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30.IV.2016. Primavera parsifaliana

Madrid-Parsifal-teatro-real-2016

Madrid. Teatro Real. Temporada de Ópera ANJA KAMPE, FRANZ JOSEF SELIG, CHRISTIAN ELSNER, DETLEF ROTH, EVGENY NIKITIN, ANTE JERKUNICA. CORO Y ORQUESTA TITULARES DEL TEATRO REAL. SEMYON BYCHKOV, DIRECTOR. Richard Wagner: Parsifal Aforo: 1.854 Asistencia: 99% Parsifal ha pasado por el Real venciendo escepticismos y levantando entusiasmos gracias, sin duda, a la evocadora e inteligente producción de Claus Guth, que sustituye a la inicialmente prevista producción salzburguesa de Michael Schulz. Buena decisión. La acción transcurre en una estructura giratoria que recrea una imponente construcción decimonónica de dos plantas con tres espacios de diferentes tamaños -una escalinata exterior, una habitación y el…

Madrid-Parsifal-teatro-real-2016

Escena del Acto II de Parsifal en el Teatro Real (© Javier del Real).

Madrid. Teatro Real. Temporada de Ópera

ANJA KAMPE, FRANZ JOSEF SELIG, CHRISTIAN ELSNER, DETLEF ROTH, EVGENY NIKITIN, ANTE JERKUNICA. CORO Y ORQUESTA TITULARES DEL TEATRO REAL. SEMYON BYCHKOV, DIRECTOR.

Richard Wagner: Parsifal

Aforo: 1.854 Asistencia: 99%

Parsifal ha pasado por el Real venciendo escepticismos y levantando entusiasmos gracias, sin duda, a la evocadora e inteligente producción de Claus Guth, que sustituye a la inicialmente prevista producción salzburguesa de Michael Schulz. Buena decisión.

La acción transcurre en una estructura giratoria que recrea una imponente construcción decimonónica de dos plantas con tres espacios de diferentes tamaños -una escalinata exterior, una habitación y el magno salón del Grial. Los cambios de escena se producen mediante el giro de la estructura hacia la izquierda, durante la primera mitad de la ópera, y en sentido contrario durante la segunda mitad. Los espacios son redecorados de acuerdo con las cambiantes situaciones.

El primer acto cobra una fuerza extraordinaria al presentar el castillo del Grial como un sanatorio para heridos de guerra de los años 20. Los ideales de la Alemania anterior a la Gran Guerra -los wagnerianos incluidos- son contemplados desde esta nueva perspectiva histórica como un sueño roto, ennoblecidos aún por la compasión que anima el cuidado de los enfermos. Titurel, que cobra un inusitado -y acertado- protagonismo en esta producción, aparece como causante de toda esta locura, que sigue alimentando mediante el sacrificio de su hijo, escenificado de forma turbadora en el frente a frente anterior a, y durante, la vampírica escena de la eucaristía.

El segundo acto muestra una trayectoria más confusa. El jardín de Klingsor evoca la alegría y despreocupación de los locos años 20, donde hombres y mujeres de clases acomodadas celebran los placeres de la vida. Todo va más o menos bien hasta la escena del beso, pero durante el largo trecho que media entre este momento y el final del acto, los ya de por sí oscuros vericuetos del libreto pierden todo su sentido. No podía ser de otro modo, dado que la naturaleza eminentemente sexual del conflicto parsifaliano poco tiene que ver con este escenario. El poco sugestivo final de acto -en el que se omite la destrucción del castillo de Klingsor- no ayuda tampoco.

El tercer acto funciona mucho mejor que el segundo, pero aquí el régisseur nos da algunas claves de su incomprensión del texto: 1) No ha entendido que la historia de amor que subyace y desgarra a sus protagonistas en Parsifal no es la de Kundry con el joven montaraz, sino con Amfortas, que es quien quedó mortalmente herido en su encuentro con la hechicera, Parsifal es solo un mediador; 2) confunde a Parsifal con un restaurador de la orden del Grial, cuando lo que ha hecho en realidad es refutar su legado; 3) cree que puede reducir el conflicto de esta obra a las desavenencias (instigadas por papá Titurel) entre los “hermanos” Klingsor y Amfortas, cuando lo único que consigue con ello es reducir el mensaje de esta obra a la estatura de la de un Der Evangelimann de Kienzl. Craso error. Sin embargo, el Acto III funciona gracias a la lograda evocación de una humanidad redimida, a través de las proyecciones del Viernes Santo, así como de la desolación del castillo del Grial. Y, desde luego, la música.

Y la música alcanzó un extraordinario nivel, gracias al rendimiento y esfuerzo de la orquesta titular y a su guía, Semyon Bychkov. El director ruso-americano niveló las duraciones de los tres actos imponiendo cierta agilidad al primero de ellos y dando un mayor espacio al segundo. Obtuvo además de la agrupación unas sonoridades oscuras llenas de misterio, realzadas gracias a unas intervenciones de los metales francamente antológicas, con un dominio absoluto de las dinámicas, desde los compactos forte hasta los casi imperceptibles piano.

La parte vocal cumplió sobradamente con su cometido. La prestación más redonda fue, sin duda, la de Anja Kampe, quien cubre su rol sin esfuerzo, manteniendo en todo momento la belleza y anchura de su poderosa voz sopranil. Selig mantuvo un alto nivel, pero lo hemos visto más rotundo en su Gurnemanz en versión de concierto o en su Marke de temporadas pasadas. Elsner tiene una voz adecuadamente bella, una técnica que le permite manejarla con flexibilidad, e intenciones artísticas adecuadas. Compuso con todo ello un Parsifal de muy grata escucha. Solo podría echarse en falta mayor metal en los puntos culminantes de sus monólogos. Jerkunica hizo un Titurel sensacional gracias a una voz que perforaba literalmente la sala. Entre los barítonos, echamos en falta una mayor ferocidad en Nikitin como Klingsor, y el registro grave en el Amfortas de Detler Roth, pero su actuación fue muy satisfactoria en lo dramático.

Pese a la agotadora velada, no apreciamos bajas significativas en los entreactos entre el público, y sí una cálida acogida por parte de un público no especialmente entrenado en este tipo de maratones. Un hito más en la acertada trayectoria wagneriana del coliseo madrileño, tras el decepcionante Lohengrin de hace unos años.

Rafael Fernández de Larrinoa

Pie de foto: Tres escenas de Parsifal en la producción firmada por Claus Guth.

Crédito fotográfico: Javier del Real