Audioclasica

02.II.2016. Ser Pogorelich

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CICLO GRANDES INTÉRPRETES 2016. FUNDACIÓN SCHERZO. AUDITORIO NACIONAL DE MÚSICA DE MADRID. SALA SINFÓNICA 02-II-2016 IVO POGORELICH, piano. Obras de Liszt, Schumann, Stravinski y Brahms Aforo: 2.324 Asistencia: 90%         Cuántas cosas se han podido decir sobre Ivo Pogorelich desde los orígenes de su carrera, desde iconoclasta a rebelde, pasando por l’enfant terrible… ahora, libradas duras batallas vitales, y en plena madurez, musical y humana, Pogorelich, que huye de calificativos y etiquetas, sigue siendo un pianista diferente, y más aún, Pogorelich sigue siendo Pogorelich, único e irrepetible, una leyenda viva. Así como sus conciertos, que se constituyen…

Ivo Pogorelich

Ivo Pogorelich

CICLO GRANDES INTÉRPRETES 2016. FUNDACIÓN SCHERZO. AUDITORIO NACIONAL DE MÚSICA DE MADRID. SALA SINFÓNICA

02-II-2016

IVO POGORELICH, piano.

Obras de Liszt, Schumann, Stravinski y Brahms

Aforo: 2.324 Asistencia: 90%

 

 

 

 

Cuántas cosas se han podido decir sobre Ivo Pogorelich desde los orígenes de su carrera, desde iconoclasta a rebelde, pasando por l’enfant terrible… ahora, libradas duras batallas vitales, y en plena madurez, musical y humana, Pogorelich, que huye de calificativos y etiquetas, sigue siendo un pianista diferente, y más aún, Pogorelich sigue siendo Pogorelich, único e irrepetible, una leyenda viva. Así como sus conciertos, que se constituyen como una experiencia en sí mismos, con su correspondiente ritual. Quienes asistieron a este, primero de la temporada, siempre podrán decir aquello de: yo estuve allí. Una experiencia que comenzaba desde el momento en el que, para quienes llegaran con antelación, se lo encontrasen ensayando, con su llamativo gorro de color rojo, ajeno a cuanto hubiese alrededor. Pero obviamente, la experiencia de verdad se produciría con el propio concierto. Partituras en mano sobre la espalda y con ayuda para la ardua tarea de pasar las páginas, Pogorelich se disponía a recorrer una viaje épico, jalonado por cuatro cumbres en su programa. Parecía intuirse en él una declaración de principios, una suerte de retrato interior trazado por esa música, a modo de testimonio o confesión, que quizá no lo era, pero que en todo caso, constituía una epopeya en sí mismo, como lo es el propio Pogorelich. En la primera parte, de marcado carácter narrativo, tal vez la oscuridad, el infierno pasado y sus demonios, y quién mejor que Liszt y su Fantasía quasi una sonata en re menor, después de una lectura de Dante, nº 7 de Años de peregrinaje.Segundo año: Italia. Estremecedor de principio a fin, al tiempo que se advertía cierta falta de fluidez, como si una aparente inseguridad se apoderase de él, resolviendo cada pasaje con audacia y titubeos momentáneos, sin apartar un instante la vista del papel, algo que se hizo audible en ciertas imprecisiones, pero eso carecía de importancia ante una música que brotaba de las entrañas, caótica y descomunal a la vez. La siguiente montaña sería nada menos que la Fantasía en Do mayor, op.17 de Schumann, que subiría con el mismo equipaje que su homónima anterior, dando paso a la pasión y la melancolía en una interpretación tan elocuente como farragosa pero siempre sublime, dejando instantes de una belleza difícil de igualar, ahí se encontraban Eusebius y Florestan, y Pogorelich frente a sí mismo, pleno de sentido y carácter. Y la segunda parte, la apoteosis vital, luminiscente, quizá el feliz regreso y presente, con los incomparables y menos frecuentados de lo deseable Tres movimientos de Petrushka de Igor Stravinski. Atrás quedaba lo intrincado para dar paso a una claridad cristalina, de una energía proteica, salvaje, mágica… que Pogorelich coloreó en todos sus planos y contrastes sonoros y rítmicos. El 2º movimiento fue especialmente impresionante, como impresionante fue el modo de realizar esos sobrenaturales glissandi. La última parada del viaje, como última cumbre, fueron las Variaciones sobre un tema de Paganini en la menor, op. 35, dando una lección magistral, y no de simple virtuosismo, sino de pianismo puro, que acarició la perfección desde el tema a cada variación, en cada cuál Pogorelich parecía rejuvenecer. Una Ovación lógica entre bravos vio cómo Pogorelich, tras innumerables salidas al escenario para saludar, se marchaba sin obedecer a las demandadas y consabidas propinas a las que el público están tan ¿mal? acostumbrado. No había lugar para más, tras subir cuatro montañas así, no tenía sentido ponerse a dar saltos. Pero para eso, hace falta ser Pogorelich.

Juan Manuel Rodríguez Amaro

Crédito: www.ivopogorelich.com

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