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27.III.2016 Un ejemplo a seguir

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55 Semana de Música Religiosa de Cuenca. Iglesia de la Asunción. Tarancón. Concierto nº16. 27-III-2016 RAQUEL ANDUEZA Y LA GALANÍA Obras de Sebastián Durón Asistencia: 100%   El concierto de clausura de la 55 edición de la SMR de Cuenca se celebró en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de la ciudad de Tarancón, con el pretexto de celebrar la reciente restauración de su magnífico retablo plateresco (ya con evidentes trazas manieristas) de Pedro de Villadiego, el cual sirvió de telón de fondo, enfatizando enormemente la retórica de la más esplendorosa música de nuestro Barroco. La cita tuvo…

55 Semana de Música Religiosa de Cuenca. Iglesia de la Asunción.
Tarancón. Concierto nº16.

27-III-2016

RAQUEL ANDUEZA Y LA GALANÍA

Obras de Sebastián Durón

Asistencia: 100%

 

El concierto de clausura de la 55 edición de la SMR de Cuenca se celebró en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de la ciudad de Tarancón, con el pretexto de celebrar la reciente restauración de su magnífico retablo plateresco (ya con evidentes trazas manieristas) de Pedro de Villadiego, el cual sirvió de telón de fondo, enfatizando enormemente la retórica de la más esplendorosa música de nuestro Barroco. La cita tuvo dos claros protagonistas: el compositor Sebastián Durón (de quien se cumple este año el tercer centenario de su muerte) y la soprano Raquel Andueza acompañada por el grupo La Galanía. En lo general, podemos asegurar que se trató de una de esas citas memorables que no había que perderse; y lo cierto es que ésta parece ser la tónica general cuando se habla de tales intérpretes. En lo particular, podemos hacer unas cuantas e interesantes matizaciones.

Durón es uno de los compositores más destacados del Barroco español que ejerció su profesión al calor de la Capilla Real en la corte del último de los Austrias, Carlos II. Desde luego, es un músico sorprendente y de gran personalidad, deudor del estilo italiano (y en menor medida del francés y del alemán) pero con las características musicales propias del universo hispano. Su producción es fundamentalmente profana, aunque abundantes son también las composiciones sacras, como las que nutrieron el programa. Cantadas y tonadas al Santísimo de magnífica factura que destacan, por encima de todo, por su colorido y plasticidad. Raúl Angulo Díaz, en unas magníficas notas al programa, habla acertadamente del buen oficio de Durón manejando la “pintura musical”. Nosotros nos decantamos por usar el término madrigalismo para hacer referencia a este recurso consistente en enfatizar con música de manera metafórica los giros y emociones del texto, y que es la clave para entender el verdadero funcionamiento de la música que nos ocupa.

Si Durón es uno de los compositores más destacados de nuestro Barroco, Raquel Andueza y La Galanía son igualmente destacados dentro del panorama actual de la interpretación de este repertorio. En concreto, Andueza es una soprano atípica por dos motivos evidentes: su técnica vocal es totalmente singular, su timbre no se parece a ningún otro porque su impostación es tan natural que parece más propia de estilos musicales ajenos al repertorio “clásico”. Este hecho desconcierta al principio, pero luego seduce de manera irremediable. La otra virtud pasa por tener una capacidad de fraseo, una articulación y una dicción de tal claridad y nitidez, que tampoco son frecuentes. Desgraciadamente, la soprano se encontraba sensiblemente resfriada (circunstancia que ella misma había anunciado las horas previas), con lo que ello supone de perjuicio para la voz. En efecto, pudimos escuchar a una Raquel Andueza sensiblemente afectada en sus cualidades vocales. Quien la conozca, se percibiría de ello: una ligera pérdida general de potencia en todo el registro y de nitidez en los agudos planearon en el ambiente. Sin embargo, hagamos de la azarosa falta una virtud. Lo que queremos poner de manifiesto es algo que debiera servir de ejemplo. Su técnica vocal es tan sólida que, aún mermada, sigue siendo sorprendente.

La soprano durante el concierto. En segundo plano, los hermanos Aranzasti. Crédito: Santiago Torralba.

En fin, Raquel Andueza, resfriada, no deja de ser Raquel Andueza… Pero lo realmente importante es el hecho de que, al margen de la técnica, del color, de la potencia vocal, etc. la música puede (y pudo) seguir funcionando a la perfección por mérito de la musicalidad que apuntábamos antes. Lo que tampoco se perdió en ningún momento fue el desparpajo, la elegancia, la gallardía o el amor que caracterizan el estilo de la soprano, adjetivos tan en sintonía con el repertorio que nos ocupa. Y no es sólo una cuestión musical, sino también teatral y visual; todo al servicio de los afectos. Como debe ser. Así, pudimos a experimentar distintos estados de ánimo, desde la intimidad y delicadeza de la cantada El blando susurro (que daba título al programa), a la violenta pasión en el famoso Ay, que me abraso, o el vertiginoso y muy colorido Cupidillo volante.

En lo que toca a los instrumentistas, hay que destacar su correctísima actitud y entendimiento de su papel durante el concierto. Todo el tiempo pendientes de la soprano, acompañándola, arropándola, enfatizando sus exposiciones (o contrastándolas), etc. De una parte, vimos un continuo que no admite pega ninguna, tal sea el elogio. De otra parte, dos elegantes violines obligados, a manos de los hermanos Aranzasti, que hacían nacer y morir sus frases con gran sutileza. Pero también disfrutaron de su protagonismo en las piezas instrumentales que se intercalaron en el programa para su lucimiento y descanso de la voz. Especial mención para el espectacular Tiento de cuarto tono (obra atribuida a Durón) que nos ofreció Alfonso Sebastián al órgano, o el hipnótico y muy entregado Pasacalle anónimo del s.XVII del que participaron todos los ellos.

Por último, cabría hacer mención de una circunstancia que condicionó interpretación y escucha, que fue comentada por todos, y que mueve a la reflexión: nos referimos a una acústica realmente reverberante que cogió por sorpresa a unos y otros. Nos consta que les costó trabajo a los intérpretes acomodarse a ella, y el público tardó también en asimilar el fenómeno. Ahora bien, permítanos el lector preguntarnos ¿no es éste el lugar natural de la música sacra barroca? ¿No está tal música concebida, precisamente, para ser ejecutada en ambientes de esta índole? Nuestros actuales criterios de escucha nos empujan a seleccionar iglesias con sonoridades más secas a la hora de programar conciertos, o realizar grabaciones discográficas, pero estos son criterios modernos. La música de Durón no gozó en su tiempo del privilegio de la elección. Debiéramos tener un oído menos romántico, y recordar que la funcionalidad ha condicionado (y lo sigue haciendo) el mundo del Arte.

En suma: a pesar de las circunstancias, si un trabajo está bien hecho, se nota. Si hemos elegido más arriba los adjetivos elegante y gallardo, es debido a las buenas maneras de la Raquel Andueza y La Galanía, así como por su desinhibición y valentía. El público supo reconocer lo que supuso un brillante cierre de la 55 edición de la SMR de Cuenca. Todo un ejemplo a seguir.

Raúl Jiménez