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29.XII.2015. Un barítono de los de antes

1 madrid rigolett 2015

Madrid. Teatro Real.  29.XII.2015. Giuseppe Verdi: Rigoletto Aforo: 1.854 Asistencia: 99% JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ, LISETTE OROPESA, PIERO PRETTI, ANDREA MASTRONI, JUSTINA GRYNGITE. NICOLA LUISOTTI, DIRECTOR. ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL.   Aún a riesgo de ir contracorriente, el que esto suscribe es de los que creen que el éxito de una producción de una obra como Rigoletto debe estar basado en la parte musical de la misma. Es necesario contar con un elenco excelente, pues por debajo de esa excelencia es imposible abordar un título como éste con garantías, así como con una orquesta y director capaces de…

1 madrid rigolett 2015

Madrid. Teatro Real. 

29.XII.2015.

Giuseppe Verdi: Rigoletto

Aforo: 1.854 Asistencia: 99%

JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ, LISETTE OROPESA, PIERO PRETTI, ANDREA MASTRONI, JUSTINA GRYNGITE. NICOLA LUISOTTI, DIRECTOR. ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL.

 

Aún a riesgo de ir contracorriente, el que esto suscribe es de los que creen que el éxito de una producción de una obra como Rigoletto debe estar basado en la parte musical de la misma. Es necesario contar con un elenco excelente, pues por debajo de esa excelencia es imposible abordar un título como éste con garantías, así como con una orquesta y director capaces de responder a las irregularidades de una partitura que oscila peligrosamente entre lo dramático y lo efectista. No es fácil interpretar una obra que aúna unas dificultades vocales olímpicas al riesgo de caer en lo ordinario, en lo obvio, en la sobreactuación más demagógica y facilona. Pero no ha sido el caso esta vez.

La dirección musical de Luisotti, apoyado en una orquesta en estado de gracia, resultó emocionante, cuidadísima en los momentos más líricos (valga como ejemplo el maravilloso fraseo en la introducción del dúo “Tutte le feste al tempio”), y con el brío necesario en las partes de mayor violencia, pero sin caer en la vulgaridad, y cuidando siempre a sus cantantes, sin ahogarlos bajo la marea instrumental, mimando sus cadencias, dejando brillar sus voces. Un gran trabajo.

El elenco vocal estuvo a la altura de las exigencias, encabezado por el anonadante Rigoletto de Juan Jesús Rodríguez. El barítono onubense posee una auténtica voz verdiana: timbrada, oscura y brillante a partes iguales (el famoso chiaroscuro del que hablan como ideal los más prestigiosos tratadistas vocales, como García o Lamperti), de gran potencia y penetración, que el cantante sabe manejar para extraer una gran paleta de matices y colores. Su actuación fue equilibrada, emotiva, y supo despertar a un público frío, debido a la puesta en escena de la que más tarde hablaremos, con un apabullante “Cortigiani”, y un tercer acto a la altura de los más grandes intérpretes de este rol. Una vez más estamos ante un caso de un cantante obviado por la industria del marketing operístico que encumbra a cantantes mediocres y olvida a otros que, como Rodríguez, merecen una mayor atención.

Lisette Oropesa fue una estupenda Gilda, tanto en lo vocal como en lo actoral, sin caer en cursiladas o ñoñerías tan habituales en un rol tan desdibujado como este. Con una voz suficiente, dúctil, de bello color, supo dotar a su carácter de la candidez necesaria y dar la réplica en los dúos a su padre, que se acabaron convirtiendo en los mejores momentos de la noche.

A su vez, Piero Pretti cantó su dificilísimo rol con gran maestría. Ya desde la difícil “Questa o quella” pudimos ver que estábamos ante un tenor de enorme solvencia. Si no despertó más fervor entre el público quizás se deba a que su voz no es especialmente bella, y a que los espectadores van hoy en día al teatro con Pavarotti o Kraus en sus cerebros y no es fácil luchar contra esos tremendos fantasmas. En mi opinión fue un Duca excelente y mereció mayor entrega del respetable.

Andrea Mastroni fue un Sparafucile muy adecuado en lo vocal, aunque quizás tiende a la sobreactuación, con el riesgo de caer en lo guiñolesco en un papel ya de por sí bastante incongruente. Su hermana, Justin Gringyte encabezó una nómina de más que correctos comprimarios, entre los que cabe destacar el sonoro Monterone de Fernando Radó y el enérgico Marullo de Àlex Sanmartí.

Lo peor de la noche es sin duda el oscuro y feo montaje de David McVicar, que ya podíamos “disfrutar” en un DVD grabado en el Covent Garden. Ya sabemos que la historia de la obra es la representación de la decadencia y la depravación de un rey, convertido en duque por la censura, pero no vemos la necesidad de subrayarlo de una manera tan soez, tan “realista” (dudamos de que el palacio de un duque pueda ser tan frío y desagradable, más teniendo en cuenta que la acción transcurre en Mantua).

La escenografía gélida hace que resulte muy difícil entrar en ambiente, algo que perjudica a una equipo musical muy por encima del regista, y tampoco resuelve las incongruencias del libreto, que las tiene y no pocas.

En definitiva, un Rigoletto para escuchar, para disfrutar con los oídos. 

Raúl Baglietto

Pie de foto: Tres escenas del Rigoletto en la producción de David McVicar.

Crédito fotográfico: Javier del Real