Audioclasica

24.I.2016. In excelsis

ss   Barcelona. L’AUDItori. 24-I-2016 THE MONTEVERDI CHOIR. THE ENGLISH BAROQUE SOLOISTS. SIR JOHN ELIOT GARDINER, director.     Obras de W. A. Mozart   Aforo: 2.203 Asistencia: 99%     In excelsis no es solo esa última frase que culmina en expansivo clímax la Gran Misa en Do menor KV 427 de Wolfgang Amadeus Mozart. In excelsis es también el espacio al que elevaron sir John Eliot Gardiner, el Monteverdi Choir y los English Baroque Solists a los dos mil afortunados componentes del público del Auditori durante este memorable concierto. E in excelsis es el lugar exacto de la…

ss

 

Barcelona. L’AUDItori.

24-I-2016

THE MONTEVERDI CHOIR. THE ENGLISH BAROQUE SOLOISTS. SIR JOHN ELIOT GARDINER, director.

 

 

Obras de W. A. Mozart

 

Aforo: 2.203 Asistencia: 99%

 

 

In excelsis no es solo esa última frase que culmina en expansivo clímax la Gran Misa en Do menor KV 427 de Wolfgang Amadeus Mozart. In excelsis es también el espacio al que elevaron sir John Eliot Gardiner, el Monteverdi Choir y los English Baroque Solists a los dos mil afortunados componentes del público del Auditori durante este memorable concierto. E in excelsis es el lugar exacto de la eminencia, de la grandiosidad, de la exquisitez en el que instala Gardiner cada nota, cada minucioso detalle rítmico, cada juego de volúmenes.

Y poco más vale la pena escribir, porque hay cosas inefables y esta es una de ellas. Expresar el milagro por el cual una orquesta, un coro y unos solistas son capaces de tal perfección interpretativa precisaría de otro tipo de comunicación, porque aquí cualquier lenguaje verbal no alcanza el rango de pálido trasunto de la música.

No, el lenguaje no sabe, no puede decirlo. El lenguaje se queda en lo anecdótico, en lo trivial: en que la anunciada Sinfonía n. 40 en Sol Menor K 550 fue sustituida por la “Júpiter”; en que las pausas entre movimientos fueron perturbadas, como sucede todos los días en todos los escenarios barceloneses, por una insoportable batahola de toses digna de un sanatorio de tísicos, de tal manera que un atribulado Gardiner, sabio hasta para eso, acabó por reducir su duración tanto como pudo; en que los integrantes del Monteverdi Choir hicieron gala de su disciplina hasta para los movimientos de separación e integración en doble coro que la partitura exige. Todo eso puede decirse y a buen seguro que el lector llegará a hacerse una idea cabal de lo que lee.

Pero aspirar a transmitirle la pureza sonora de la orquesta –¡qué trompas, qué fagots, qué perfección de cuerdas!–, o el impecable refinamiento coral, o la serena exactitud de los solistas –con el timbre celestial de Amanda Forsythe emitiendo un Et incarnatus est transfigurador– resulta de todo punto imposible con palabras convencionales.

Por eso, permítaseme que recurra a los versos de quien supo bien las limitaciones del lenguaje para expresar experiencias en buena medida similares a la mística que Gardiner nos proporcionó: “Traspasa el aire todo / hasta llegar a la más alta esfera, / y oye allí otro modo / de no perecedera / música, que es la fuente y la primera”.

Javier Velaza

Crédito: © Chris Christodoulou