfecta para contar, por ejemplo, que José Iturbi estrenó en Valencia dicho poema sinfónico en 1957, el año de la riada. Que en enero de 1977 lo dirigió un jovencísimo Riccardo Chailly invitado por la entonces Orquesta Municipal. Más allá de lo anecdótico, cabía acercar al aficionado al Sibelius actual. Aquel del que están hablando los especialistas, ya que sigue siendo un gran desconocido en estos lares. Así, se le podría haber dicho que el finlandés no es meramente una “curiosidad nacionalista”, más bien lo contrario. Según Leah Broad es un compositor cosmopolita al tanto de las novedades que surgen. También, en las de las grabaciones de su música, como apunta Pablo L. Rodríguez en el citado suplemento. Para mí la carrera de Sibelius supone la búsqueda constante de un lenguaje que finalmente no encuentra, en medio del marasmo estético de la Europa de entreguerras. Por ello opta por un silencio ahogado en alcohol.

De Finlandia, la musicóloga y escritora Minna Lindgren dice que inicialmente no era una pieza patriótica. En su inspiración surge una locomotora a vapor que sale de la estación y un himno que “no estaba pensado para cantarse”. Todo lo demás fue sobrevenido. En su lectura, Pablo González realzó precisamente el carácter heroico del tema inicial y la solemne intencionalidad del fraseo en el himno. La falta de empaste de la fanfarria inicial hizo temer lo peor, pero fue solo un instante poco afortunado. El director equilibró el balance de los metales y consiguió una sonoridad de la orquesta rica y redonda.

También Carl Nielsen es casi un desconocido. La de esta tarde era la primera vez que la OV ponía en el atril su Sinfonía nº 4, op. 29, “Lo inextinguible”. ¡Casi en el centenario de su estreno! Su aniversario y esta tardía interpretación se merecían mejor trato divulgativo, que no musical. Éste fue exquisito. Una mirada del director bastó para llamar al orden a trombones y tuba al enunciar el tema en el diminuendo del final del primer movimiento. La aspereza del primer acorde también fue un hecho puntual, el resto lució ajustado, sonoras las violas y bonitos colores entre maderas. González forzó la dinámica hacia el piano para preparar un amable intermezzo casi a modo de danzarín trío. La continuidad con el “Poco adagio” la facilitó el clarinete solista con un extremado pianissimo. La tercera parte fue equilibrada en lo sonoro, tuvo la adecuada tensión y continuidad musical para dejar asomar cierto paisajismo. Casi se pudieron intuir reminiscencias malherianas. En el final, la batuta combinó un férreo marcaje gestual para facilitar la precisión en la cuerda y una extremada expresividad en los pasajes legati. Después del brillante duelo de timbales la orquesta pudo cantar a sus anchas con empaque y bonito sonido. El público tributó algún que otro bravo al finalizar.

Como solista, esta cita contaba con el debut de la pianista sur coreana H.J. Lim. En los atriles, otro músico nórdico: Edvard Grieg. La crítica internacional ha dicho de ella que es creativa, imaginativa y extrovertida. De su integral de las Sonatas de Beethoven (EMI 2012) se dijo que es sorprendente, incluso insolente. Su versión de la Pathétique ha sido tildada de extraña. Solo hay que ver como titula cada uno de los cuatro volúmenes: “Ideales heroicos; eterno femenino: juventud”, “Afirmación de una inflexible personalidad: naturaleza”, “Extremos en colisión: resignación y acción” y “Eterno femenino: madurez. Destino”. Sus Valses nobles et sentimentales parecen casi desconocidos y La Valse es arrolladoramente descarnada (EMI 2014). ¿No resulta atractiva? Además, Lim conoce bien al director asturiano. En 2014 abordaron con la OBC, con rotundo éxito de público, tres de los cuatro conciertos para piano y la Rapsodia sobre un tema de Paganinide Rachmaninov en un festival celebrado en tres días consecutivos.

El Concierto para piano en la menor, op. 16, de Grieg destacó por el mimo que solista y director pusieron en el tratamiento melódico. El desgarro emocional llegó de la mano de la pianista en la cadencia del primer movimiento. Por algo dicen que es ultra romántica. Después, a la orquesta le sirvió un pianissimo delicado y delicioso para retomar el tema. El “Adagio” fue hondo en expresión y evocador. González consiguió sacar brillo a las voces internas de la orquesta y junto a la coreana extremaron los matices dinámicos para llegar a un final virtuosamente scherzado. En su bis puso al descubierto su temperamento al abordar con mucho nervio una versión propia, y de impacto, de la canción folklórica Arirang, himno no oficial de Corea (disponible en YouTube).

El programa presentado por Pablo González me recordó una divertida escena de un capítulo de Mozart in the jungle. En él una pareja de espectadores conversa sobre el concierto de esa tarde. El maestro Rodrigo de Souza (caricatura de Gustavo Dudamel) dirige a la voluptuosa y exagerada Anna Maria en el Concierto para violín de Sibelius. La señora, bastante más mayor que su acompañante, pregunta: “Marlon, ¿no era la noche Mahler?”. A lo que éste contesta: “A veces, hay que navegar nuevas aguas”. “¿Piensas en esta noche?”, le espeta seguidamente la dama. En este concierto de no celebración las “nuevas aguas” le sentaron muy bien a una OV que no tardará en sonar de nuevo en Radio Clásica. Lo que le sucediera después al público no es de nuestra incumbencia.

Daniel Martínez Babiloni

Crédito: ®Mat Hennek, licensed exclusively to EMI Classics

Pie de foto: H.J. LIM