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29.I.2016. Una flauta en 2D

1 MADRID Flauta

Madrid. Teatro Real.  29.I.2016. W. A. Mozart: La flauta mágica Aforo: 1.854 Asistencia: 99% SYLVIA SCHWARTZ, NORMAN REINHARDT, RAFAL SIWEK, KATHRYN LEWEK. IVOR BOLTON, DIRECTOR.   La flauta mágica arrasó por el Real en olor de multitudes -llenos absolutos- y dejando atrás una potente estela iconográfica en prensa y redes sociales. El concepto -pergeñado desde la Ópera Cómica de Berlín- consistió en transformar la obra en una película de cine mudo, manteniendo -eso sí-, los números musicales. Una idea con raíces muy profundas en el séptimo arte si tenemos en cuenta The jazz singer, obra pionera del cine sonoro estrenada en…

1 MADRID Flauta

Madrid. Teatro Real. 

29.I.2016.

W. A. Mozart: La flauta mágica

Aforo: 1.854 Asistencia: 99%

SYLVIA SCHWARTZ, NORMAN REINHARDT, RAFAL SIWEK, KATHRYN LEWEK. IVOR BOLTON, DIRECTOR.

 

La flauta mágica arrasó por el Real en olor de multitudes -llenos absolutos- y dejando atrás una potente estela iconográfica en prensa y redes sociales. El concepto -pergeñado desde la Ópera Cómica de Berlín- consistió en transformar la obra en una película de cine mudo, manteniendo -eso sí-, los números musicales. Una idea con raíces muy profundas en el séptimo arte si tenemos en cuenta The jazz singer, obra pionera del cine sonoro estrenada en 1927, precisamente la fecha adoptada como alias por los directores artísticos.

Como también una propuesta acorde con los nuevos tiempos, exigentes de una síntesis entre experimentación y modernidad que no esté reñida con la venta de entradas.

La producción se apoya en una potente propuesta visual basada en la proyección de decorados y acciones secundarias en rigurosa sincronización con la partitura, la reducción del escenario a un plano vertical, y la sustitución de los diálogos hablados por cuadros de texto -a la manera del cine mudo- acompañados desde el fortepiano con diversas fórmulas musicales extraídas principalmente de la Fantasía en Re menor K.397 del compositor de Salzburgo.

Un planteamiento muy acertado, habida cuenta las analogías existentes entre ambos medios -el singspiel y el cine mudo-, tanto en su carácter popular, su ingenuidad dramática y -como es también el caso del cine mudo alemán- un idealismo moral expresado a través del cuento y la fantasía. Y muy idóneo por su capacidad de traducir estas cualidades a un lenguaje cercano al público contemporáneo, además de contar de antemano con enormes posibilidades narrativas.

El ingente ingenio aplicado en la parte visual deja tal reguero de instantáneas que difícilmente podría concitar una aceptación o un rechazo totales. Entre los que se han conservado en nuestra retina, guardamos grato recuerdo de la serpiente de la escena final o la gran escena de Pamina, y no tan grato de la caracterización como arácnido de la Reina de la Noche.

Pese a lo prometedor de dicho planteamiento, la apuesta no ha dejado de sufrir importantes efectos colaterales. El primero, los límites impuestos al movimiento escénico de los cantantes, prisioneros de unas posiciones fijas en un plano bidimensional, y severamente cercenados en su interacción. El segundo, el carácter fuertemente intrusivo de la imagen y su carácter alienador frente a la música, un medio mucho más frágil y que, de no dictar su ritmo a la escena, acaba convirtiéndose en una mera banda sonora. 

Un tercer efecto colateral, aunque éste claramente minimizable, resultó de no adaptar las tonalidades de los acompañamientos pianísticos de los episodios mudos a las de los números musicales subsiguientes -¡qué provechoso habría resultado aquí el arte modulatorio del recitativo seco!-, agudizando la discontinuidad del discurso en lugar de mitigarla. 

Lamentablemente, todo ello restó presencia y protagonismo a la muy meritoria parte musical, tanto a la vocal como a la orquestal. Si bien Ivor Bolton no es un director muy dado a la imaginación y las sorpresas, nos regaló una aseada e irreprochable -aunque algo inmisericorde en el pulso- lectura en clave historicista, eficazmente realizada por la orquesta titular.  

La parte vocal estuvo presidida por la matizada Pamina de Sylvia Schwartz, de dicción clara y sensible fraseo, y secundada de cerca por el noble Sarastro -y Orador- de Rafal Siwek y la segura -tanto en ritmo como en agudos- Reina de la Noche de Kathryn Lewek. Norman Reinhardt hizo un correcto Tamino, cumplidor en su aria del retrato aunque corto de variedad en sus múltiples cometidos -escena con el orador, escena de los hombres armados-. 

Por su parte, los locales Gabriel Bermúdez y Mikeldi Atxalandabaso abordaron sus personajes -Papageno y Monostatos, respectivamente- con altas dosis de estilo e idiomatismo, mientras el resto de secundarios cumplieron sobradamente sus cometidos.

 

Rafael Fernández de Larrinoa

Pie de foto: Tres escenas de La Flauta Mágica en la producción firmada por 1927 (Suzanne Andrade, Paul Barritt) y Barrie Kosky.

Crédito fotográfico: Javier del Real