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29.IV.2016. De quienes abrieron diversos caminos

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Primavera 2016. Abono 7. #38 Festival Ensems. Palau de la Música. Sala Iturbi 29-IV-2016 NIKOLAJ ZNAIDER, violín. ORQUESTRA DE VALÈNCIA. YARON TRAUB, director. Johannes Brahms: Concierto para violín y orquesta en re mayor, op. 77. Arnold Schoenberg: Pelleas et Melisande, op. 5. Aforo: 1.781 Asistencia: 95% En la larga trayectoria de Ensems solo en contadas ocasiones el Palau de la Música ha sido su sede. Diferentes teatros y museos de la capital valenciana han acogido sus conciertos hasta llegar a la edición anterior, desarrollada casi en su totalidad en el Palau de Les Arts. En esta ocasión, la Sala Rodrigo…

1_VALENCIA_04-29-2016Primavera 2016. Abono 7. #38 Festival Ensems. Palau de la Música. Sala Iturbi

29-IV-2016

NIKOLAJ ZNAIDER, violín. ORQUESTRA DE VALÈNCIA. YARON TRAUB, director.

Johannes Brahms: Concierto para violín y orquesta en re mayor, op. 77.

Arnold Schoenberg: Pelleas et Melisande, op. 5.

Aforo: 1.781 Asistencia: 95%

En la larga trayectoria de Ensems solo en contadas ocasiones el Palau de la Música ha sido su sede. Diferentes teatros y museos de la capital valenciana han acogido sus conciertos hasta llegar a la edición anterior, desarrollada casi en su totalidad en el Palau de Les Arts. En esta ocasión, la Sala Rodrigo del viejo auditorio acoge el grueso de la programación. Una implicación que según manifestaron sus responsables ha sido todo un logro. Por ello, la Orquesta de Valencia, se suma al #38 Ensems con tres conciertos: el que aquí reseñamos y los dos en los que se estrenarán obras de sendos compositores valencianos: Voro García y Joan Cerveró, director del Grup Instrumental de Valencia y antiguo responsable del festival. Los otros dos grandes conjuntos sinfónicos de la Generalitat también participan en el encuentro. La Orquestra de la Comunitat, titular del teatro de ópera, lo hará con el estreno de Café Kafka, con música de Francisco Coll y texto de Meredith Oakes. La Jove Orquestra, dirigida por Manuel Galduf, fue la encargada de inaugurar la presente convocatoria con un homenaje a la fallecida Inmaculada Tomás Vert, Directora del IVM desde su creación. En dicho concierto, ofrecido el 1 de abril, sin mediar presentación oficial de Ensems, jóvenes músicos en periodo de formación estrenaron en versión concierto Noches Blancas de los hermanos Fontcuberta. En esta ópera un empleo muy sutil de la paleta tímbrica de una orquesta bien nutrida ilumina el texto de la novela homónima de Dostoievski. Le acompañó una notable lectura del Gloria de Francis Poulenc con Erika Escribá-Astaburuaga y el Cor de la Generalitat.

Al igual que las funciones de Café Kafka, este concierto de la OV se preveía dentro de la temporada del Palau. Por tanto, ben trovato. Su inclusión apunta a un sentido de la horizontalidad que puede favorecer la aparición de lo más actual en los programas ordinarios, para acercarlo al aficionado y estimular la creación. Esos son los caminos diversos, lema del festival, que a partir de aquí se deberían tomar. Los mismos que iniciaron para la música de museo compositores como Brahms y después Schoenberg, y que hubiera estado bien que se explicaran, si quiera brevemente, antes del concierto. Por cierto, el padre del dodecafonismo no fue el primero en hablar de la progresía estilística del de Hamburgo. Algunos coetáneos suyos ya lo habían hecho en vida del compositor. El vienés admiraba la claridad de sus líneas internas y lo diáfano de sus pasajes camerísticos. Los mismos que llenan tanto el Concierto para violín como Pelleas und Melisande, a pesar de sus grandes dimensiones.

Dicha limpidez no siempre resultó en la lectura de Yaron Traub y la OV. La dinámica de la orquesta no bajó del mezzoforte por lo que Nikolaj Znaider tuvo que forzar su sonido, llegando al desgarro en algún momento. Las maderas no tuvieron cuidado en recoger el piano que les dejó tras la cadencia y solo en el Adagio pudo lucir el solista cómodamente. En el tercer movimiento, Traub aprovechó los álgidos puntos melódicos para cantar a placer. Con un gesto un tanto exagerado consiguió que algunos de los presentes movieran la cabeza en señal de aprobación al reconocerse en su romanticismo. Puntualmente, a Znaider le costó sobrepasar la masa orquestal. Por el contrario, a ésta, le faltó peso en la última aparición del ritornello a tutti. En el bis, “Sarabande” de la Partita nº 2 de Bach, el violinista pudo retomar su terso sonido y dulce expresión.

El director israelí se encuentra a gusto entre el repertorio modernista de grandes dimensiones y hace que el oyente también lo esté. Tal vez, por influencia de las bandas valencianas que en tantas ocasiones han demostrado su fuerza con él. También en Pelleas et Melisand, página que apunta la ruptura de su autor con la tonalidad. ¿Y en lo formal, es una sinfonía o un poema sinfónico? Alban Berg optó por la primera. Traub lo construyó desde el medio fuerte anterior atendiendo a casi todas las entradas con la mirada puesta en la recapitulación y muerte de Melisande (Breit). Allí derrochó calidez y control al repasar los leitmotiven. Pareció aplicar el criterio que Schoenberg elogió en Brahms: su capacidad de mirar al futuro de sus temas o motivos desarrollados bajo el principio de variación progresiva. Por otra parte, teniendo en cuenta que aquí se apunta lo que será la Klangfarbenmelodie hay que decir que hubo destellos tímbricos bonitos. La orquesta sonó grande y compacta, y presentó un puntito óptimo de acidez en las cuerdas y metales agudos. Si hablásemos en términos jazzísticos diríamos que tuvo pegada. Por el contrario, muchas veces, la batuta hizo nadar a las intervenciones solistas, tan straussianas, en un maremágnum sonoro.

Daniel Martínez Babiloni

Crédito: (c) Lars Gundersen
Pie de foto: Nikolaj Znaider