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01.II.2016. Un protagonista de referencia

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TEMPORADA OPERA. OPÉRA DE PARÍS (Bastille) 01-II-2016 BECZALA, GARANÇA, DEGOUT, TSALLAGOVA, GAY. CORO Y ORQUESTA DEL TEATRO. Director: SAGRIPANTI. Puesta en escena: JACQUOT J.Massenet: Werther     Aforo: 2.700   Asistencia: 100%   Por fin una versión ‘tradicional’ en el buen sentido, esta que se originó en Londres en 2004 de la mano de Benoît Jacquot, de factura magnífica en cuanto a luz y vestuario (todo el conjunto ha sido retrabajado por Christian Gasc en los trajes –sensacionales- y por André Diot en el aspecto de iluminación, también importante y absolutamente acorde con texto y música; los decorados originales de Charles…

TEMPORADA OPERA. OPÉRA DE PARÍS (Bastille)

01-II-2016

BECZALA, GARANÇA, DEGOUT, TSALLAGOVA, GAY. CORO Y ORQUESTA DEL TEATRO. Director: SAGRIPANTI. Puesta en escena: JACQUOT

J.Massenet: Werther

 

 

Aforo: 2.700   Asistencia: 100%

 

Por fin una versión ‘tradicional’ en el buen sentido, esta que se originó en Londres en 2004 de la mano de Benoît Jacquot, de factura magnífica en cuanto a luz y vestuario (todo el conjunto ha sido retrabajado por Christian Gasc en los trajes –sensacionales- y por André Diot en el aspecto de iluminación, también importante y absolutamente acorde con texto y música; los decorados originales de Charles Edwards son sencillos, pero eficaces), y que deja espacio a los cantantes, pero sin dejarlos librados a su suerte. La enfermedad de Michel Plasson (un pronto restablecimiento, maestro) bastante sobre la hora permitió al joven Giacomo Sagripanti (que debía debutar unas semanas más tarde con El barbero rossiniano) hacer una presentación inesperada y bienvenida. Por supuesto que habrá margen para afinar. Hay momentos de gran orquesta en Massenet que engolosinan a un director, pero pueden poner en peligro a los cantantes: fueron sorteados casi todos con habilidad, la orquesta sonó muy bien y pareció tener química con el nuevo maestro y el público aplaudió complacido.

El reparto no tuvo errores, comenzando por los dos borrachos del pueblo, Rodolphe Briand (Schmidt) y Lionel Lhote (Johann), ambos bien conocidos por su labor en Bélgica, en particular en Lieja. Paul Gay, uno de los buenos finalistas de uno de los concursos de canto de Bruselas, hizo un buen ‘Bailly’, con una voz sólo por momentos rígida. Stèphane Degout fue un lujo como ‘Albert’ (esperemos que, como fue el caso con Tézier, pueda alguna vez afrontar la parte del protagonista), y Elena Tsallagova confirmó las expectativas despertadas hace un tiempo con su muy bien cantada e interpretada ‘Sophie’. Elina Garança es una ‘star’. Su ‘Charlotte’ fue la que menos me convenció, aunque estuvo muy por encima de mis recuerdos de su interpretación en Viena. Es bellísima, se mueve bien, pero como siempre parece siempre distante, reservada, y no sólo en su actuación. La voz demostró tener buen volumen y color, pero sobre todo en la zona aguda, mientras centro y sobre todo grave fueron menos persuasivos aunque, por ejemplo, superiores a su apenas correcto y nada interesante ‘Requiem’ verdiano en la Scala hace un par de años. Pero todo esto hubiera sido insuficiente sin el gran titular que esta ópera requiere. Por suerte lo hemos tenido, y en abundancia. Piotr Beczala sigue siendo un gran cantante y artista, no sólo un gran tenor (la cuerda se le da por añadidura). No se trata sólo de sus agudos, de su color, de su participación activa en un personaje en el que se ve que cree y con el que comunica. Tal vez tampoco de su completa técnica, de su estilo acabado, de su francés de manual; hay tantísimas frases en esta obra que pueden ser perfectamente dichas o cantadas en modo ‘neutro’ o convencional y no dejan de tener su efecto; la forma en que el polaco las matiza, les comunica una emoción gracias a un uso sapientísimo –que parece natural- de la media voz son algo casi del otro mundo, absolutamente modélica (ejemplar siempre, pero de niveles alucinantes en el segundo acto en el diálogo con ‘Albert’, un momento que nadie destacaría de entrada en un gran ‘Werther’). Por supuesto todos fueron muy ovacionados y él algo más. Con las medidas de seguridad lamentablemente necesarias ahora los artistas no pueden como antes recibir al público que los espera en la cómoda recepción de la entrada de artistas sino en plena calle. No me quedé, pero con el frío que hacía a esas horas (tuvimos derecho, menos mal, a los dos intervalos más que necesarios) era curioso ver cuántos se amontonaban esperándolos, entre ellos algunos polacos sumamente orgullosos de su compatriota. Ojalá tuviéramos muchas veladas como esta.

Jorge Binaghi

Crédito: (c) Emilie Brouchon