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28.II.2016. No son nuestros muertos

Temporada 2015/2016. Palau de les Arts Reina Sofía. Sala Principal 28-II-2016 ALEJANDRO LÓPEZ. MARINA PRUDENSKAYA. MARÍA JOSÉ SIRI. RAFAEL DÁVILA. RICARDO ZANELLATO. GABRIELE VIVIANI. FABIÁN LARA. FEDERICA ALFANO. DAVID McVICAR-ALEX AGUILERA, director de escena. BALLET DE LA GENERALITAT. COR DE LA GENERALITAT VALENCIANA. FRANCESC PERALES, director. ORQUESTA DE LA COMUNIDAD VALENCIANA. RAMÓN TEBAR, director musical. Giuseppe Verdi: Aida Aforo: 1.412 Asistencia: 100%       Si tuviéramos que destacar a un solo protagonista de esta Aida, señalaríamos, sin duda, al principal director invitado de la OCV, Ramón Tebar. Ya había ocupado el foso de Les Arts, pero en esta ocasión…

Giuseppe Verdi: Aida

Giuseppe Verdi: Aida Palau de les Arts Reina Sofía. Sala Principal

Temporada 2015/2016. Palau de les Arts Reina Sofía. Sala Principal

28-II-2016

ALEJANDRO LÓPEZ. MARINA PRUDENSKAYA. MARÍA JOSÉ SIRI. RAFAEL DÁVILA. RICARDO ZANELLATO. GABRIELE VIVIANI. FABIÁN LARA. FEDERICA ALFANO. DAVID McVICAR-ALEX AGUILERA, director de escena. BALLET DE LA GENERALITAT. COR DE LA GENERALITAT VALENCIANA. FRANCESC PERALES, director. ORQUESTA DE LA COMUNIDAD VALENCIANA. RAMÓN TEBAR, director musical.

Giuseppe Verdi: Aida

Aforo: 1.412 Asistencia: 100%

 

 

 

Si tuviéramos que destacar a un solo protagonista de esta Aida, señalaríamos, sin duda, al principal director invitado de la OCV, Ramón Tebar. Ya había ocupado el foso de Les Arts, pero en esta ocasión se presentaba como tal. En un teatro abarrotado, guió la segunda de las cinco funciones previstas con una mano izquierda volátil y creativa. En la diestra cupieron los tempi estirados en las escenas más introspectivas, próximos a los de Lorin Maazel en 2010, y la vivacidad de la tanda de danzas, entre otros momentos. Marcando entradas por doquier y un sinfín de matices, Tebar ofreció una versión virtuosa en lo técnico, detallista en lo expresivo y tremendamente colorista en lo sonoro. Destacó el empaque de los metales desde el principio, la sensualidad del final del primer acto y una sonoridad mística en la introducción del tercero (bellísima la flauta). Por poner algún pero, diremos que no entendimos la forma de destacar el contrapunto de los metales sobre el forte de la melodía en el preludio y que se le desmandaron los bajos del coro en una de sus entradas por el fondo del escenario. No era fácil.

Marina Prudenskaya hizo evolucionar a su personaje con mucho acierto. Desde el celoso descubrimiento de Aida como su rival, hasta la estremecedora “Pace, t’imploro” transmitió esperanza, dolor, amor, angustia y, finalmente, rabia por haber puesto a Radamès en manos de los intransigentes sacerdotes, lo cual concluyó en un tremendo clímax orquestal. En su contra tiene que sus graves fueron inaudibles, sobre todo en los conjuntos. María José Siri acusó un agudo desabrido pero puso siempre la mejor intención. Fue persuasiva ante Radamès y tierna después de que Rafael Dávila dijera de forma heladora: “Tu, in questa tomba!”. Al tenor le faltó ardor guerrero en el cantabile que prepara “Celeste Aida”, incluso Tebar le pidió más calor, resultando ésta discontinua en lo melódico. Tampoco tuvo intención de acercarse al sol, como dice el último verso del aria, de tanto que lo apianó. Gabriele Viviani fue el más completo de los cantantes masculinos: de expresividad muy matizada, sonido equilibrado y redondo. Tuvo que darse prisa cuando Tebar pegó un tirón en el tempo en el momento más acalorado de su diálogo con Siri en el tercer acto. Fabián Lara estuvo muy bien como mensajero. Alejandro López cantó su papel de rey con un sonido astillado. Zanellato y Federica Alfano cumplieron en sus breves intervenciones. El coro, bien matizado y dentro de la sonoridad del conjunto en las grandes escenas, y el ballet hizo un gran esfuerzo por agradar. Lo consiguió.A diferencia de la representación de 2010, en esta ocasión se pudieron ver los desnudos y los cadáveres momificados que entonces no aparecieron. Con ellos, igual que con otros detalles sanguinolentos, McVicar pretende añadir un plus de visceralidad a la opresión que sufren los más variados pueblos del planeta, representados en el triunfal desfile multiétnico. Eso mismo denunciaba Verdi. Pero precisamente, en lo que destacó esta reposición dirigida por Álex Aguilera fue en la corrección del movimiento y en la equilibrada composición de cuadros colosales. El escenario, abstracto y de sugerentes gamas cromáticas favorecidas por la acertada iluminación de Nick Havell, lo posibilita. Hoy, esas escenas violentas ya no añaden estupor, vergüenza o escándalo. Tampoco lo hace la política europea hacia los refugiados que ella misma genera. La televisión es un potente anestésico. Y sobre todo, si los muertos son lejanos el duelo es menor. Más que lo terrible de la sin razón del beligerante conquistador, lo que trasciende es el agónico ruego de paz que hace Amneris sobre la tumba de Radamès y Aida.

Daniel Martínez Babiloni

Crédito: Tato Baeza
Pie de foto: Amneris descubre a Aida, su rival. Acto I. Palau de les Arts